Los mejores del año: "Carlitos Tevez, el héroe que hizo feliz a un país", por Mario Pergolini

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Uno de los grandes ídolos en la historia de Boca regresó a su cuna futbolística tras haber triunfado en varios clubes europeos y, a fuerza de talento deportivo y carisma, cautivó a todo un país
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28 de diciembre de 2015  • 00:01

Los héroes que nos generan empatía son casi perfectos. Batman es inteligente, bien educado, rico, y si me apuran diría que es lindo. Superman es extraterrestre, generoso, fuerte, tímido pero seguro y con un envidiable bajo perfil cuando es Clark Kent. El Hombre Araña es una mezcla de joven justiciero, buen sobrino, (a pesar de lo que le hizo a su tío) y un tierno enamorado de su eterna vecina. Que decir de los créditos locales. Paturuzú es un justo defensor de su tierra y Súper Hijitus, el hijo que todos quisieran tener.

Tevez no tenía nada para ser un superhéroe.

Su historia lo hace sobreviviente de muchas batallas. Fuerte Apache, sin ganas de estigmatizar, no es exactamente un lugar donde vivir sea fácil, y mucho menos crecer. Aun con capacidades y habilidades propias, el entorno no deja crecer a un niño en todo su potencial; hay otras urgencias que le ganan al esfuerzo que hay que hacer para destacarse, incluso, en el fútbol de potrero. Los hermanos de Tevez sufrieron esa misma realidad y la vida los llevo a caminos difíciles y casi sin retorno, pese a haber salido de la misma casa y circunstancias. Muchos Carlitos viven en esas canchitas de barrio que parecen ofrecer algo más que un deporte, quizá una salida laboral. La salida de un destino casi imposible de ser modificado.

Las quemaduras a los 10 meses de vida, producto del agua caliente de una pava preparada para el mate, le dejarán a Carlitos marcas que sólo los villanos tienen en las historietas; un elemento más que pudo haber conspirado para que los niños del mundo (y los no tan niños) encontrasen en ese rostro un espejo donde mirarse. Ni que hablar de ser alguien en Boca, cuando el vestuario era ocupado por Riquelme, Guillermo Barros Schelotto, Palermo o Delgado, todos parte de la liga de superhéroes xeneixes. Tevez avanzaba y sonreía, metía goles y se animaba, provocador, a hacer la gallinita en un Monumental colmado de rivales furiosos y en silencio. Y se seguía riendo y festejando, y nosotros, salvado nuestro honor, festejábamos con él.

A nadie le importa su rostro, ni de dónde viene, ni su forma de expresarse. Porque logró esa empatía que tenemos con los distintos, con esos que tienen una habilidad y un poder que nos deslumbran, y que además nos salva, a nosotros, humanos amenazados por rivales que nos hacen la vida imposible cuando perdemos.

Todos vimos a Tevez ganar la Champion League con el Manchester y nos reímos, como también se reía el, de su intento de dominar el inglés. "Is very dificul", repetíamos. Él estaba con Ronaldo, con Rooney. Él, que había salido de Fuerte Apache, se codeaba con los grosos que sólo vemos en canales HD. Ahí estaba nuestro superhéroe, que después se pasó al otro equipo de Manchester. Vimos cómo la gente tiraba su camiseta del United, mientras desde acá decíamos "los huevos que hay que tener para cruzarse de vereda".

La vida de Tevez lo llevó a lo más selecto del fútbol, adonde viven otros superhéroes, los que juegan en el FIFA de la Play Station. Y comenzaron a aparecer chicos de otras nacionalidades, que no saben nada de Fuerte Apache, que se ponían su remera como quien se pone en Carnaval un disfraz de Batman o de Superman.

Y cuando estaba ahí, en ese Olimpo donde todos quieren estar, mientras llegaba a otra final dl torneo más importante de Europa, ¡zas!, avisa que vuelve al club de sus amores. Quiere volver, dice, cuando todavía tiene algo para dar, en un tiempo en que el resto sólo piensa, y tal vez con razón, que la carrera de futbolista es corta y que hay que aprovecharla cuando todavía se puede hacer dinero.

Hasta nosotros haríamos eso. Menos Carlitos. Porque los súperhéroes tienen dignidad y palabra. Y él que conoció los mejores hoteles y los vestuarios más lujosos, vuelve a entrenar en Casa Amarilla, ahí donde se forman los próximos Carlitos. Y juega y gana y se ríe nuevamente, dejando otra frase célebre después de ganarle a River. "Todo volvió a la normalidad", dice, y lleva a su equipo a ganar dos campeonatos más para Boquita.

Tevez es un ejemplo a seguir. De esfuerzo para no caer en la fácil. De tenacidad para superarse y vivir en países donde ni siquiera entiende al almacenero. Es superación para entender que sólo con esfuerzo se llega adonde uno quiere. Pero, por sobre todas las cosas, Tevez es una lección de humildad. Muchos dirán que no se perfeccionó en su idioma o que tuvo la oportunidad de ser una persona más culta, si aprovechaba su paso por Euroropa. Tevez aprendió, y mucho. No es el mismo al que se fue ya hace unos cuantos años atrás para probar suerte. Siendo amigo de los dos candidatos presidenciales, optó por no prestarse al juego de la fotito entendiendo que eso iba a influir en gente que lo admira. Agradeció al presidente de Boca que lo trajo dándole su apoyo para la continuidad. Y hasta se queda horas en la canchita sacándose fotos con los pibes que van a ver el entrenamiento, cuando jóvenes desconocidos, en cambio, suelen subir el vidrio de su primer auto caro para no tener que molestarse en interactuar con los que esperan a la salida para ver a sus ídolos. Tevez es un súperhéroe, con todas las letras. Porque resignó más gloria para ponerse nuestra camiseta. Porque resigno ganar más plata en un mundo donde los ricos quieren ser más ricos mientras mientras puedan. Porque sigue volviendo al barrio y ayuda cuando puede. Porque se ríe. Porque los superhéroes no piden nada a cambio de sus proezas, y hacen que los niños vean más allá de las cicatrices y quieran ser como así… Como Carlitos.

Conocé a las otras personas que nos inspiraron en 2015

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