La selección argentina navega entre el compromiso mudo de Messi y las dudas de Scaloni

Fuente: AFP - Crédito: Benjamin CREMEL
Juan I. Irigoyen
(0)
23 de marzo de 2019  • 23:59

MADRID.- En el Barcelona no para de ganar títulos, parece una cuestión de gula. Es el jugador que más copas ha levantado en la historia del club (33). Con la Argentina le pasa todo contrario, parece una cuestión de hambre. El máximo goleador de la historia de la celeste y blanca (65), todavía no sabe lo que significa subirse a lo más alto del podio con la mayor, a veces por caprichos del juego, otras de organización. Hay, sin embargo, un lugar común entre las antagónicas realidades de Lionel Messi con la camiseta azulgrana y la celeste y blanca: la necesidad de renovar su compromiso. Con el Barça, por agradecimiento; con Argentina, por amor. Un amor no siempre correspondido.

En 2017 firmó un nuevo vínculo con el Barça hasta 2021 y ya se habla en el Camp Nou de prepararle un nuevo contrato. Con la selección argentina renovó sus votos en esta última convocatoria. Esta vez, tiró de experiencia. Si en 2016 se arrepintió de renunciar a la selección tras perder la final ante Chile para volver meses después, esta vez no dijo ni mu cuando Argentina cayó frente a Francia en Rusia 2018. Un silencio comprendido desde su círculo cercano, cuestionado en la volcánica sociedad argentina.

Scaloni, durante el partido ante Venezuela. El entrenador acepta que la selección dio un paso atrás.
Scaloni, durante el partido ante Venezuela. El entrenador acepta que la selección dio un paso atrás. Fuente: Reuters - Crédito: Juan Medina

En la primera lista de Scaloni en septiembre ni se habló de su posible convocatoria. Desde la AFA se llamó al Nº 10 y se le explicó que no era el momento de exponer a los históricos. "Tenemos que probar cosas nuevas". No había que incordiar al capitán, sobre todo cuando ni siquiera se sabía que iba a pasar con el técnico, entonces interino. En las siguientes listas, octubre y noviembre, desde AFA se volvió a tantear a Messi, siempre más hábil Scaloni que Claudio Tapia para encontrar las palabras públicas acertadas en relación con la posible presencia o no de Messi. Se especuló también con que estaba obligado a volver ante México, ya que estaba en juego la Copa Adidas (su patrocinador). Se quedó en Barcelona.

Messi acumula cuatro subcampeonatos (Venezuela 2007, Brasil 2014, Chile 2015 y Estados Unidos 2016), además de un mundial sub 20 y el oro olímpico de Pekín 2008.

Pero a Messi le tira la selección. Supo, siempre, que tenía esperar el momento oportuno para hacer las pases con la frustración. En febrero, con la inminencia de la fecha FIFA, entendía era coherente volver en la última convocatoria antes de la Copa América, oportunidad para conocer a las caras nuevas. Y, entonces, Messi, que nunca cambió de club y que juega en la selección desde 2004 (Hugo Tocalli "lo fichó" para ganarle de mano a España), era el nuevo del grupo. Fue él, y no Scaloni ni Tapia, quién decidió que era el momento de regresar.

Había llovido mucho desde que Cesc Fábregas se sorprendía de la exagerada timidez del argentino -"estaba siempre callado en un rincón", recuerda el catalán-. Aunque tímido por naturaleza, hoy lo amparan cinco Balones de Oro, cinco Botas de Oro y una colección de títulos y reconocimientos personales. "Un fenómeno Leo, tuvo buena onda con todos. Hasta ayer después del partido nos dijo que estuviésemos tranquilos", cuenta uno de los jugadores de Argentina. "Un líder distinto, más callado, no por eso menos efectivo", suelen argumentar en el Barça.

Darío Benedetto y Paulo Dybala, en la práctica de esta mañana en Madrid.
Darío Benedetto y Paulo Dybala, en la práctica de esta mañana en Madrid. Crédito: @Argentina

Hay quien piensa en el club catalán que en el silencio radica su inteligencia. Jorge Sampaoli le pedía nombres para potenciales socios. Nunca se los quiso dar. En el Barça dicen que Leo debería meterse en los fichajes. Él prefiere no comprometer al director deportivo. Se sorprendió el barcelonismo cuando Messi bancó públicamente a Ernesto Valverde tras la victoria ante el Betis, como hay quien se sorprende en Argentina que no diga nada de Scaloni. Ni de ninguna otra cosa.

Hace tiempo que Messi tiene especial cuidado en abrir la boca, cualquier cosa que diga puede ser utilizada por amigos o enemigos para su propio bien, generalmente nunca en favor de Messi. Un viejo compañero del rosarino en el Barça lo resume de manera contundente: "Si Leo dice que le gusta un jugador o un técnico, la gente dirá que lo puso él. Si afirma lo contrario, van a decir que lo quiere fuera. Se tiene que cuidar de hasta si cuenta en el vestuario que le duele una muela porque al otro día es tapa del Sport (un diario catalán)". Y, sin embargo, las criticas a Leo por su prudencia se corresponden con los ataques a Maradona por su imprudencia. La incontinencia verbal de Diego es tan cuestionada como la continencia de Leo.

Como no podía ser de otra manera, Messi se marchó callado del Wanda Metropolitano. No era un duelo para sacar demasiadas conclusiones, Argentina está de nuevo en fase de construcción. Acompañado por su familia, dejó Madrid en estado de atención, no de alerta. La cara del Nº10 en la mañana de la concentración argentina contrastaba con la del cabizbajo Pity Martínez. Scaloni también se dejó ver junto a su hijo en las zonas comunes del hotel. Parecía preocupado, no desesperado. Charlaba con conocidos, saludaba a cholulos.

Messi volvió cuando él quiso, no cuando los demás querían. Se volvió a Barcelona como llegó: en silencio.
Messi volvió cuando él quiso, no cuando los demás querían. Se volvió a Barcelona como llegó: en silencio. Fuente: Reuters

Navega en un mar de dudas el DT de la selección argentina. Un equipo que parecía haber encontrado un rumbo en los amistosos ante México se perdió frente a Venezuela. "Hay jugadores que tienen que dar un paso adelante", entienden desde el cuerpo técnico. Un análisis que dejó en entrever el técnico argentino en la rueda de prensa al señalar los goles de Venezuela como errores más individuales que conceptuales. Lesionados dos consagrados como Otamendi y Di María, la nueva generación no se anima a romper las puertas de la selección. Lo Celso y Paredes no dominan los partidos, Dybala ni juega. A la espera de resolver la situación de Icardi, mientras Lautaro pide pista con su gol.

El rompecabezas lo tiene que resolver Scaloni, un técnico con siete partidos dirigidos. Pep Guardiola llevó al Barça a la mejor temporada de su historia después de sólo haber entrenado una temporada en Tercera División. Luis Aragonés, en cambio, le dio a España su esperada Eurocopa cuando ya había soplado 70 velas, después de más de 30 años en los bancos de suplentes. "No tengo experiencia, pero si los técnicos de contrastada carrera siguen aprendiendo, como no lo voy a hacer yo", se justifica Scaloni.

Tiene, en cualquier caso, el mismo reto que Passarella, Bielsa, Pekerman, Basile, Batista, Maradona, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli. Que la Argentina levante un título después de 26 años. Los afectan sus dudas, lo ayuda el compromiso de Messi, de nuevo capitán de la selección, otra vez el único ángel en el infierno del predio de Ezeiza.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?