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El mensaje se presenta frío, incómodo, inquietante. El primer párrafo es certero: "Doha, 13 de marzo de 2005. Por la presente informo oficialmente mi retiro definitivo como futbolista profesional. Agradezco a todos los que me ayudaron...." Es apenas el comienzo. O el final de una historia marcada a fuego con el calor del gol. Se retira Gabriel Omar Batistuta. Se va el apellido del gol, el símbolo de la última etapa de la selección, el hombre que fue el jugador más querido del fútbol argentino después de Diego Maradona. Se va, a los 36 años. Cuelga los botines, se cierran los arcos, al menos, hasta que el luto perdure. Se va Bati, víctima de una molesta lesión en la rodilla derecha, aunque lo hace "porque no sentía más estímulos". Su último desempeño fue un mes atrás, apenas por 45 minutos en Al Arabi, de Qatar.
Se despide el gol. El vestido con los colores celeste y blanco, el que cobijó sueños en Newell´s, el que explotó en Boca, el que brilló en Fiorentina, el que se consagró en Roma. Se va, dice adiós. después de la aventura de Qatar, en un ignoto equipo, en el que se presentó un año y medio atrás, con más placer por los 7.600.000 euros que por la exigencia. Hará el curso de DT a distancia, seguirá cercano al fútbol el que fue llamado alguna vez el Rey León, el hombre surgido de Reconquista, una ciudad de Santa Fe, aunque por los registros oficiales, nació en Avellaneda, una localidad cercana.
El Gringo, el Gordo, el que por su peculiar físico no podía jugar al fútbol, según advertían, se divertía cuando pibe con dobles y triples en el Club Atlético Adelante. Y el día que eligió el fútbol, fue arquero. El tiempo transcurrió y el profesionalismo se lo devoró, aun a su pesar. "Soy un tipo tranquilo, al que le gusta estar con su familia. Prefiero otras cosas. Después del fútbol hay vida. Cuando termino mi trabajo no me gusta el fútbol como le gusta a un loco. Es mi trabajo, nada más", dijo alguna vez. Hasta que un día, se sorprendió con la camiseta de Newell´s. Y allí comenzó otra historia. La verdadera.
Fue -qué va, aún lo es- hombre de selección. El máximo goleador de la historia vestida en celeste y blanco, con 56 festejos. Le faltó una vuelta olímpica mundial, es cierto, pero fue protagonista en los últimos tres Mundiales: Estados Unidos ?94, Francia ?98 y Corea-Japón 2002. Su último grito fue un cabezazo en el éxito por 1 a 0 ante Nigeria. Pero lo mejor, lo que no se olvidará, fueron sus seis goles en la Copa América ?91, en Chile. Para muchos, uno de los mejores equipos de la historia. Dos años después, se consagró en Ecuador, aunque sin el brillo aquél. Sin afecto por Daniel Passarella, amigo de Alfio Basile, siempre quedará en la memoria lo que pudo haber sido. Lo que no fue. "Si no suspendían a Diego, hubiéramos llegado a la final", dijo alguna vez en Estados Unidos.
En Newell´s hizo su presentación, allá por 1988. Fugaz fue su paso a River, motivado por Settimio Aloisio, su representante de siempre, su confidente, su amigo. Criticado, aún con goles, cruzó de vereda: fue a Boca. Y allí triunfó, aún sin títulos. Porque más allá de la final perdida ante Newell´s, su marca quedará indeleble por aquella fantástica pareja que formó con Diego Latorre. Se fue, dejó el fútbol doméstico. Y no volvió.
En Fiorentina fue ídolo, fue emblema, aún en un paso fugaz por la segunda división. Ganó dos títulos menores (la Copa Italia y la Supercopa 95/96), que no acallaron a los incrédulos de siempre que exigían más títulos ante tamaña envergadura. En el equipo violeta, al que volverá, acaso como dirigente, marcó 180 goles en nueve años. Y hasta le construyeron un monumento. En Roma lo hizo: logró el scudetto 2000/2001, el anhelo postergado. En seis meses, Inter no lo disfrutó. Y luego, la historia fue conocida: el dinero de Qatar, las lesiones, su decisión.
Se despiden los goles. Se van. Símbolo, ídolo, referente de una época futbolera identificada con el seleccionado, se va Gabriel Omar Batistuta. El hombre enamorado de Irina, padre de cuatro hijos: Thiago (12 años), Lucas (7), Joaquín (5) y Shamel (1), a los que le dedicará el tiempo perdido. Tiempo que utilizará para jugar al golf, su última pasión, el que será destinado para las hectáreas de campo. Carismático, seductor más allá de las canchas, con humildad y profesionalismo construyó una carrera formidable, que demostró una superación constante, recorrida en los últimos 17 años.
"Apenas soy un buen goleador", aseguró más de una vez el protagonista que se quedó con ansias de probar suerte en Inglaterra, el que se negó a San Lorenzo, el que no pudo cumplir su promesa de despedirse en la Bombonera, el que siempre estuvo al margen de la mediática polémica con Hernán Crespo o la curiosa controversia por el largo de su pelo. El que frenó tempraneras críticas con la esencia del gol.
"Gracias por tanto afecto", reza el último párrafo de tamaña declaración. Lloran los arcos: el gol perdió a uno de sus hijos más queridos...



