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Pañuelo en un bolsillo, papel picado en el otro. Era lágrima o festejo; acercarse a la gloria o caer sin pausa en la oscuridad. De aquí en más, la cancha de Platense podrá reconocerse como El Campo de Las Penas. Dos equipos y dos hinchadas lloraron al mismo tiempo en una imagen surrealista. No hay una sola sonrisa en un deporte que premia y castiga tras 90 minutos. No hay registros de que haya pasado algo similar en el fútbol argentino. Dos conjuntos con posibilidades de jugar un reducido para ascender a primera, bajaron de categoría el mismo día, en la misma cancha, con el mismo pitazo final. Platense y Racing de Córdoba se midieron en Vicente López; empataron en dos tantos y ambos descendieron. El local jugará en la B Metropolitana y los cordobeses en el Torneo Argentino.
Platense, el experto en salvarse, no pudo hacer nada y por primera vez en su historia jugará en la tercera división del fútbol argentino. La B ya la conoce, es cierto; estuvo allí en 1956, 1964 y de 1972 a 1976, pero en esos tiempos dicha categoría le seguía a la primera, no existía la B Nacional. También se fue al durísimo torneo Argentino el Racing cordobés, que acarició el cielo en el Nacional de 1980, cuando cayó en la final con Central.
Caída estrepitosa, cargada de dolor la de Platense. Después de haber estado 23 años en primera, en 1999 dejó la máxima división al perder con River 2 a 0 en su estadio. Por ese entonces el club era un caos. Los dirigentes no aparecían y los barra bravas se adueñaron literalmente de la institución. Los jugadores estaban solos.
Hasta el final del año último todo siguió igual. Pésimos resultados en la cancha, cero conducción. Un grupo de socios organizaba rifas para darle un premio de 100 pesos al que resultara mejor jugador de su equipo, siempre y cuando ganaran. "Me da vergüenza decirlo, pero la verdad, si no ganaba esta plata no podía venir a entrenarme", llegó a comentar un jugador. El plantel se quedó sin técnico, y el volante Roberto Totó García jugaba y dirigía al mismo tiempo. Se había tocado fondo, al menos eso se pensaba.
Arrancó 2002 con el club gerenciado, la única posibilidad viable para el presidente Raúl Ferrari. Seguramente, el 25 de mayo de 1905, cuando se fundó el club, jamás lo imaginaron. No es momento para discutir si estuvo bien o mal, pero sí es cierto que no había demasiadas alternativas. Como sea, la empresa Sports International SA (maneja el marketing del seleccionado argentino femenino de hockey y de los Pumas) se hizo cargo.
Algo mejoró y el equipo comenzó a ganar; hizo una campaña bárbara, tanto, que si ayer le ganaba a Racing no sólo se habría salvado del descenso, sino que habría ganado su zona e ingresaba en el octogonal para luchar por volver a primera. Los promedios y la desorganización de la AFA le jugaron en contra. No pudo hacer nada, como tantas otras veces, hechos que derivaron en llamarlo El Equipo de los Milagros .
En 1941, Platense zafó de caer a sólo dos fechas del final; en el `68, evitó la debacle en un torneo reclasificatorio; en 1977 le ganó a Lanús por penales en un desempate para determinar un tercer descenso; un año más tarde, Banfield sucumbió ante el embrujo Calamar a dos fechas del epílogo; en el `79, jugó el torneo Permanencia con Chacarita, Atlanta y Gimnasia y se salvó; en el `81, derrotó a Colón en la última fecha y se mantuvo; en la temporada 85/86 sumó los puntos vitales en las dos últimas jornadas; en 1987 el descenso estuvo a un paso: faltaban 20 minutos para que finalizara el match contra River, por la última fecha del torneo; los de Núñez ganaban 2 a 0 y Temperley -el rival directo por el descenso- empataba con Rosario Central. Tres goles de Gambier torcieron el rumbo. En el desempate con los celestes, ganó Platense. Todo quedó lejos ahora; las tardes heroicas, los domingos... Era pañuelo o papel picado. Ambos quedaron mojados por las lágrimas.
Las voces entrecortadas, el ánimo por el piso. Los dos vestuarios fueron una misma imagen. Lágrimas en algunos casos; jugadores que sufrieron el primer revés serio de sus carreras; técnicos con experiencia, pero poco acostumbrados a este tipo de caídas.
"Por desgracia no pudimos ganar para darle una alegría a toda la gente de Córdoba que vino a alentarnos y nos duele mucho irnos así. Podríamos haberlo ganado, pero creo que la clave del partido estuvo en la gran cantidad de goles que desperdiciamos", señaló, dolorido, el delantero paraguayo Arsenio Benítez, que ayer tuvo dos situaciones muy claras sobre el final para darle a Racing, de Córdoba, la felicidad.
"Esto es un bajón, pero hay que resaltar la campaña que hicimos en esta parte del torneo, aunque no alcanzó para nada. Esta situación la heredamos e hicimos todo lo posible para revertirla, pero el fútbol es así, tiene estas cosas. Me voy muy triste", comentó, con la voz entrecortada, el arquero Leonardo Aguirre, que si bien ayer no tuvo una actuación feliz, fue una de las figuras de Platense en la segunda parte de la competencia.
El entrenador de Racing, Pedro Marchetta, tampoco pudo ocultar su tristeza, aunque resaltó la hidalguía de su equipo. "Vamos a dormir tranquilos porque los jugadores dejaron el alma en la cancha. Esto me genera mucha tristeza. Si tenía que haber habido un ganador, ése era Racing. No hay que buscar responsables, ya que todos se brindaron y no pudimos coronarlo por esas cosas del fútbol. Pusimos mucho esfuerzo, pero el diablo metió la cola", comentó.
El técnico de Platense, Carlos Trullet, dijo: "Fue una lástima. En 90 minutos nos jugábamos el cielo o el infierno y nos tocó lo que nadie quería".



