

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Es para lamentar que Gimnasia no haya curado su tendencia al grotesco. Hace un año, la imagen deportiva e institucional del club platense salía seriamente dañada. La permisividad de la dirigencia había apañado las amenazas de la barra brava al plantel para que se dejara ganar ante Boca, con la intención de perjudicar a Estudiantes. Un tiempo antes había ocurrido la bochornosa invasión del presidente Juan José Muñoz al vestuario del árbitro Daniel Giménez, durante el entretiempo del partido con Boca que fue suspendido.
Gimnasia vivió semanas de paranoia y descontrol. El habitualmente exaltado Muñoz salió de la escena con un pedido de licencia para que el club empezara a recobrar cierta calma. Sin embargo, el episodio que anteayer protagonizó Luciano Leguizamón demuestra que Gimnasia aún no aprendió lo suficiente de sus errores.
Seguramente, el delantero nunca imaginó las consecuencias que podía traerle el intercambio de camisetas que hizo con Juan Sebastián Verón durante el entretiempo. Actuó de buena fe, sin ánimo provocador, guiado por la admiración hacia uno de los jugadores más importantes del torneo argentino. Un distorsionado sentimiento por el equipo llevó a buena parte de la hinchada del Lobo a pedirle a Falcioni que reemplazara a Leguizamón. Haya sido por razones futbolísticas o para no desoír la exigencia de los hinchas, al rato Falcioni sustituyó al atacante.
La derrota con Estudiantes (la tercera consecutiva) empezaba a necesitar chivos expiatorios y Leguizamón era una presa fácil. El caso también expone la lectura opuesta que se hizo en cada hinchada. En Estudiantes no hubo ningún reproche para Verón. Nadie puso en duda su entrega o su pertenencia al club. Un sólido y añejo vínculo lo pone a salvo de una situación que no debería levantar ampollas en ningún simpatizante medianamente racional. Pero como la relación de Leguizamón con Gimnasia es más endeble y es observado como un ave de paso, los hinchas quisieron demostrarle que eso estaba prohibido en su morboso manual de conductas.
Los dirigentes de Gimnasia, supuestamente más fríos y analíticos, podrían haber enviado un mensaje más ejemplar, pero contribuyeron al absurdo al calificar de "falta grave" lo hecho por Leguizamón y a dejar en el aire alguna represalia que aún se desconoce qué forma tendrá.
Llevado por la corriente, Leguizamón pidió públicamente unas "disculpas" que deberían ser innecesarias. En la pervertida cultura de algunos hinchas y dirigentes, Leguizamón no pasó la prueba de la fidelidad. Siendo así, más vale buscarse el cariño por otros lugares.


