Matko Miljevic, la promesa de Argentinos Juniors que buscan tres selecciones y además es campeón de taekwondo

Matko Miljevic, una de las grandes promesas de Argentinos Juniors.
Matko Miljevic, una de las grandes promesas de Argentinos Juniors. Crédito: Prensa Argentinos Juniors
Fernando Vergara
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9 de mayo de 2020  • 08:00

Su nombre viene del croata, y significa "el más deseado". Tal vez de manera inconsciente y para rendirle homenaje a la elección de sus padres, Matko Mijael Miljevic vive la vida de una manera muy intensa. Con apenas 19 años, ya transitó experiencias únicas e irrepetibles que se convierten en un deseo siempre presente de ir por más. El actual futbolista de Argentinos Juniors, una de las grandes promesas del equipo de Diego Dabove, nació en Miami, llegó al fútbol casi de casualidad, practicó natación, fue campeón internacional de taekwondo, jugó para los seleccionados juveniles de Estados Unidos y la Argentina, y desde Croacia lo tentó nada menos que Davor Suker. Dentro de ese ritmo frenético, claro, ya se anotó para estudiar abogacía, y además tuvo su estreno y marcó un gol en la primera del Bicho, el "Semillero del Mundo", al que considera su casa.

"Hablemos tranquilos después de la práctica vía Zoom", pide Miljevic a LA NACION, haciendo referencia a los nuevos tiempos que corren debido al coronavirus. "Por suerte acá en mi casa tengo elementos para entrenarme", apunta. Su cabeza está siempre activa, a tal punto que sólo la pandemia pudo frenar un comienzo de año en el que ya se mostraba como un jugador a tener en cuenta en Argentinos y que además se anotó para estudiar abogacía. Se lo nota bien plantado, con firmeza. "La carrera del futbolista es corta, y uno nunca sabe", sostiene. Hijo de Gustavo y Ángeles, y hermano de Iara, Matko rescata aspectos positivos del aislamiento. "Por el ritmo que tiene el fútbol, antes no tenía el tiempo suficiente para estar con mi familia, y esto me acercó muchísimo a ellos", confiesa.

Miljevic cuenta con buenas semillas, a las que les brinda la atención y el cuidado que merecen para que germinen. Y hay que retrotraerse varios años para tratar de entender su historia. Puntualmente con su abuelo Antonio, que nació en Croacia, en tiempos de la ex Yugoslavia. "Él estuvo combatiendo en la Segunda Guerra Mundial. Y después se vino en barco hacia la Argentina. Vivió mucho tiempo en Lanús y ahí conoció a mi abuela, que llegó desde Corrientes", detalla.

A los 19 años, Matko Miljevic ya jugó en los seleccionados juveniles de la Argentina y Croacia.
A los 19 años, Matko Miljevic ya jugó en los seleccionados juveniles de la Argentina y Croacia. Crédito: Prensa Argentinos Juniors

Miljevic siente devoción por Antonio, que falleció hace cuatro años. "A mí me dijo su última palabra antes de morir. Fue y es un gran ejemplo, porque salió de una guerra y siempre afrontó la vida con optimismo. Yo creo mucho en Dios y a mi abuelo lo tengo siempre presente en cada aspecto. Me guió y me inculcó los valores de la vida con mis padres y mi abuela. La educación que hoy tengo es gracias a ellos", enfatiza.

Familia acostumbrada a hacerle frente a las adversidades, los Miljevic -como tantos otros en la Argentina- se vieron acorralados por la profunda crisis que azotó al país en el 2001. Y antes de que se desatara la hecatombe pensaron que lo mejor era mudarse a Estados Unidos. "Mis padres tenían las herramientas para irse a otro lugar y se lanzaron a la aventura. Mi papá es mecánico y allá trabajó en un taller. Después de mi nacimiento, a los seis meses, ya volvimos para la Argentina", relata el joven.

Si bien el DNI de Miljevic acredita que nació el 9 de mayo de 2001 en Miami, el futbolista pasó su infancia en el conurbano bonaerense, ahí donde llegó a los potreros prácticamente de casualidad. "Me crié en Lanús. Hace 14 años, cuando nuestra casa estaba en construcción, llegaron unos albañiles y uno de ellos me vio pateando la pelota", explica. El hombre en cuestión, Juan Carlos Castillo, era director técnico en el club 12 de octubre, de Villa Diamante. Y le pidió a Gustavo que le lleve a Matko a jugar los sábados a la mañana. Pero el padre no quería saber nada, debido a una experiencia previa frustrante: otro DT le había dicho que "el fútbol no es para él. No le pasa la pelota a nadie, quiere hacer todos los goles y cuando no tiene la pelota, llora".

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Eran días donde el niño también se divertía practicando natación. "¡Vos haceme caso, que este chico va a salir bueno!", le insistió el albañil entrenador. "Fuimos un sábado y nunca más paré. Después pasé a otro club en Buenos Aires y al tiempo me vio Ramón Maddoni, que quiso llevarme. Y como Club Parque en ese momento pertenecía a Boca, estuve ahí dos años en infantiles. Tenía 8 años. Hasta que en un partido contra Argentinos jugué bien, y Fernando Batista, que en ese momento era el coordinador, le dijo a mi papá que por mis características de juego yo podría andar bien en el Bicho. La categoría 2001 de Argentinos era una locura, un equipazo que le ganaba a todos. Y ahí fui a parar", detalla.

Inquieto, activo, Miljevic muestra otras habilidades con sus piernas además de las futbolísticas: llegó a ganar dos torneos internacionales de taekwondo, su otra pasión. Un deporte al que llegó por intermedio de su hermana, que es tercer dan de la disciplina. "Íbamos a verla entrenarse y ella practicaba en el tatami. Todo lo que Iara hacía yo lo replicaba afuera. Hasta que el maestro me dijo '¿por qué no lo haces adentro con nosotros?'. Y arranqué. Competí en torneos internacionales, contra chicos de Brasil, España, Turquía, Paraguay, Francia. Es hermoso", remarca quien fue campeón del Argentina Open en cadetes en 2014 y 2015 en Costa Salguero.

Tiempos donde además jugaba en la octava de Argentinos. "Ahí no tenés a nadie que te salve como en el fútbol: cometés un error y estás solo. Yo intentaba ser muy frío", puntualiza. Según explica, el taekwondo le moldeó su personalidad. "Te aporta disciplina. Mucha gente cree que lo practican aquellos a los que les gusta pelearse, y no es así. Es un arte marcial que a mí me enseñó a respetar al rival".

Hubo un día, claro, en el que Matko que debió optar entre sus dos deportes. "En una pelea contra un francés, al que le iba ganando 12 a 3, el rival me metió una paralítica en el cuádriceps izquierdo y me hizo un hematoma enorme. Fue durísimo, y le gané con lo justo. Ese día decidí abandonar, porque yo quería jugar al fútbol. Lo hablé con el maestro y me entendió", explica. Ya no habría más combates, pero sí entrenamientos. Es tanto el amor por este deporte que al día de hoy Miljevic lo practica sin roces, con su mejor amigo, también taekwondista. "A veces capaz que estoy una hora y media practicando. Pero cuando se vienen las luchas me dedico a mirar", revela.

El taekwondo, otra de las grandes pasiones de Matko Miljevic.
El taekwondo, otra de las grandes pasiones de Matko Miljevic. Crédito: Prensa Argentinos Juniors

En abril del año pasado, Miljevic debutó en la primera de Argentinos en los octavos de final de la ida de la Copa de la Superliga en el éxito 1-0 sobre San Lorenzo, en el estadio Diego Armando Maradona. Antes de ingresar por Damián Batallini, el volante miró hacia la platea y le sonrió a su familia. "Fue un sueño y ojalá que pueda seguir creciendo", dice. Ya en agosto marcó su primer tanto, cuando el Bicho venció a Gimnasia La Plata por 1-0 por la fecha 5 de la Superliga.

El presente promisorio de Miljevic hace que haya tirones desde tres países que lo quieren tener en la cancha: la Argentina, claro, Estados Unidos y Croacia. Su abuelo le abrió una puerta con esta última nacionalidad. "A los 15 años ya me llamaron de la Sub 18 de Estados Unidos. Viajé allá, y jugué el torneo de Montaigú, Francia, en 2017. Siempre estoy en contacto con ellos", dice. Ya en 2019, Miljevic se calzó la camiseta argentina en el tradicional certamen de L'Alcudia, España. "Me encantó la idea, hice nuevos compañeros, pude destacarme y quedé en el once ideal del torneo. Inclusive se acercaron varios directores deportivos. Fue un orgullo", asegura. Allí marcó el gol en la victoria ante España por 1-0.

Finalmente, en el último tiempo sonó el teléfono y del otro lado apareció una voz muy especial: Suker, el legendario ex goleador que hoy es el presidente de la Federación Croata de Fútbol. "Me llaman día por medio, insisten. A lo primero no era muy consciente de quién era Davor, pero lo busqué en internet y supe que era un 9 fantástico, goleador de un Mundial. A veces me llama otro coordinador y hacemos un FaceTime. Yo no le cierro las puertas a nada. Lo de Croacia lo pienso mucho por mi abuelo, él siempre quiso que yo esté ahí alguna vez", confiesa.

Ante este escenario, la pregunta se cae de maduro: ¿A qué país le gustaría representar a futuro? "Honestamente, todavía no lo tengo muy claro. Es una decisión 100 por ciento mía, pero soy chico y alguna vez me gustaría hablarlo con mis padres. Hoy lo que más quiero es jugar bien en Argentinos", remarca.

Amante de la lectura y ex volante central ("sin mucha marca", dice sonriendo) a Matko le gustaba jugar más arriba, a pura gambeta, ahí donde las situaciones se definen. Por eso los entrenadores lo movieron a la zona caliente de la cancha. "Tengo muchos sueños. Me encantaría consolidarme entre los titulares de Argentinos. Es un club hermoso y el año que viene quiero jugar la Libertadores. También más adelante anhelo jugar en Europa, y en lo posible, un Mundial", se entusiasma.

-¿Volviste a ver alguna vez al albañil-entrenador que te descubrió?

-¡Sí! Ese hombre vive enfrente del colegio adonde iba, en Lanús. Cuando debuté en primera yo todavía cursaba, y al día siguiente del partido me hicieron un festejo hermoso. Los compañeros, los rectores, la directora, me aplaudían todos en la puerta del colegio. Y por ahí veo que justo estaba él, que se acercó a saludarme: '¡Viste, Matko, y pensar que yo te dije que tenías que dedicarte al fútbol!'".

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