Mohamed, Bauza, Troglio, Brindisi y Merlo: cuando el sentimiento empuja a volver a casa

Fuente: FotoBAIRES
Christian Leblebidjian
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28 de diciembre de 2018  • 23:59

Cada vez que se da un regreso que tiene historia, al fútbol se le pianta un lagrimón. Sucede con aquellos jugadores que fueron ídolos y tienen la chance de volver a finalizar la carrera en ese club que son amados, también con los entrenadores que dejaron una huella grande, ya sea en títulos o en sentimiento. La vuelta de Antonio Mohamed a Huracán generó eso en los simpatizantes del Globo: ilusión, fervor, cariño. Pasó muy poco tiempo desde que esos mismos hinchas se habían enfurecido con Gustavo Alfaro por su portazo para irse a Boca, pero la llegada del Turco trajo alivio a Parque Patricios. Ayer, antes de la presentación oficial, Huracán había editado un video en donde aparecía la imagen de un Mohamed emocionado y, de fondo, el grito de las tribunas: "Mire, mire qué locura, mire, mire qué emoción, éste es el famoso turco que volvió a Patricios para ser campeón". Y acto seguido, una voz que sostuvo: "Hay algunos que dicen que al lugar donde fuiste feliz no tenés que tratar de volver. Pero si ésta es tu vida, Turco; vos sos de acá. Vos sos de acá como pocos, como nadie. Vos sos de los que se quedan en las malas porque para las buenas ya están todos. Vos llevás sangre quemera, vos sos nosotros, como nuestro palacio, como nuestra bandera".

Mohamed, que viene de dirigir a Celta de Vigo, en España, iniciará su cuarto ciclo en el Globo. Ya había estado en tres oportunidades: el período 2005-2006, 2006-2007 y 2013. Y tendrá un gran desafío, ya que el equipo afrontará una triple competencia: la definición de la Superliga Argentina (está 4° en la tabla, con un partido menos), la Copa Argentina y la Copa Libertadores. "Estoy muy feliz de estar acá. Cuando la vida me da la posibilidad de elegir, elijo estar acá. El destino así lo quiso. No estaba en mi cabeza estar acá. No porque no lo quería, sino porque estaba todo dado para que el club siga su camino hacia otro lado. Pero este es mi lugar en el mundo y espero llegar a lo máximo. Amo a este club. No es demagogia, todos lo saben. Y espero responder con logros y resultados. Hace cinco años que me fui la última vez. Esta vez espero que el cuento de hadas termine con buen final". En la tarde del viernes su primera frase en el regreso lo dijo todo.

No será el primero ni el último caso en donde un DT le da prioridad al sentimiento por encima de sus intereses o momentos personales. Uno de los más recientes se dio en Rosario, con Edgardo Bauza. El Patón tenía varias ofertas del exterior, pero cuando su celular sonó... Y se dio el gran gusto de ser el primer ídolo de Central en ser campeón como jugador y como DT al ganar la Copa Argentina 2018, tras vencer a Gimnasia. "Volví para esto. Estoy muy feliz", dijo quien estaba más cerca de regresar a Ecuador que de pisar nuevamente Arroyito.

El Patón formó parte de grandes equipos que fueron los que le dieron las últimas alegrías a nivel local al canalla. Dos "equipazos", que bajo la conducción de "Don" Ángel Tulio Zof deleitó a propios y ajenos. El Nacional del 80, ganando la final a Racing de Córdoba del Coco Basile, y luego el campeonato 1986/87 junto con Omar Palma. Pocos días antes de levantar la Copa Argentina 2018, Bauza reconoció tras perder 0-4 con Unión, en Rosario: "Este resultado echaría a un técnico. Soy realista". Lo revirtió.

Pedro Troglio también tuvo más de un gesto con Gimnasia en su trayectoria como entrenador. Sin ir más lejos, antes de asumir por última vez en el Lobo, el 18 de mayo pasado, sabía que el contexto no era el mejor, que regresaba para pelear el descenso. "Me enamoré de este club y nada ni nadie cambiará este sentimiento". A diferencia de su amigo Patón, a él le tocó perder la final de la Copa Argentina. Hubiera cambiado todo por conseguir un título con Gimnasia, pero quizás el destino le tiene reservada una revancha. "Perder un partido de esta manera (por penales), es una de las peores derrotas, el dolor es doble porque se estuvo a la altura de las circunstancias. La fortuna para Gimnasia es esquiva, se hizo de todo para salir campeón", dijo en Mendoza. Y agregó: "La justicia divina una soga tiene que tirar para este lado".

Miguel Angel Brindisi primero le dijo que no, pero después lo convencieron y el 16 de abril de 2013 aceptó el desafío de intentar salvar del descenso a Independiente. Tras las negativas de Julio César Falcioni, Enzo Trossero y Jorge Fossati, le dio el sí al Rojo. El hombre que llevó al equipo de Avellaneda a la conquista de tres títulos en la década del 90 había dado una negativa inicial; en ese momento adujo problemas personales y argumentó no sentirse "el hombre indicado para este momento". Pero el transcurso de las horas, la insistencia de los afectos y la fuerza de la necesidad cambiaron la historia: selló el acuerdo con un apretón de manos con el presidente de entonces, Javier Cantero. Versiones sobre las circunstancias que influyeron en el cambio de decisión de Miguel hubo varias; una de ellas, que recibió un llamado de Julio Humberto Grondona en el que el presidente de la AFA le habría pedido "darle una mano" al club.

Pero el ciclo no finalizó bien: no solo con el equipo descendiendo, sino que Brindisi renunció después de la cuarta fecha en la B Nacional, donde no pudo ganar, con dos empates y dos derrotas. Los números de Brindisi: por torneos locales logró una efectividad de solo el 35%, en 14 encuentros disputados solo triunfó en tres oportunidades, empató seis veces y perdió en cinco encuentros. A esto hay que agregar los encuentros en el marco de la Copa Argentina, donde consiguió un empate (ante Boca Unidos, equipo al cual se venció en definición por penales tras empatar 1 a 1) y una derrota (ante Arsenal de Sarandí, 0-1).

Reinaldo Merlo fue Dios en Racing tras el título conseguido en 2001, cuando el "paso a paso" cerró una sequía de 35 años de frustraciones. Volvió en 2006, pero se fue en 2007 peleado con los gerenciadores del club: "De Tomaso se juntó con los jugadores para tirarlos en mi contra", había manifestado "Mostaza" en una rueda de prensa en el Cilindro de Avellaneda. Y fue despedido.

Merlo regresó en 2013, con un volantazo que enojó a Aldosivi, con quien acababa de firmar un contrato. Sabía que Racing lo necesitaba. Arribó ya con Víctor Blanco como presidente pero con una situación más inestable aún: debutó en una derrota ante Vélez luego de que Racing presentara cinco técnicos en 11 fechas: Zubeldía, Radaelli, Ischia, Nacho González y el propio Merlo. Quiso dar una mano tras una racha muy adversa de Ischia y con el equipo último: "No hay que jugar al ritmo de la gente", pidió Mostaza. Pero tampoco le fue bien. En su tercer ciclo en la Academia, de 25 partidos ganó ocho, empató seis y perdió once.

Diego Cocca, otro que fue campeón con la Academia (2014) rompió su vínculo en Colombia para regresar en diciembre de 2016. No le fue bien. Hace poco, tras el paso en falso, dijo de aquella decisión: "Racing me necesitaba más que yo a Racing", declaraciones que no cayeron del todo bien en los hinchas.

Son apenas algunos casos. Pero en un fútbol donde los colores son condicionados muchas veces por los intereses personales, los sentimientos también influyen en las decisiones. Después, eso sí, las jugadas no siempre pueden terminar bien.

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