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Jorge Valdano le preguntó hace unos años a un director técnico prestigioso qué pretenden los dirigentes cuando contratan a un técnico. La respuesta que obtuvo fue lapidaria: "Que les mientan". El grado de falacia que los responsables de un club están dispuestos a escuchar se relaciona con la promesa de obtener buenos resultados. Salvo casos muy puntuales, el estilo futbolístico es lo de menos. A los dirigentes les interesa más el fin que los medios. Y a la premonición resultadista sucumben la mayoría de los técnicos.
Hay excepciones, claro. Uno de ellos es José Mourinho. El domingo actualizó su impactante palmarés con el título 21° en 14 años de profesión distribuidos en Oporto, Chelsea (dos etapas), Inter y Real Madrid. Con la contundencia y el pragmatismo que son un sello de identidad en sus equipos, Chelsea venció 2-0 al Tottenham de Mauricio Pochettino, un conjunto que juega bien y se anima, es capaz de dar alguna sorpresa, pero todavía no tiene el colmillo lo suficientemente crecido para la caza mayor.
Mou no era campeón desde la Supercopa de España 2012. Su temporada anterior en Stamford Bridge quedó en blanco. Para lo que son sus estándares del éxito, la necesidad de ganar algo se hacía acuciante. Es lo que lo fortalece para sostener un discurso cáustico sobre algunos colegas. "¿Wenger? Tiene el trabajo que todo técnico querría: estabilidad para comprar, vender, rehacer, esperar y esperar...", dijo con sorna sobre el entrenador de Arsenal, que dirige a los gunners desde 1996 y en la temporada anterior cortó una sequía de nueve años sin trofeos al levantar la FA Cup.
Mourinho se mantiene como estandarte del debate ideológico que lo enfrenta con Guardiola (18 títulos en 7 años). Estilo directo contra posesión. Contraataque vs. ataque posicional. Los iguala la ambición y la capacidad de liderazgo para dirigir planteles con figuras. Los distancian las decisiones que toman a la hora de armar un equipo. Basta un ejemplo: el portugués adelanta zagueros para que ejerzan de volantes centrales. Pep reconvierte esos mediocampistas en zagueros (Mascherano).
Para la final en Wembley, Mourinho debía tapar el hueco que en la zona media le dejaban las bajas de Matic y Mikel. Lo hizo con el francés Zouma, un juvenil y fornido defensor central de 1,87m y 85kg. "Es nuestro nuevo Desailly", lo elogió tras el triunfo. En su cabeza también rondaba la idea de ganar más recuperación y rigor físico para que Tottenham no lo sorprendiera como lo hizo el 1° de enero, con un 5-3 por la Premier League. La fórmula de agregar otro zaguero al medio campo ya la aplicó con Pepe en Real Madrid y David Luiz en Chelsea. Ante la disyuntiva, Mou recurre al músculo y la pierna larga. Con su método se convirtió en uno de los técnicos menos mentiroso para los dirigentes.


