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El mérito más reciente de Miguel Angel Russo es haber logrado la transformación interior que Vélez necesitaba para disolver el trauma con el que cerró 2004. No es sencillo operar un cambio así en una coyuntura como la que encontró el técnico al llegar al club. En la última fecha del Apertura, el equipo de Liniers desperdició increíblemente una chance de forzar un desempate con Newell´s por el título; ese mazazo amenazaba con sumergir en la depresión a un plantel con muchos jóvenes y caldeó el ambiente exterior, pero el entrenador consiguió disipar los fantasmas.
Hoy, su equipo es el único líder del Clausura; el dato, junto con otros, constituye para Russo una demostración de que aquel mal trago quedó en el olvido. "Ante Banfield fue un partido de esos que marcan para qué estamos. Porque se trataba de un rival difícil y respondimos bien y ganamos. Las pruebas de que el equipo creció están a la vista", sostiene el DT, nacido en Villa Diamante, Lanús, hace 49 años.
-¿Cuáles son esas pruebas?
-Después de un arranque negativo, se estabilizó y llegó a la punta. Para mí ese comienzo fue arrastre de lo que pasó en aquel partido con Arsenal. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar. El grupo trabajó, aguantó silbidos, protestas, insultos... Sabía que la única forma era agachar la cabeza y darle duro. El que se cae cien veces se levanta ciento una. No hay otro camino para el que quiere estar arriba.
-¿En qué ayudó usted para eso?
-Encontré un grupo de chicos golpeado, pero con agallas y temperamento. Entendí que a algunos había que guiarlos más que a otros, y a otros contenerlos más.
-¿Y ahora Vélez está maduro?
-Sí, lo veo en las actitudes. Los muchachos no pierden la frescura, pero cuando hablamos en serio hablamos en serio y no perdemos el objetivo.
-¿Está a cubierto de que le pase algo parecido?
-Nunca se está a salvo, porque en esto todo son resultados. Sí tengo la tranquilidad de un trabajo que me da confianza para enfrentar lo que viene. Medir si un grupo está maduro o no por los resultados es muy difícil. Eso lo determinan las actitudes, la regularidad... En ese sentido estoy tranquilo.
De Russo no habrá que esperar palabras altisonantes. Su lugar está lejos de la polémica. Si se busca un leve rasgo de transgresión en lo que dice puede encontrarse en algo que repetirá una y otra vez en la charla con LA NACION: la palabra "grande" para referirse al equipo que conduce. También, su satisfacción con los medios y la infraestructura de que dispone: "Estoy cómodo con la dirigencia, con los jugadores y con el personal que tengo a mi cargo. Vélez tiene un plan definido para su fútbol, con su política de compras y ventas y de divisiones inferiores. Da un alto grado de calma, porque uno sabe cuáles son los parámetros", afirma. Pero rechaza que esté a cargo de un equipo con menos obligaciones. "Vélez se crea su propia presión. Estuvo en la cima y lo siguen generaciones que lo vieron campeón. Es un club grande y a lo bueno se acostumbra todo el mundo."
-¿Su gente es complicada?
-El nivel de exigencia primero lo tiene que tener uno, y después la gente.
-¿Tiene poca tolerancia?
-El fútbol argentino no la tiene. Y el fútbol mundial tampoco. Si no, no se habría ido Passarella de Corinthians. O no se irían los técnicos en poco tiempo en México, o en Perú, o en Chile. Tal vez magnificamos eso: hoy mandan los resultados, guste o no. Esa falta de tolerancia no es lo ideal, pero está instalada en una sociedad futbolística que necesita resultados para sobrevivir en todos los planos.
Además de trabajar en la motivación global del plantel, Russo practicó algunos retoques puntuales. Uno de los más llamativos fue ubicar en la delantera a Lucas Castromán. "El tenía tendencia a jugar de esa manera. Hoy está más libre y se siente muy contento en ese lugar. Se ayuda él y ayuda al equipo", dice. Otro trabajo personal específico tuvo que ver con Gastón Sessa, blanco de una fuerte hostilidad de los hinchas en el comienzo del torneo. "A Gastón lo conozco bien. Yo jugaba y él alcanzaba la pelota. Lo tuve en Estudiantes, aunque no atajaba. Lo dejé libre y después lo fui a buscar para ir a Rosario Central. Nos cruzamos varias veces en distintas etapas. La relación con él es muy buena. Lo que pasó habla de una maduración de él. Tiene mucho temperamento y charlamos desde el primer día. También tuvo mucho que ver el presidente de Vélez en todo esto. El es buena persona; sólo se trató de hacerlo pensar", dice.
-¿Cuál será el momento de quiebre de aquí en más?
-No diría que todos los partidos, pero sí el próximo, siempre. Ese es el más importante para afianzarse.
-Vélez les ganó a todos los equipos grandes. ¿El equipo entendió la manera de jugar con ellos?
-Les juega de igual a igual. Además de ser grande por resultados y por su gente, la estructura del club ayuda. Vélez piensa y juega como un grande.
-¿Cuándo se definirá el torneo?
-Por los enfrentamientos que quedan, esto se va a pelear hasta el final.
-¿Cuál es el enemigo?
-El enemigo puede durar dos fechas... Pero los números no mienten. Igual, de los otros equipos no hablo por ética.
-¿Racing no tiene un fixture más accesible?
-Hay que jugar y nada más. No hay nada asegurado de antemano.


