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A fines de los 70, cuando era igual de rubio e impresionaba por actitud y presencia, Enzo Trossero tenía una costumbre: con sus dos dedos pulgares hacia abajo recorría el elástico de su pantalón corto como preparándose para afrontar una cruzada complicada. Lo hacía una y mil veces. Antes de que el árbitro marcase el comienzo del partido o frente a cada tiro libre de esos con olor a gol. Dos décadas después recurre a los mismos gestos para acomodarse los largos cuando, a pedido del fotógrafo de La Nacion se tiene que subir al techo del estadio de la doble visera, que tanto respeto le ha brindado.
Los empleados saludan a los dos y comentan que cuando Gabriel Milito está por comenzar un partido hace un tic similar con su pantaloncito. No sólo por similitudes se unen sus apellidos. El destino se encargó de encadenar sus vidas. A poco tiempo del debut de Gabriel en primera división como lateral izquierdo, Enzo materializaría el sueño de dirigir al club de sus amores. En ese mismo momento comenzaría a transferirle la herencia del caudillo. Le explicaría por qué, más allá de ese paladar negro tan característico, la gente del Rojo idolatra a los que demuestran condición de guerrero y ganador. “La verdad es que capitán se nace. Pienso que hay determinadas cualidades de la persona que no se pueden construir con el tiempo, se tienen o no. Ser caudillo es algo natural de la persona”, explica Trossero.
“¿Vino Enzo? –pregunta Milito–. Qué grande, hace un montón que no lo veo. Que tipo bárbaro es Enzo.” Un abrazo interminable es el origen de una catarata de preguntas cruzadas. Que la familia, que el presente y lo que vendrá, etcétera. “Este es un pibe de oro. Y como futbolista... Es lo más valioso que tiene el club. Gaby, ojo ahora con la escalera que si te rompés vamos todos presos”, es la advertencia protectora de Trossero antes de acceder al techo de la doble visera.
“Independiente es sumamente importante en mi vida. Los mayores éxitos como jugador fueron en este club, en esta cancha. Además de haberlo dirigido durante un año y medio, en 10 años como futbolista obtuve cinco títulos”, dice Trossero, que en 308 partidos en Independiente anotó 55 goles. Sin dudas, un jugador ideal para partidos complicados. Y hay recuerdos que lo pintan de cuerpo entero: en la semifinal del Nacional 78, frente a Talleres, recibió en el primer minuto de juego un planchazo que le provocó una hematoma del tamaño de una pelota de tenis. Muchos hubiesen pedido el cambio, pero Trossero se quedó y fue la figura de la cancha. Cuando su equipo perdía por 1 a 0 logró la igualdad con un tiro libre implacable y luego sería fundamental en el 2 a1 en su favor. “No fue difícil meterme en la piel del hincha –explica Trossero– porque por mi temperamento y personalidad enseguida la gente se identificó con mi carácter. Yo fui un jugador de resoluciones simples y con técnica.”
Hubo tiempo para hablar de todo. De los recuerdos lindos y de los no tanto. Como el de la tarde triste del 25 de marzo del año último, cuando Milito tuvo que retirarse del campo de juego en carrito y llorando por la rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha. Ocho meses y medio duró la recuperación, y otro tanto para ponerse en óptimo nivel. Y en este punto llegó el agradecimiento para Trossero: “Más allá de que Enzo me dio la posibilidad de consolidarme en primera, mi mayor reconocimiento hacia él es que me bancó en el momento de la recuperación. Pese a que no jugaba estaba al lado mío y me daba consejos. Aprendí mucho de él”. En la posta entre capitanes, el legado pasó sin interferencias pese a los años.
“Uno de los aspectos por mejorar. Demostró inteligencia para ubicarse, aunque debe perfeccionar la capacidad para el salto.”
“Tiene el temperamento de un líder. Es muy joven, pero se destaca por su voz de mando. Habla, ordena y acomoda al equipo en los momentos más complicados.”
“Resulta una gran ayuda porque puede salir con prolijidad desde atrás; se complementa bien con los mediocampistas y, cuando se necesita, llega con criterio.”
“Es uno de los defensores que mejor manejan el anticipo; en ese aspecto me hace recordar a mí; tiene una velocidad y una rapidez mental admirable.”
“Uno de los puntos más salientes. Puede jugar corto o largo y siempre sabe cuál es el camino correcto; tiene una gran capacidad visual.”
“Su puesto es el de segundo marcador central, pero puede jugar como líbero. También lo vi como lateral izquierdo y como mediocampista y rindió sin inconvenientes.”
“Es zurdo, pero no se complica con la derecha. El perfil no lo incomoda porque jugó como lateral y eso lo benefició. Incluso, puede alternar como primer o segundo zaguero.”
“Otro de los puntos que debe corregir. Tiene un remate potente, pero le falta algo de puntería dentro del área adversaria. Todavía puede mejorar.”


