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La nostalgia se apodera de Hugo Moyano cuando recuerda la vida sobre ruedas. "De vez en cuando me subo a un camión para no perder la costumbre. Además, pruebo los simuladores de la escuela de capacitación y formación. Aprendí a manejar como todos: haciendo de lechuza y acompañando al chofer. Hace seis años trajimos de España dos simuladores y seis presimuladores. Nos costaron US$ 2.000.000. Uno se sube y es como si estuviera dentro de un camión. Si hasta se lo puede programar para que llueva: en el limpiaparabrisas se ve algún defectito y queda marcado. Es impresionante. Igual, siempre que alguien viene al sindicato en camión se lo pido para dar un par de vueltas".
-¿Hacía viajes largos?
-Buenos Aires-Mar del Plata.
-¿Y le gustaba esa vida?
-Era linda. Uno tiene mucha libertad en el camión, pese a estar concentrado en su trabajo. Sufríamos cuando estábamos mucho tiempo esperando que cargaran el vehículo. Después, estar en la ruta es como cuando el pájaro sale a volar. Es la misma libertad, fundamentalmente, para aquellos que tienen viajes muy largos.
-Igual es muy sacrificado...
-En el camión se extraña mucho la casa. Pero en la casa se extraña mucho el camión. Hay compañeros que están más tiempo en el camión que en la casa. Cuando sale un viaje que puede durar muchos días, el camión es una casa. En una reunión que hicimos vi a varios compañeros que lloraban. Yo les decía que nuestro trabajo tenía que ser reconocido. El camionero es un hombre que deja sola a su familia, que no ve crecer a sus hijos, que no está en acontecimientos familiares y, lo más doloroso es que a veces pierde un ser querido y no está ahí porque no puede volver. Esos son los sacrificios que hace un camionero. Entonces, ¿cómo no va a ganar un mango? Por eso también se jubila a los 55 años.



