La obsesión (y el deseo) que tiene Jorge Sampaoli con el fútbol argentino

Crédito: @Atletico
Ariel Ruya
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13 de octubre de 2020  • 12:00

Jorge Sampaoli, tal vez, tiene una obsesión con el fútbol argentino. A los 60 años, nunca dirigió en la primera división, una cuenta pendiente en una carrera con un extenso recorrido en entidades pequeñas y del Interior de nuestro medio y, sobre todo, por América del Sur. Perú, Chile, Ecuador, Brasil. Poderosos, humildes. Se consagró, fracasó. Del otro lado del océano, tuvo una breve experiencia en Sevilla, de donde se escapó para ser el técnico de la selección. La traumática travesía en Rusia 2018 es otra historia. Sampaoli siempre espía, revisa, analiza qué hay en nuestro fútbol. La nómina es amplia: lo seduce el jugador argentino o, más aún: el que pisa fuerte en nuestro medio. Matías Zaracho, la joya de Racing, está a punto de rubricar su futuro en Brasil. Un poco más atrás, corre Sebastián Villa, con serios problemas legales y relegado en Boca.

Fuente: Archivo - Crédito: Diego Lima

El destino es Atlético Mineiro, líder del Brasileirao, con 30 puntos, dos más que el Inter que dirige Eduardo Coudet. En el último encuentro, superó por 3 a 0 a Goias y este miércoles se medirá con Fluminense. A diferencia del equipo que conduce Chacho, que tiene seis argentinos, Mineiro no tenía en el plantel sangre nacional, pero cuenta con Junior Alonso, el zaguero paraguayo que es parte del seleccionado y de paso reciente por Boca. La transferencia fue hace cuatro meses y la rúbrica fue por cuatro años.

No tiene figuras, se inclina por el 4-1-4-1 y prefiere la explosión en los metros finales. Para ello, incorpora a Zaracho, que será transferido por Racing en 6 millones de dólares por la mitad de su pase. El volante de 22 años es una de las mejores apariciones de nuestro medio: hace cuatro años integra el plantel profesional de Racing, en donde se consagró campeón y hasta le permitió dar un salto a la selección.

El jugador se despidió de sus compañeros y le dejaría un porcentaje del dinero que le corresponde al club, para que sigan con las obras en el predio Tita Mattiussi. Casi sellada la situación del volante, ahora Sampaoli vuelve por su prioridad: Villa, de 26 años, denunciado por Daniela Cortés por violencia de género y que no jugará más en Boca hasta que se resuelva el caso en la Justicia. Mineiro, alejado de esta situación, ofreció 7.500.000 dólares por el 50% por ciento del pase del colombiano.

Voraz y vertical, Sampaoli inclina sus ataques por las bandas. Zaracho y, eventualmente, Villa, le brindarán soluciones por los extremos, a pura velocidad. Pero no es la única característica que desea el hombre de Casilda: lo que más le interesa, es que sea una figura reconocible en nuestro medio. Así ocurrió en los últimos años, con pedidos formales o sondeos con diversos valores del mercado doméstico. Defensores, volantes y delanteros: todos de acá a la vuelta.

Es una decisión que comenzó a instrumentar en 2018, en Santos (19 triunfos, 9 empates y 8 derrotas), luego del fracaso en el seleccionado. En Mineiro potenció esa necesidad. Los números 9 resultan una debilidad: tiempo atrás, estaba convencido de recuperar al mejor Lucas Pratto, de 32 años, con diversas molestias físicas en los últimos meses en River y sin la prepotencia goleadora que supo conseguir. Conoce la camiseta y el medio: actuó en Mineiro entre 2015 y 2017 (41 tantos en 104 encuentros) y luego se desempeñó en San Pablo.

Con el transcurrir de las semanas, surgieron otros apellidos. Wnachope Abila, en un permanente sube y baja en Boca, Adolfo Gaich, que cambió San Lorenzo por Rusia y hasta Silvio Romero, que superó diversos conflictos en Independiente. Y, por ahora, se queda en Avellaneda. En general, tiene los ojos inclinados en el último tramo de la cancha. Bajo esa óptica, quiso a Domingo Blanco, volante de Independiente y hasta buscó a Marcelino Moreno, el 10 contracultural de Lanús, que pasó a Atlanta United, de la MLS, a cambio de unos 7 millones de dólares.

Fuente: Archivo

Campeón del campeonato mineiro, Sampaoli encontró en Brasil su lugar en el mundo: lo respetan y hasta lo admiran. "Yo vine a este país a marcar un rumbo en el juego, que es el del ataque. Con los buenos jugadores que hay acá, se puede mostrar una filosofía diferente. Y ganar un título representa un gran orgullo", advirtió. Pudo -quiso- ser el entrenador de Racing, luego de la salida de Coudet. Sin embargo, el dinero que gana en Brasil es imposible de replicar en nuestro medio. Su (imaginario) sillón, al final, fue ocupado por Sebastián Beccacece, su enemigo íntimo luego del traumático Mundial. Se reunió con Diego Milito, ídolo y coordinador general, pero no llegó a un acuerdo: dejó Santos y, a los pocos días, asumió en Mineiro.

Sin embargo, no puede dejar de mirar el fútbol argentino. Es su obsesión. Lo contaba cinco años atrás: "Mi sueño es dirigir a River. Salí de un pueblo chiquito [Casilda] y son sueños de pequeño que no puedo sacar de mi cabeza. Lo mío es bastante especial. Me gusta mucho más un proyecto que me entregue la posibilidad de concretar un sueño de chico. Me gustaría destacarme en mi país". Ya lo habían llamado de San Lorenzo, Newell's y Estudiantes.

Y en el mientras tanto, selecciona valores de nuestro medio y se los lleva a casa. A su casa, hoy, en Brasil.

Por: Ariel Ruya

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