La voz alta de Dibu Martínez, ¿un grito para despertar un vestuario desenfocado?
Las sorpresivas frases de uno de los líderes de Scaloni hicieron ruido luego del amistoso con Mauritania y con el Mundial a la vuelta de la esquina
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Quizás el gol de Jordan Lefort haya sido el más importante para la selección en la antesala del Mundial. ¿Que lo hizo Mauritania? ¿Que fue en el minuto 94? ¿Que apenas sirvió para decorar el resultado de un amistoso que parecía irrelevante? Sin ese descuento que vulneró el arco de Emiliano Martínez, difícilmente Dibu hubiera explotado como lo hizo luego tras el partido, con declaraciones que salieron de las tripas para que haya continuidad dentro del grupo, en un vestuario, en la práctica de hoy o mañana, antes que como análisis para los hinchas.
Dibu es uno de los referentes más competitivos de la Argentina. Se sabe que no le gusta ceder el arco ni siquiera en las prácticas, que además persigue un récord de vallas invictas que hoy es de Chiquito Romero (47 en 96 partidos), pero sus marcas son admirables no solo por haber aportado atajadas decisivas en el Mundial y las Copas Américas, sino porque de los 59 encuentros que estuvo en la selección, en 41 no le hicieron goles. En la noche del viernes, vio peligrar esa condición mucho antes de que lo haga realidad Lefort. Tuvo tres atajadas muy buenas, una de ellas para evitar un contraataque de 5 vs. 2 en favor de Mauritania y luego de una pérdida inocente del mediocampo argentino. Esas destrezas, seguidas de una gran personalidad, generan el combo para que sus propios compañeros, Scaloni y los simpatizantes tengan esa “sensación de seguridad” que él derrama.
Pero ese gol de Lefort detonó frases de Dibu, uno de los capitanes de la Scaloneta (por más que no lleve la cinta): “Bastante flojo, la verdad. Fue uno de los partidos que peor jugamos, aunque sea un amistoso. Faltó mucha intensidad, faltó juego, faltó velocidad. Es algo que hay que analizar y cuando nos ponemos la camiseta de la selección hacerlo mucho mejor. Trato de aparecer cuando me toca, pero nos llegaron demasiado. Se ganó, tampoco al rival lo conocíamos mucho y ellos se jugaron la vida. Hay que tener un poco más de corazón”. Y cuando le preguntaron por la Finalissima cancelada ante España, agregó: “Menos mal (que se canceló)… Si jugábamos así, perdíamos”.
Sobre el pobre nivel de los amistosos que organiza la AFA de Claudio Tapia, aclaró: “Antes del Mundial pasado nos habíamos medido con Italia y vimos que podíamos, ahora no sabemos si tenemos un nivel top 10 del mundo para competir. Pero partidos como el de hoy nos sirve para saber que nos falta un poco más de sangre”. Nunca se había escuchado algo así en el ciclo de Scaloni. Y no se los veía cómodos ni conformes a los futbolistas con esta llave armada de apuro pero tampoco con las anteriores, organizadas con tiempo. Sin embargo, sólo pocas voces de peso se alzan.
Martínez buscó apuntar a los corazones de Scaloni y sus compañeros. Dibu juega sus propios partidos pero, sobre todo, fue siempre una de esas columnas que aspiraban a más desde lo colectivo. El hambre de gloria, el espíritu competitivo, jugar con el mismo temple si el adversario era Alemania o Mauritania no sólo estaban en su gen sino también en la mayoría de los actuales integrantes de la mejor selección argentina de la historia, que dio la vuelta olímpica en Qatar, festejó en dos Copas América y también se dio un gustazo con la Finalissima ganada a Italia. No sólo fueron logros, sino también las formas, la mayoría de las veces jugando muy bien y desplegando un nivel de alto vuelo. A este Mundial irán casi los mismos que a Qatar. Eso es un plus, pero no se trata de la única tecla a tocar.
Scaloni también fue autocrítico con el análisis del juego ante Mauritania: “Hoy el equipo no estuvo bien. Hay que decirlo y corregir. Preocupación, en sí, no tengo. Hay cosas para corregir, como siempre, y es mejor que pasen ahora”. El gol de Lefort quizás activó diálogos que, puertas para adentro, no se hubieran producido si el partido finalizaba 2-0.
Hay atenuantes, claro, para analizar el rendimiento argentino ante Mauritania sin volverse locos: como dijo el propio Dibu, hacía tiempo que no se juntaban a jugar, se probaron nombres nuevos y otros no tanto, se hicieron muchas modificaciones, el grupo venía de perder por una grave lesión a Joaquín Panichelli y, con el Mundial a la vuelta de la esquina, nadie quiere quedarse afuera por un contratiempo físico. Las mentes también juegan, por más que la lesión del 9 de Racing de Estrasburgo fue en una práctica y que también podía haberle sucedido ante España en Qatar, Madrid, Londres o Buenos Aires.
En el partido ante Mauritania se vieron algunos futbolistas “desenfocados” más allá de los errores puntuales: Marcos Senesi hizo un pase hacia adentro increíble y corrió por la cornisa de la expulsión; Cuti Romero jugó alguna pelota con exceso de suficiencia; Thiago Almada corrió para todos lados pero sin mucho sentido de la ubicación; Leo Messi no pareció enchufado; Rodrigo De Paul entró y pareció dar ventajas físicas, no fluyó con la intensidad característica suya (era una de las dudas que tenía Scaloni cuando se enteró de que dejaría Atlético de Madrid para irse a Inter Miami); Franco Mastantuono y Exequiel Palacios –demasiado pendiente de buscar al 10 con los pases- no aprovecharon sus chances. Las contracaras fueron Nico Paz (intentó jugar –y jugó- como lo hace en Como); José Manuel López, presionando a defensores y el arquero rival no bien ingresó, desmarcándose; los laterales Agustín Giay y Gabriel Rojas, que no buscaron hacer nada diferente a lo que los llevó a vestirse de celeste y blanco.
Pero hay otras señales de alertas (o desenfoques) a los que pudieron llegar los gritos de Dibu Martínez. Para el lado de la dirigencia, que nunca se haya aclarado con precisión por qué no se jugó con España y minimizar la jerarquía de los oponentes en los amistosos. Desde la ventana del cuerpo técnico, no estar nunca convencidos de jugar con España en la antesala del Mundial (a veces los temores se pueden transmitir, sin intención, hacia el vestuario), la declaración de Enzo Fernández no bien finalizó el partido, quejándose por el campo de juego de la Bombonera (una de las mayores virtudes de la presidencia de Riquelme es haber solucionado con el césped un problema de años). Las versiones que se instalaron sobre que Di María esperaba un llamado de Scaloni para jugar el Mundial. ¿La (no) confirmación oficial de que Messi estará en Estados Unidos?
Scaloni es un cultor de la exigencia. No sólo lo dice, sino que es el primero en predicarla. Tener recaudos de medirse ante España (y por otro título) pudo haberle quitado –inconscientemente- el enfoque a él mismo y a los futbolistas. El DT puede no estar exento de los mensajes de Dibu. Hasta ahora, el grupo le respondió tan bien a Scaloni que armó una selección de época. Sin embargo, en la recta final hacia otro Mundial, hay distracciones que se pueden pagar caro, y más en una selección campeona, porque todos los rivales ofrecerán una resistencia mayor. No resultan auspiciosos estos desenfoques en un plantel que tendrá un desafío mayúsculo: como bien dijo el propio entrenador en una publicidad… “Esta vez no vamos a ir a ganar la Copa, esta vez vamos a ir a defenderla”.
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