La noche del Diez: la hora de Riquelme, pasando por Maradona, Tevez y hasta aquel incentivo que le dio Gallardo

Juan Román Riquelme
Juan Román Riquelme
Ezequiel Fernández Moores
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11 de marzo de 2020  • 00:01

La historia comienza con Juan Román Riquelme ("el último 10") tomando mate, claro. Dice por Fox que Marcelo Gallardo (ex "10" de River) es un "genio". Pero que su equipo ni siquiera "compitió" cuando Barcelona lo aplastó 3-0 en la final del Mundial de Clubes de 2005. Tocado, Gallardo devuelve la estocada. "Román -dice el DT de River- tiene tiempo de comer asado y hablar de fútbol. Yo tengo que pensar en los partidos que tengo por delante". Al mes siguiente, diciembre 2019, Román gana las elecciones en Boca. Llevaba tiempo dándose cuenta que, a su modo, tenía que volver a jugar. Ya vicepresidente, provoca a Carlos Tevez ("10" titular). "Creo que en mi barrio y en el de él también, todavía se juega a la pelota. Me gustaría saber si él todavía tiene ganas de jugar a la pelota, porque hace dos años pareciera que las perdió". Tevez también se siente tocado. Lidera la remontada del Boca campeón. Y es el héroe en el partido decisivo ante el equipo de Diego Maradona ("10" eterno).

La del sábado fue la cumbre de los enganches . Como si el fútbol argentino recuperara, jugando o no, su histórica tradición del "10". Un puesto en extinción, porque la pelota moderna los mueve de lugar, los hace correr mucho, les exige más sacrificio que talento y no les concede tiempo para pensar. Ninguno de estos "10" jugaba o juega igual al otro. En rigor, el "enganche" más clásico de los cuatro fue Riquelme. Por eso tanta admiración hasta en Brasil. Esos niños nacidos a partir del año 2000 que llevan su nombre. El informe de enero pasado que descubrió que había doce Riquelmes en la Copa de Fútbol Juvenil de San Pablo, el principal de la categoría en Brasil, con asistencias de hasta 10.000 hinchas, televisión, 127 equipos y 3000 jugadores que buscan seguir los pasos de Neymar, Gabriel Jesús y Roberto Firmino . Muy brasileño, los Riquelmes de la Copa de San Pablo pueden ser Rikelme, Rickelme, Rikelmi, Riquelmy o Riquelmo. Algunos de ellos son hijos de ex jugadores. Admiradores todos del Román del Boca tricampeón de la Libertadores que dio lecciones en el país pentacampeón mundial. En esos años se anotaron 14.037 niños llamados Riquelme en Brasil, como citó un informe reciente del colega Marcus Alves en Bleacher Report. En el país de Pelé. En el país de la selección que se coronó en México 70 con cinco números 10 en el equipo. En el país que, después de Ronaldinho (hoy preso en Paraguay), sigue añorando un gran número 10.

No fue fácil explicar en estos días a colegas del exterior el distanciamiento entre Riquelme y Maradona. Contarles por qué la fiesta del sábado en la Bombonera tuvo a cada ídolo por su lado, rivalidad vieja que nace con la selección, de cuando Román le dijo que no a Diego. Por hastío o vanidad, alguien que impuso límites inéditos a "D10S". El último sábado, Boca, que inició mal el debate y además sufrió burlas de Diego, asumió finalmente el homenaje, consciente también de que esa noche se jugaba algo mayor. La Bombonera ovacionó primero al mito viviente, que agradeció a su modo, empastillado, saltando como puede porque él no es inglés. Y tampoco es gallina. Los homenajes de estos meses a Maradona, que incluyen llantos emocionados, padres e hijos abrazados, pueden ser bienvenida porque Diego volvió a nuestras canchas. Pero también parecen despedida. Canonización dominical. Como sea, son agradecimiento . La noche del sábado terminó en fiesta plena gracias al "10 del pueblo" último ídolo de Boca, que mejoró cuando volvió a ser "9" . "Pinchado" por Riquelme, y favorecido por el nuevo esquema de Miguel Angel Russo , Tevez dejó por fin de ser noticia por su dinero o sus negocios bajo lupa judicial. Volvió Carlitos jugador.

El dueño de la pelota, y de las llaves de la Bombonera, el "10" de la casa, siguió todo desde su palco. No como CEO aferrado al celular, sino como patrón con mate, que ceba contra la presión. El ritmo de la mateada hecho arte. Que confronta con la obligación de responder rápido y elige "emular el ritmo humano del pensamiento". "Tiempo, reposo y cimarrones", como escribió Juan José Becerra. Igual que cuando jugaba, Riquelme, a su ritmo, manda, planifica y ejecuta. Y gana. Ya ordenó que todas las inferiores vuelvan al enganche. Quiere encontrar el "10" del futuro. Y avisa, convencido, que lo del sábado es sólo "el comienzo". Si así sucede, el que lo desafió públicamente a que abandonara la comodidad de sus discursos de asado fue justamente Gallardo.

Para él, Napoleón obligado a rearmarse, son estas últimas líneas. Un gol mal anulado, algún penal no cobrado o un desvío por centímetros habrían modificado todas las crónicas que se han escrito tras la definición del título. "El Muñeco campeón de todo". "Flexible, pero siempre fiel a su idea". Y "Gardel de la estrategia y la motivación". Pero River, por segunda vez en menos de tres meses, volvió a fallar sobre el final. Y Gallardo, igual que contra Flamengo, lejos de la queja posible, mordió rabia, felicitó otra vez al ganador y nos dejó una nueva lección pública de "saber perder" . El filósofo español Andrés de Francisco escribió una vez que "se puede vivir sin belleza, pero no se puede ser feliz sin ella". El fútbol moderno tal vez naturalice no jugar más con enganches. Pero le será difícil ser feliz sin ellos.

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