

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Leonardo Ponzio nació en Las Rosas, localidad santafecina de unos 17.000 habitantes, hace 35 años. Hijo de una familia muy vinculada con el campo, cada vez que los compromisos se lo permiten viaja hacia allí para estar cerca de muchos afectos y desenchufarse del estresante mundo del fútbol. Va al campo, donde come asados, observa los trabajos y se viste con botas, bombachas y boina de gaucho; en fin, se vuelve un baqueano más, ajeno a las presiones de jugar en River. De esa relación umbilical con el campo nació, también, la particular cercanía de Ponzio con el polo, un deporte que lo subyugó. "Siempre me gustaron los caballos y miraba mucho por televisión los partidos, sobre todo los de Ellerstina", explica.
-¿Qué máste gusta del polo?
-Que vaya una persona arriba y parezca parte del animal, con una destreza admirable y esa velocidad, me impacta mucho. Hay que tener mucha capacidad y cordura para estar sobre un caballo a 60 km/h. Me gusta el deporte porque está relacionado con el campo. Lo pongo segundo, detrás del fútbol.
-¿Y qué te dicen tus compañeros cuando querés mirar algún partido en las concentraciones?
-Me gané algunos silbidos [ríe], pero me gusta mirarlos por televisión o ir. Siempre que puedo me acerco con la familia, y en el Abierto de Palermo paso a saludar. El ambiente es muy familiar. Y Argentina está entre los mejores del mundo.
-¿Entendés el reglamento?
-Trato de ponerme al lado de uno que sepa porque el polo tiene reglas que hay que conocer muy bien. Hay que jugarlo en equipo. El polo tiene muchos valores que en el fútbol no existen porque se va un poco de la raya. Hay más respeto al otro, no se busca sacar ventaja de cualquier cosa. Es un deporte con muchas reglas que se cumplen y es muy lindo ver a los caballos en acción.
-¿Cuándo fue la primera vez que te acercaste al mundo del polo?
-Fue en 2012, cuando volví a jugar en River, por Santiago Hirsig, que tenía mucha relación con Matías Almeyda y conocía a gente del polo. Un día me comentó que tenía amistad con los Pieres y le dije: "Cuando vayas, avisame". Y organizó un asado. Ésa fue la primera vez. Después, anduve con los caballos.
-¿Hay prejuicios sobre el polo?
-Es muy tranquilo. Algunos consideran que es gente de otra clase social, pero es muy abierta. Conocí a Facundo [Pieres]. Su humildad y su sencillez me llaman la atención. Él y Adolfo [Cambiaso] son los mejores. Lo que está claro es que no es un deporte muy barato.
-¿Te gustaría jugar alguna vez?
-El día en que me retire del fútbol me encantaría armar algo a mi manera, darme el gusto, divertirme, y que quedara en eso. Se puede jugar hasta la edad en que dé el cuerpo. Sumarse a un equipo como Ellerstina es imposible. Es como jugar en Real Madrid o en River. Los polistas argentinos son los mejores. Y, por lo que me comentan, jugar en la cancha 1 de Palermo es como jugar la final por la Libertadores.
-¿Has taqueado a caballo?
-Soy de andar a caballo en las vacaciones y una vez me dijeron "vamos a taquear", y le pegué. El día de mañana, cuando ya no juegue al fútbol, espero seguir haciéndolo.
-¿Tenés una familia de campo?
-Sí, tenemos uno. Mi viejo y mi vieja vienen del campo. Conozco todo y me gusta ver cuando siembran, fumigan, cosechan. Lo parí de chico y me gusta mucho.
-Como el folklore.
-Sí, mucho. Pero también la música country americana, el rock nacional, algo de cumbia.


