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La experiencia y su conocimiento del funcionamiento del fútbol argentino en general y de la AFA en particular transforman a Luis Segura, a los 73 años, en un presidente que busca una ratificación en las urnas para poder guiar los destinos del fútbol argentino por los próximos cuatro años.
Empresario, dueño de los alfajores Amalfi y gestor de una cadena de farmacias y droguerías, la vida de Segura está vinculada al fútbol desde hace 40 años, con Argentinos Juniors como estandarte.
"Nadie puede negar que soy un hombre de fútbol. Conmigo no van a tener sorpresas para construir una AFA pluralista que transite un camino al futuro", enfatizó Segura cuando ratificó su candidatura.
Vicepresidente entre 1977 y 1981 del club de La Paternal, nunca ocultó su amor por el club y su orgullo por vivir apenas a tres cuadras del estadio, lo que le permitía atender personalmente a los hinchas. Ya en 2002 asumió como presidente en la entidad y, desde entonces, la sede de la AFA en la zona de Tribunales fue uno de sus hábitat más naturales, pues ejerció la representación del Bicho.
Nadie puede negar que soy un hombre del fútbol. Conmigo no van a tener problemas en construir una AFA pluralista que transite un camino al futuro
Del círculo de confianza de Julio Grondona, manifestó ciertas diferencias con su estilo personalista de conducción, aunque avaló su forma de guiar las riendas del fútbol argentino. Con tono conciliador y de bajo perfil, fue creciendo en poder dentro de la AFA, pero sin llegar a consolidarse como una alternativa real de sucesión a la larga conducción grondonista de más de tres décadas.
El instante más caliente de su estada en la AFA se dio en mayo de 2013 cuando con Argentinos al borde del descenso, se generaron rumores sobre un supuesto acuerdo en beneficio propio a cambio de que el club efectivamente perdiera la categoría. Fue entonces cuando presentó su renuncia como vicepresidente de la AFA y anunció que, una vez que cumpliese su mandato en Argentinos, dejaría su carrera como dirigente deportivo. Sin embargo, con el club asegurándose la permanencia y aferrado al eslogan grondonista del ‘Todo pasa’, modificó la decisión.
Otro momento de tensión en su carrera como dirigente fue el último Mundial de Brasil, cuando fue acusado de revender entradas a los hinchas argentinos en complicidad con otros integrantes de la delegación de AFA.
Apenas 17 días después de la final perdida ante Alemania, el fallecimiento de Julio Grondona lo dejó con el pesado legado de tener que dirigir una institución con manejo personalista.
La ratificación de la Asamblea en octubre por unanimidad, con un 50-0 tan alejado de la realidad como abrumador, le permitió tener un año de gobierno para liderar una transición hacia la era-post Grondona.
Un año y medio de camino sinuoso y con variados focos de conflicto mostraron el estilo de conducción de Segura: de la vieja escuela, concilador, que evita la confrontación.
Tratar de diferenciarse de su antecesor, pero buscando erigirse como la única garantía de conducción para el fútbol argentino. Curiosamente, se enfrenta por el poder con Marcelo Tinelli, a quien convocó para el departamento de Comunicación de su nueva AFA.
Con un fútbol argentino dividido, ahora Luis Segura irá por un apoyo que le permita dejar de sentirse interino y regir los destinos del fútbol argentino por los próximos cuatro años: su último gran desafío en su extensa carrera como dirigente.
jt


