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El mensaje fue claro: Los Borrachos del Tablón se la bancan y no se esconden . Lejos de preocuparse por las posibles consecuencias, tanto policiales como judiciales que podrían tener que enfrentar si se llegase a probar su participación en los incidentes de la semana pasada, en los que quince vehículos de los jugadores, el cuerpo técnico y los dirigentes de River aparecieron con las gomas de sus automóviles tajeadas, ayer los barras se mostraron unidos y desafiantes.
Llegaron todos juntos, cantando. Y de entrada mostraron la diferencia entre el hincha común y aquellos con privilegios. La línea de policías que custodia los molinetes de ingreso en la cancha, que tiene la función de revisar a los simpatizantes que entran el estadio, les abrió el camino, y ellos , en un ritual que se repite partido tras partido, accedieron sin ser revisados. No sólo no fueron cacheados, sino que pasaron con tres bolsos grandes, que tampoco fueron controlados.
Al ritmo de algunos bombos y redoblantes subieron los tres pisos que llevan a la tribuna Almirante Brown alta y ahí esperaron el comienzo del partido, para el que faltaban poco más de 30 minutos. En el calentamiento -los barras, antes de pisar la tribuna, ensayan canciones-, al compás de los bombos, la masa riverplatense saltó, bailó e hizo flamear sus banderas, mientras algunos se pasaron cigarrillos de marihuana y otros inmortalizaron el gran momento con las cámaras fotográficas de sus teléfonos celulares.
Tras las especulaciones sobre si Los Borrachos de Tablón se presentarían en lo que fue la victoria por 2 a 0 sobre Argentinos Juniors, la cuestión quedó dilucidada. No sólo fueron todos, sino que de entrada quisieron hacer ver que ellos son tan o más importantes que los jugadores.
Unos 150 barrabravas irrumpieron al mismo tiempo que el equipo - generalmente entran 5 o 10 minutos después de comenzado el encuentro- y en vez de alentar a los jugadores la tribuna celebró el ingresó de los barras con un clásico del repertorio: "Llegan Los Borrachos del Tablón... llegó la hinchada, esta hinchada que grita y alienta sin parar, vamos River, vamos a ganar...". No sólo eso: hubo algunos pocos que se animaron a silbar al equipo.
Entraron por el acceso V, ubicado en uno de los extremos, y el resto de los simpatizantes les formó un pasarela para que se trasladaran hasta llegar a su lugar de privilegio en el centro. Allí se ubicaron jerárquicamente. Una primera línea con los capos, doce personas, y debajo de ellos un grupo de quince, aproximadamente, que se encargó de que el resto siguiera las melodías que decidía la cúpula. Además de éstos, en la salida de cada boca de acceso un conjunto de barras arengaba a los hinchas de su sector. No hay nada librado al azar y nadie decide por sobre ellos . Se canta a su voluntad.
Desde el primer minuto de juego el aliento parecía más una amenaza. No sólo los jugadores fueron sus victimas con el popular pongan huevo y dejense de j... , sino también los periodistas y a la policía. "Periodista vigilante, andá a sacarle fotos a la c... de tu madre" , fue una de las dedicatorias para los fotógrafos que apuntaban a la tribuna.
Otro hecho significativo fue lo que pasó con las banderas. En todos los partidos, antes del comienzo, en el borde de la popular que ocupan los barras se despliega una insignia que dice: Los Borrachos del Tablón . Ayer no apareció hasta que ellos aparecieron.
Una vez más los violentos desafiaron a todos y actuaron como siempre, mostrando que ellos están para quedarse.



