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NARAHA-HIRONO, Japón.- Claudio Vivas es un agradecido de Marcelo Bielsa, aunque fue el ahora técnico del seleccionado, en las inferiores de Newell´s, el que se acercó, le dijo que lo suyo no era el fútbol y le comunicó que el club rosarino lo dejaba libre. Vivas era arquero y estaba en la cuarta división leprosa . Bielsa no era su técnico, pero como ninguno se animaba a decírselo porque era el hijo de don José, el virtual fundador de la escuela de fútbol infantil de Newell´s y dirigente de la entidad rojinegra, el Loco asumió aquella incómoda comunicación. Pese a la desilusión por la noticia, Vivas jerarquizó aquella frontalidad. El sabía que, petiso y sin buena técnica, su sueño de futbolista en algún momento iba a terminar. Y sucedió en 1986. Sin imaginarlo, el hombre que le recortó aquella ilusión, 16 años más tarde lo llevaría a un Mundial.
Detrás de Bielsa hay un universo paralelo de obsesiones. Todas con nombre y apellido. Son los laderos del técnico de la Argentina, sus hombres de confianza. En quienes se apoya, aún sin dejarse tentar por la cercanía del tuteo porque siempre los trata de usted. Son Claudio Vivas, ayudante de campo; el profesor Luis María Bonini, preparador físico, y Javier Torrente, su otro estrecho colaborador. Ellos responden a cuatro conductas básicas para integrar el cerrado círculo de Bielsa: calidad humana, inmensa capacidad para seguirle el ritmo de trabajo, carácter tolerante y fobia a la popularidad.
Después del secundario, Vivas se recibió de profesor de educación física. Más tarde hizo dos veces el curso de director técnico en Rosario. A los 22 años ya se había recibido de DT, con alguna colaboración bajo cuerda porque hasta los 30 no permitían inscripciones. El sabía que debía realizar un doble esfuerzo respecto de aquellos que habían jugado en primera división. También completó el primer año de medicina, pero el fútbol pudo más. Bernardo Griffa le dio la oportunidad de trabajar en las inferiores de Newell´s y hasta colaboró en la última época de Bielsa en el club del Parque de la Independencia. En 1994, tras una ruptura con sus ayudantes Vignale y Lambertucci, Bielsa lo llamó y Vivas se fue a vivir con su señora Jorgelina y el pequeño Franco a Guadalajara, donde el DT conducía a Atlas.
Sin la chapa de quienes lo precedieron en el puesto, como Poncini, Pachamé, el Panadero Díaz, Sabella o el Tolo Gallego, Vivas es un admirador de Bielsa que, a los 33 años, profesa la misma línea de fanatismo que su maestro. Alguna vez confesó que si debía elegir entre llevar a su hijo a la plaza o ver un partido, se quedaba frente al televisor. Anhela algún día dirigir solo, pero aún no se ha propuesto cuándo será ese momento.
Javier Torrente también se encolumnó detrás de Bielsa en México, en enero de 1997, cuando el técnico necesitaba un preparador físico. Lucho, de 32 años, casado con Vanina y padre de dos hijos, Ignacio, de dos años, y Santiago, de sólo cinco meses, también se desempeñó como secretario técnico, espía -alguna anécdota de la etapa de Espanyol, de Barcelona, hasta lo describe pelado y disfrazado para pasar inadvertido- y hoy es el principal responsable de montar toda la logística táctica de conos, cintas y estacas en cada práctica.
El profesor Bonini es el más conocido por su amplia trayectoria. Y, además de preparador físico, en este plantel asume otro puesto clave: es el nexo con los jugadores, la persona con más llegada al grupo. Comenzó a trabajar en la década del 70 como entrenador de basquetbol en el equipo de Ateneo de la Juventud, hasta que su estricto sistema de trabajo llegó a oídos de León Najnudel y él se lo llevó a Ferro. Bonini, amante del fútbol, en Caballito se contactó con Carlos Griguol y, entre 1982 y 1984, ambos condujeron la época de gloria de Ferro. Autor intelectual de una frase que se volvió célebre en el ambiente ("un especialista puro es un idiota perfecto"), también en México y en Atlas se incorporó Bonini a la vida profesional de Bielsa. Y sólo se separaron cuando el DT dirigió a Vélez. Cálido, bromista pero estricto, a los 53 años está, como todos los integrantes del cuerpo técnico, frente a su primer Mundial. Una esperanza que los tres decidieron sostener en la disciplina del trabajo. Y a la sombra del protagonismo.


