La transición de Racing va a una velocidad bastante lenta

En el 1-1 ante Talleres quedó en evidencia que el equipo todavía no asimila algunos cambios de nombres y el interinato de Úbeda con otro sistema; los cordobeses, en su vuelta a primera tras 12 años, tuvieron a Guiñazú de guía
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28 de agosto de 2016  

Fuente: LA NACION

Cambió Racing. Aunque los intérpretes, en su mayoría, sean los mismos de la temporada anterior, y su alma, la que tapiza el contorno del Cilindro, sea la de siempre, inalterablemente fiel. Hay cambios profundos y se nota. Racing cambió la cabeza: los dirigentes echaron bastante tiempo después de lo que querían a Facundo Sava y ahí anda Claudio Ubeda , un hombre de la casa con la etiqueta de interino pegada en la frente. Pero Racing, sobre todo, cambió el corazón. Ya no está ese emblema llamado Diego Milito . Y en el otro extremo de la estructura tampoco está Sebastián Saja , referente adentro y afuera de la cancha. Y más allá de la partida de Luciano Lollo y de la lesión de Gustavo Bou , al margen en definitiva de los nombres propios, está claro que Racing no disfruta de la transición que le impone la coyuntura. Al contrario, la padece. La venía padeciendo y este 1-1 con Talleres bajo la lluvia no hizo más que certificar las presunciones. Racing todavía está en proceso de reinvención.

Si la derrota por 1-0 con Lanús por la Copa del Bicentenario había sido la excusa para terminar con el ciclo de Sava, el triunfo por 2-1 sobre Olimpo, por la Copa Argentina, ya con Úbeda al mando, dejó a favor solamente el resultado. La queja de Diego González por no ser tenido en cuenta como titular y la bronca de Lisandro López por haber sido reemplazado más temprano que tarde ante el conjunto de Bahía Blanca habían condimentado con incertidumbres la previa del primer acto del campeonato. Y Úbeda, parado en el medio de la tormenta de Santa Rosa, por momentos pareció aferrarse a las máximas de Sun Tzu, el legendario estratega militar chino, pero las cuentas dieron a medias. Y el equipo quedó en deuda.

"Cuando se está cerca, se debe parecer lejos; cuando se está lejos, se debe parecer cerca". Pero el arte del engaño lo empuñó Sebastián Palacios a pura velocidad. Y con la ayuda de la tormenta y de Agustín Orion le agregó un baldazo de agua helada a un estadio empapado y ansioso a la vez. El eléctrico asedio del inicio sobre el arco visitante de golpe se evaporó.

Doce años atrás, por el Clausura 2004, Racing le ganaba a Talleres por 3-1 con goles de Mirosevic, Lisandro López y Mariano González. Eran los tiempos de la debacle de T, que se fue ese año a peregrinar por el fútbol de ascenso. Ahora, con un invicto de 39 partidos (21 de la B Nacional más 18 del Federal A), el conjunto del Grupo Pachuca pegaba la vuelta a Primera. "No vamos a ir a salvar un punto, vamos a ir a buscar los tres", había señalado su entrenador, Frank Kudelka. Y alumbrado por la ubicuidad de Pablo Guiñazú para construir juego en el medio, Talleres fue más prolijo que Racing.

"Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para tí; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para tí". A eso se aferró entonces Marcos Acuña en la segunda etapa. Jugó por él y por varios más, e influyó por lo que no influyó Oscar Romero . Y abrió surcos por afuera. Y despachó centros. Y con un tiro libre común y corriente estampó el 1-1, que se pareció a un bálsamo extraordinario. Incluso, así como pudo perder, merodeó el triunfo Racing, pero esta vez Licha López no convirtió como doce años atrás: definió por arriba del travesaño. Lautaro Martínez también se quedó con las ganas. Y Racing, todo Racing, con la certeza de que sigue vigente su proceso de reinvención.

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