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FORT LAUDERDALE, Estados Unidos.– Cuatro hombres con trajes negros, lentes oscuros y corbatas rojas ingresaron en el hotel Hilton cerca del mediodía. Llamaron la atención por su entrada en escena. No sonreían y tardaron algunos minutos en decir las primeras palabras. Tenían aspecto de ser integrantes del FBI, pero resultaron ser los dirigentes de Cienciano, que se acercaron al búnker xeneize para tomar una resolución definitiva sobre el día y el horario en que se iba a jugar la final.
Luego de un cónclave que duró dos horas y media, acordaron que el choque entre Boca (campeón de la Copa Libertadores 2003) y Cienciano (ganador de la Copa Sudamericana 2003) por la Recopa se jugará hoy, a las 20.30 (21.30 de la Argentina), en el estadio Lockhart. Pero ése fue sólo el final de una historia que merece ser contada y que tuvo a varios protagonistas: dirigentes, jugadores, la TV, la Confederación Sudamericana, el responsable del estadio y la organización del encuentro.
Los jugadores de Boca, cansados de estar sin luz y sin aire acondicionado en el hotel se fastidiaron a medida que transcurrieron las horas. Es más, luego del entrenamiento matutino, algunos –Schiavi, Traverso y Cagna– le pidieron permiso al cuerpo técnico y salieron a dar una vuelta, al mismo tiempo que se cruzaron en el lobby con algunos de sus compañeros –Pablo Alvarez, Neri Cardozo y Matías Donnet– que terminaban la práctica. Muchos afirmaron por lo bajo que pretendían volverse, incluso sin jugar la Recopa Sudamericana. “Estamos podridos. Hace casi una semana que estamos acá y todavía no sabemos cuándo vamos a jugar”, confesó un jugador xeneize.
Cienciano, mientras, no conseguía lugar de entrenamiento (ayer fue feriado en los Estados Unidos por ser el Día del Trabajador), y sólo por la tarde practicó en Oakland Park.
De la reunión en la que se definió todo participó hasta Miguel Angel Brindisi, DT de Boca, que reforzó la postura de jugar hoy para estar en Buenos Aires el jueves por la mañana. Los jugadores ingresaron en el comedor para almorzar, salieron luego de una hora y la reunión seguía ahí, tensa, interminable.
Carlos Squeo, ayudante de campo de Brindisi, pasó por la puerta del salón y bromeó: “¿Y? ¿Qué será? ¿Varón o mujer?”, comparando el enigma con el de un nacimiento.
En este caso no se trató de una disputa entre los clubes –Boca y Cienciano estaban de acuerdo en todo–, sino de Eduardo Ostrogovich, representante de la organización, y Mikael Rodas, responsable del estadio Lockhart, escenario del partido, que tiene capacidad para 19.000 espectadores.
En un momento, salió Alex Cornejo, vicepresidente de Cienciano, que confirmó que “el problema estaba con el estadio, cuestión de luz, accesos y seguridad”. Anoche, Ostrogovich sostuvo: “Pensábamos jugar a estadio lleno, pero luego del huracán Frances, esperamos entre 5000 y 10.000 personas. Estuvimos quitando los árboles caídos y sacando el agua que se había acumulado en los vestuarios. También probamos la iluminación y está OK. Sólo falta arreglar la cantidad de policías”.
“Quieren jugar a estadio lleno, pero está claro que con lo que pasó la cancha no se va a llenar ni hoy, ni mañana, ni pasado”, cuestionó un directivo xeneize.
Boca vivió varios contratiempos desde que llegó a esta ciudad, pero finalmente llegó en día ansiado, parece, en el que sólo deberá preocuparse por jugar al fútbol. Después de muchas idas y venidas, la Recopa está al alcance de sus manos...
