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Si se lo mira con ojos de un director técnico, de los que gustan desmenuzar un partido, el triunfo de Arsenal fue una paliza táctica. Observado desde el enfoque menos analítico de un hincha o de un espectador imparcial, el 4 a 1 tuvo buen juego del equipo de Burruchaga, contundencia, superioridad futbolística y una mejor disposición anímica. Vista en función de la definición del Clausura, la goleada fue un bombazo, dinamitó la punta. A Lanús, el receso por las eliminatorias parece haberlo adormecido. Olvidó sus obligaciones y responsabilidades de puntero. Y su despertar fue de pesadilla: perdió de manera inapelable ante un rival que hacía rato que no sabía lo que era ganar. Arsenal se impuso con una autoridad que no se le conocía en el torneo.
Si bien el resultado llama la atención, a Lanús no se lo podía considerar un líder estable y consistente. No es la primera vez que derrapa fuerte. Fue la quinta derrota, la tercera por goleada, tras las sufridas frente a Huracán y Estudiantes. Encuentros como el de ayer ponen en entredicho muchos de los elogios que habitualmente recibe Lanús. Invitan a reconsiderar las ponderaciones que a veces suenan a una renta vitalicia, sin la correspondiente actualización. Si no consigue ser rápido en las salidas y Sand es tapado en su doble función de pivote y finalizador de las jugadas, Lanús se reduce a lo mínimo, es un conjunto vulgar, al que ni siquiera le queda la solidez defensiva como punto de apoyo.
Lanús no tuvo fútbol ni temple para eludir una derrota que se le hizo inevitable muy pronto. A los 24 minutos ya perdía 3 a 0. El inmediato descuento de Velázquez no torció el rumbo, más allá de que el desarrollo se emparejó durante un rato. Arsenal ganó de principio a fin. Se regaló una victoria que hubiera merecido ser disfrutada por una cantidad de hinchas superior a la que lo acompañó. Fue un éxito a lo grande, postura que nunca insinuó Lanús.
Pocas veces los partidos salen tal como lo piensan los técnicos. Sin embargo, Arsenal puede enorgullecerse porque ejecutó casi a la perfección lo que ideó Burruchaga. El entrenador sorprendió con el planteo. Abandonó la línea de cuatro, uno de sus postulados. Ubicó a tres zagueros y quebró a Lanús en la zona media. Ahí se resolvió el partido. Arsenal no fue un vendaval ofensivo, ya que no le sobra profundidad, pero ejerció el control y el dominio a partir de la correcta distribución de sus hombres. Lanús nunca le encontró la vuelta. Ni con el esquema original (el clásico 4-4-2) ni con las rectificaciones que Zubeldía intentó en el segundo tiempo.
Arsenal jugó con decisión y soltura. Se hizo patrón en el medio campo. Tocó y utilizó el ancho del terreno con dos tándem: por la derecha, Sena y Carrera (muy activos y verticales), y por la izquierda, Yacuzzi y Poggi. En el eje, Pellerano y Marcone (un juvenil de buen porte y criterioso con la pelota) se complementaban en la distribución. Arsenal le hacía el continuo 2-1 a Lanús. Le creaba superioridad numérica a un rival que quedaba descompensado porque Blanco y Valeri no retrocedían; siempre le veían las espaldas a los volantes que iban por sus sectores. Fritzler y González no daban abasto para tapar huecos y adversarios que encaraban con la pelota dominada. La defensa de Lanús estaba lejos de ser una garantía. Tenía problemas para sacar la pelota del área y sus zagueros centrales estaban demasiado lentos para cubrir las espaldas de los laterales, quienes también se veían desbordados.
Arsenal era superior en el juego asociado y también marcó diferencias en las acciones de estrategia, con la pelota detenida. El primer gol llegó tras un córner que "peinó" Matellán y Pellerano, desprendido de la marca de Fritzler, conectó con un cabezazo.
Impotente, Lanús sólo tiraba pelotazos para Sand, bien controlado entre Mosquera y Matellán. Bossio (debió ser expulsado) necesitó cometer un penal para que Matos no coronara una asistencia de Carrera. Lanús estaba aturdido; su reacción se limitaba a los reproches que intercambiaban sus jugadores. Pellerano, despierto y oportuno, aprovechó un despeje corto de Faccioli e hizo el tercer gol.
Zubeldía pretendió equilibrar la lucha en el medio con el ingreso de Ledesma y buscó algo más de agresividad con la entrada de Lagos. Arsenal no perdió la línea y de los pies de sus futbolistas siempre nacieron las mejores maniobras, urdidas con varios toques. Más allá de una situación de Sand (Matellán despejó sobre la línea) y otra de Salvio. Lanús nunca se recompuso con la fuerza e ideas necesarias. Arsenal estaba en su noche. Hasta el recambio le funcionó. Con menos de 10 minutos en el campo, Leguizamón y Benedetto le dieron forma al cuarto gol en el descuento, cuando ya hacía un buen rato que Lanús había dejado de ser el puntero.
12 los partidos sin triunfos que sumaba Arsenal, con cinco empates y siete derrotas.
El defensor, que jugó los últimos 15 minutos, recibió antes una camiseta enmarcada con el N° 400, récord de presencias en el club de Sarandí.
En la popular de Arsenal se colgó una bandera con la inscripción "Fuerza Comparada", el cuestionado presidente de Independiente.
El ex arquero de Boca, que actuó en tres partidos de la reserva, estuvo entre los suplentes. No ataja en primera desde fines de septiembre.



