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Durante la semana, Antonio Mohamed había intentado bajarle los decibeles a su visita al Nuevo Gasómetro. Habló del folklore, de un recibimiento que seguramente iba a ser movido, pero sin problemas, y de no echar más leña al fuego de la clásica rivalidad. Pero, al parecer, en el calor del partido, su condición de hombre identificado plenamente con Huracán pudo más que la calma que debe imperar en su condición de director técnico de Colón, y la noche terminó mal para el Turco, más allá del resultado negativo.
En el fragor de un encuentro decisivo para los santafecinos, porque buscaban escaparle definitivamente a la Promoción, Mohamed no midió el festejo del gol que puso en ventaja a su equipo, seguramente ávido por responder al clima hostil y los insultos permanentes que recibió desde las tribunas. El DT lo gritó con ganas y, según varios testimonios, hizo algún gesto fuera de lugar. Lo cierto es que a partir de la conquista de Ramírez los gritos y los agravios contra Mohamed recrudecieron, como disparados por algo que el entrenador hizo desde el campo. Inmediatamente, se vio un refuerzo de la seguridad y del número de efectivos alrededor del banco de suplentes visitante.
El supuesto gesto de provocación del DT consistió en recoger del suelo una botella con agua que le arrojaron desde la platea y pararse desafiante frente a los hinchas azulgranas, haciendo el ademán de levantar el envase de plástico como si fuera un trofeo, en velada alusión a la Copa Libertadores. Después de ese episodio, Mohamed fue denunciado por el tesorero de San Lorenzo, Pascual Palladino, por incitación a la violencia.
Esa presentación derivó en la detención del conductor de Colón por parte de la policía inmediatamente después de finalizado el partido. El Turco fue trasladado al vestuario visitante y allí lo esperaba una fiscal, aunque sólo terminó firmando un acta contravencional y evitó quedar detenido.
Después del incidente Mohamed se retiró junto al plantel sin realizar declaraciones, pero trascendió que trató de quitarle importancia al hecho con una comparación que incluyó al técnico rival: "Yo no agredí a nadie. El otro día tiraron una varilla a la platea de Huracán, mi familia estaba cerca, pudo salir lastimada, y sin embargo el que la tiró está sentado ahí, en el banco".
Más allá de este encontronazo entre el técnico de Colón y los simpatizantes de San Lorenzo, hubo otros focos que pudieron encender la llama de la violencia en el Nuevo Gasómetro. Uno de ellos estuvo en la popular visitante, con una bandera que de ninguna manera debió haber ingresado si los controles hubieran sido más estrictos y de acuerdo con las reglas. En el medio de los 300 hinchas sabaleros que llegaron al Bajo Flores se mostró una bandera que decía: "Casla (la sigla de San Lorenzo), Club Atlético Sin Libertadores de América", y la leyenda estaba rematada por un escudo de Huracán. Se sabe que las hinchadas de Colón y de Huracán tienen una muy buena relación y que seguramente hubo gente del Globo apoyando a los santafecinos en la tribuna visitante, pero esa bandera fue una clara provocación que no fue advertida por las autoridades encargadas de la seguridad del partido.




