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Chelo! ¡Chelo! ¡Vamos viejo, tenés que hacer un gol el domingo, ¿eh?! No me arrugues justo ahora.
-Uno es poco, dos voy a hacer.
Viernes 25 de octubre, caliente . Una jauría feroz de hinchas se trepa de las rejas del playón del predio de Casa Amarilla y clama por una victoria ante River. "¡Cómo están todos! Hasta Riquelme me llamó de Barcelona para pedirme un gol", cuenta Marcelo Delgado.
Un ejército de lapiceras lo acecha. Los hinchas lo alientan, le sacuden el pelo, lo abrazan y continúan con las plegarias por una victoria que les devuelva el alma al cuerpo.
"¡Uh! Me vas a matar, pero estoy mudando algunas cosas a mi casa, en Pilar. Saquemos las fotos, que es lo que menos me gusta. Generalmente no poso, no soy un modelo... Después del partido charlamos. Ojo: si perdemos, va a ser tu culpa, porque hace rato que no doy notas", amenaza.
Domingo 27 de octubre festivo. La tribuna xeneize baila eufórica, con los corazones sobresaltados. En la cancha, un jugador de 1m73, morocho, pelo corto, revolea alocado su camiseta. El Chelo acaba de disparar su misil. Comizzo, el arquero de River, está derrumbado. Es su segundo gol, el del desahogo, el hiriente 2 a 1, suficiente para gritarle a todo el Monumental la victoria de Boca.
La celebración sigue en el ómnibus, rumbo al hotel Hilton, la concentración del plantel. Hay cantos, dedicatorias... El grito "que nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán" casi hace crujir los vidrios. En un asiento, suena insistentemente el celular de la figura del superclásico.
-Hola, ¿quién habla?
-Grande Chelito, no me podías fallar. Te tenía una fe bárbara (le dice Riquelme desde España).
-¿Viste, viejo? Vos me pediste un gol, pero yo pago doble...
Lunes 28 de octubre de gloria. El Chelo descansa en su hamaca paraguaya, rodeado del verde de su casa en Pilar. A lo lejos, se escuchan risas de Julieta (10) y Marianela (7), sus hijas, pero nada lo perturba. Es el reposo del héroe.
"Qué inflado me siento. Qué lindo que es ganarle a River. A uno lo deja más sereno, tranquilo."
-Por el momento de ustedes, estaban obligados a ganar.
-Sí, no nos quedaba otra. Si no le ganábamos a River nos mataban a todos. Estaba en juego el honor y Boca lo salvó.
-¿El año también lo salvaron?
-No, no ganamos un título. Pero triunfar en el último superclásico del año nos deja otro sabor, como el que rió último fue Boca. Van a tener que esperar para la revancha.
-Sinceramente, ¿te gusta como juega Boca?
Por momentos. Aún no encontramos el equilibrio. Hacemos partidos muy buenos y en otros somos un equipo aburrido, que termina sufriendo. Hay que ser más regulares.
-¿Alguna vez soñaste con hacer dos golazos en el Monumental?
-Me equivoqué. En el segundo tuve suerte, podía haberse ido a la tribuna. En el primero, sí; Comizzo se movió y dije: la pongo en ese palo.
-En 2000 te pagaron caro, pero, al parecer, valió la pena.
-Sí, y agradezco que Macri se haya jugado así por mí. Espero haber rendido lo que esperaban. Creo que ya pagué en la cancha lo que Boca invirtió por mí (6.000.000 de dólares) en 2000.
-¿Sos amigo del presidente de Boca?
-No, pero hay un respeto mutuo.
-¿Y de algún dirigente?
-No, no...
-Les escapás un poco.
-No sé... Sí. Hay dirigentes buenos, pero algunos se ganan la vida a costa de los jugadores. Hay gente que hizo cosas increíbles en los pases de los jugadores y dejan a los clubes arruinados.
Allá en el tiempo quedó aquel pibe de Capitán Bermúdez, Santa Fe, el que comenzó en el equipo Villa Cascini a hacer de esos tres dedos de su pie derecho en una marca registrada. Hoy, ya como padre de familia, mira hacia atrás y parece no creer todo lo que vivió.
"Cómo se pasa el tiempo. Todavía recuerdo cuando a los 12 años fui con el bolsito a probarme a Central. Aposté todo al fútbol. Hasta abandoné el colegio por la pelota."
-¿Qué hubieses sido en caso de no progresar como futbolista?
-Yo qué sé... Si no era futbolista se me complicaba la cosa, je. Menos mal que están los tres dedos.
-¿Estás conforme con tu carrera?
-Jamás me imaginé que iba a ganar tantas cosas. Todo fue a base de sacrificio. Le puse muchas ganas a esto, no me lo regaló nadie.
-Y eso que te insultaron.
-¡Uffff! Las cosas que me dijeron por el penal que traté de simular ante Bayern Munich fueron terribles. Ya saben como es el hincha. La terminás bien y te aplauden; errás el gol y te quieren matar.
-¿Qué DT te marcó a fuego en tu carrera?
-Siempre dije que tuve grandes técnicos, pero el que me marcó más fue Carlos Bianchi.
-¿Costó asimilar la partida de Bianchi?
-Fue difícil, un poco duro. Bianchi marcó a esta institución con grandes títulos y a los jugadores. Cuesta despegarse de eso.
-¿Te cambió la popularidad?
-Para nada. No porque tenga una casa linda o un auto lujoso modifico mis actitudes. Soy el mismo pibe de barrio. Si a mí me vienen de frente, hasta me pueden sacar los calzoncillos. Ahora, si te mandás una macana, fuiste .
-¿Te cuesta hacer una vida normal?
-Esta carrera es complicada, porque concentrás todos los fines de semana. Tal vez no estoy los sábados y los domingos para llevar a mis hijas al cine o al parque de diversiones, pero a la larga van a entender que todo el esfuerzo que hace el papá es para el beneficio de ellas.
-¿Hay Delgado para rato?
-Voy a hinchar un rato más. Tengo casi treinta años y voy rumbo a los últimos años de mi carrera.
-¿Probarías jugar en River?
-Hum... Es complicado. Hoy te digo que no.
-¿Te ves como DT en el futuro?
-No, a lo sumo ayudante de campo. Basta de concentraciones. A los 50 años me gustaría estar tranquilo, con mi familia. Hacer una vida más normal.



