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¿Por qué designaron a Lunati para San Lorenzo vs. Tigre? Evidentemente se le dio prioridad a la experiencia y capacidad por sobre el momento. Lunati es, por características, un conductor, que basa su arbitraje en el diálogo con el protagonista.
¿Yo lo hubiese designado? Desde el gusto personal, no. Me parece que se deben valorar los momentos de los árbitros y, en este torneo, fue irregular. Sólo su experiencia lo habilitaba. Por experiencia y confiabilidad mi elegido habría sido Sergio Pezzotta; por el momento, Germán Delfino.
¿Cómo dirigió? Le dio dinámica al juego, sancionando pocas faltas y no dejándose llevar por los pedidos dentro y fuera del terreno de juego.
¿Qué aciertos tuvo? Las expulsiones de Kalinsky y Kannemman por doble amarilla y la sanción de la falta que derivó en el descuento de Romagnoli.
¿Qué errores? Fueron pocos: debió expulsar a Luna por doble amarilla y amonestar a Botinelli por una patada a Morales, aun con el juego detenido.
¿Qué balance hago? Positivo. Puso sobre el campo todo su repertorio y condiciones técnicas para dirigir y controló el partido. La perla: Caruso Lombardi fue a protestarle y lo abrazo hablándole al oído, dejándolo conforme y expuesto.
En Banfield vs. Boca, Sergio Pezzotta arrancó con severidad y expulsó bien a Pepe por juego brusco grave apenas iniciado el encuentro. Daba la pauta del celo que iba a poner a la hora de castigar jugadas violentas, pero fue aflojando con el transcurrir de los minutos: por situaciones de la misma característica se debieron ir antes Ferreyra y Roncaglia. En lo técnico, le costo controlar los agarrones en las pelotas paradas y su asistente 2, Francisco Noguera, erró en el gol de Banfield, que era clara posición adelantada de Dos Santos interfiriendo en el adversario. Un regular arbitraje que incidió en el desarrollo del juego.
Muchas veces me preguntaron si los árbitros debíamos cuidar a los habilidosos. Mi respuesta es no. En ninguna parte del reglamento se habla de eso. Lo que sí debemos hacer es evitar que sean blanco de la mala intención de sus adversarios. Observé en estos últimos partidos de la selección que a Messi no le pegan más debido a su capacidad de evitar los golpes. Ahí es donde deben poner el enfoque los árbitros: más allá de que no logren el objetivo, castigar disciplinariamente a aquellos que intentan golpear. Messi es un gran aliado de los árbitros: no simula, no pone ni brazos ni codos para evitar la cercanía del rival. A él no hay que cuidarlo porque se cuida solo. Al resto sí.
La regla es clara: un jugador no puede actuar sangrando. Maglio debió solicitar al médico que controlara la hemorragia de ponzio, de lo contrario no permitir la continuidad del futbolista de river.
Loustau se equivocó en dos jugadas clave: no sancionar falta de Ortiz a Farías dentro del área y a instancias del asistente 2, Barbieri, le anuló mal una jugada que terminaba en gol a Independiente.
Alejandro Toia, con el objetivo de darle continuidad al partido, dejó de sancionar faltas claras y como es su costumbre omitió alguna tarjeta que era doble amarilla, como para Velázquez.
Germán Delfino tuvo otra buena actuación tanto en lo técnico como en lo disciplinario. Fue certero a la hora de las tarjetas y está logrando algo fundamental: genera plena confianza en sus decisiones.



