

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Tenía apenas 14 años y cara de nene, pero ya demostraba personalidad. Jorge Burruchaga lo había convocado en enero de 2003 para hacer la pretemporada con el plantel de Arsenal, en las sierras de Tandil. Por aquél entonces, utilizaba el corte de pelo mohicano y debía luchar con la ropa de entrenamiento porque todo le quedaba grande. Eran tiempos en que Papu Gómez todavía era “Piojo”, un enganche que sobresalía a puro atrevimiento y gambetas. Hoy, a los 28 años, atraviesa el mejor momento de su carrera en el Calcio. Es capitán de Atalanta y acaba de convertir un gol por sexta vez consecutiva, ayer para el triunfo ante Palermo por 3-1, por la 24° fecha. Si bien siempre tuvo características ofensivas, ahora se acostumbró a ser más eficaz: antes del festejo del domingo (también sumó una asistencia con un muy buen centro para la anotación de Bryan Cristante) había celebrado ante Chievo (dos veces), Sampdoria y Cagliari, también en dos oportunidades.
Puede ubicarse por las bandas, de media punta o como delantero. Pero sería injusto atarlo a una posición por la movilidad y el desparpajo con el que juega.
Tan bien está rindiendo Alejandro Gómez que Giampiero Ventura, entrenador del seleccionado de Italia, fue el segundo en tratar de convencerlo para que juegue para la Azzurra. El Papu había estado en carpeta para el anterior técnico, Antonio Conte, pero todavía no le había salido el pasaporte italiano.
Papu tuvo personalidad desde chico para reconocer que era hincha de Independiente (admiraba del último campeón de 2002 a Federico Insúa y Rolfi Montenegro y también veía videos de Jorge Burruchaga en el Mundial 86), aunque jugó al baby fútbol en Racing. Ya en su infancia, demostraba condiciones hasta para el tenis cuando jugaba con su tío Hugo Villaverde (ex defensor del Rojo), quien lo tenía de hijo porque “ganaba la experiencia”, según reconocía el propio Gómez. Y se rió el día que, preparándose para entrar en un partido de la reserva de Arsenal, en la cancha de Banfield, un hincha le gritó: “Pibe, ¿qué hacés acá vos? ¡Volvé al colegio!”.
Siempre demostró guapeza para encarar y pelear cada pelota hasta el final. Así fue que en 2007 le hizo un gol de palomita a Boca, pese a que medía sólo… 1m64. No sólo desequilibró con sus gambetas, sino que además hizo amonestar a Claudio Morel Rodríguez con un foul que recibió luego de tirarle un exquisito caño en la puerta del área. Detalles de su juego.
También tuvo agallas para enfrentarse con Alberto Fanesi, DT interino de San Lorenzo, cuando en 2009 lo retó delante de todos en el Nuevo Gasómetro, durante el primer tiempo del 0-1 ante Vélez. En una jugada, Fanesi le empezó a gritar a Gómez, quien se había quedado en el piso tras trabar ante Cubero. El volante lo miró mal y le respondió, a lo que el técnico volvió a recriminarle con un ampuloso “¿qué te pasa? ¿qué te pasa?”. Y el ex jugador de Arsenal explotó: “Pará, dejá de vender humo”.
La misma personalidad para tomar la decisión de escaparse de la guerra de Ucrania. Papu jugaba para Metalist. “Cuando me llamaron, pensé: es la elección correcta, Kharkiv es una hermosa ciudad, había otros jugadores argentinos. Pero estalló la guerra civil en Ucrania y lo común fue empezar a ver personas armadas en las calles. Un drama. Un día estaba con mi esposa y mi hijo y quedamos en medio de un violento enfrentamiento entre las dos facciones, la prorrusa y la que está a favor de la Unión Europea. Acá no nos podemos quedar, fue lo primero que nos dijimos”, recordó en octubre pasado quien fue dirigido por Diego Simeone en San Lorenzo y en Catania (Italia) y luego también lo quiso para Atlético de Madrid.
En esos días de esfuerzos en el dique de Tandil, bajo el sol de una pretemporada exigente, decía: “Al margen de lo que suceda con el fútbol, me gustaría estudiar para ser profesor de educación física o periodista deportivo, pero espero tener suerte como jugador”. Hoy, a la distancia y en su mejor momento, el papá de Bautista y Constantino se puede quedar tranquilo: ya tendrá tiempo para pensar en un futuro diferente.

