La vuelta de Maxi Rodríguez, lo mejor en el amistoso que Newell’s le ganó a Vélez

La Fiera volvió a jugar en su casa, ante el Vélez de Heinze, otro emblema del club rosarino; sus hijas lo acompañaron
La Fiera volvió a jugar en su casa, ante el Vélez de Heinze, otro emblema del club rosarino; sus hijas lo acompañaron Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Carlos Delfino
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19 de enero de 2019  • 23:59

Un partido de pretemporada puede servir para estirar los músculos, consolidar ideas, evaluar rendimientos y probar variantes. O, como en el caso de Newell’s vs. Vélez Sarsfield, ayer en el estadio del Parque Independencia, para que los hinchas del conjunto rosarino vuelvan a soñar, más allá de un resultado. El triunfo por 1-0 (gol de Víctor Figueroa) es lo que menos se festejó en el amistoso, porque el eje estuvo en el segundo regreso de Maxi Rodríguez, un emblema del club que después de alejarse por un año y medio (y consagrarse bicampeón con Peñarol en Uruguay) pegó la vuelta a lo que él llama "su casa". Así lo vive.

"Volver al Coloso es muy especial; tengo sensaciones muy lindas. Lo más importante es que el equipo se empiece a encontrar para llegar a la reanudación del campeonato de la mejor manera", expresó La Fiera, que el 2 de este mes cumplió 38 años. Ese regreso de los partidos por los puntos será el próximo domingo, en esa misma cancha, frente a Boca, por la 16ª fecha de la Superliga.

"El año pasado no fue bueno, las cosas se hicieron muy mal. Hay que enfocarnos en sacar muchos puntos, en mirar lo nuestro, hacer las cosas bien sin mirar a nadie más que a nosotros. Hay que reaccionar a tiempo para no seguir sufriendo", profundizó Rodríguez, en su diálogo con ESPN. No es solo eso. Su hambre competitiva y el amor por la entidad le hacen olvidar aquellas amenazas que recibió él y su familia en 2015 que pasaron de las pintadas a las balas al frente de la casa de su abuela, en vísperas de un clásico con Rosario Central, y lo llevaron a cambiar de aire por un tiempo cuando se terminó su contrato. Desgastado y estresado, se fue llorando cuando hizo aquel anuncio. Pero siempre quiso que sea en Newell’s su retiro. Y que haya algo más para festejar luciendo la vestimenta rojinegra.

Ayer, en lo previo y luego del pitazo final pareció un partido tributo, que incluyó la entrega de un cuadro con la camiseta con el número 11 y su nombre. Pero en los 90 minutos Maxi demostró que está para seguir generando buen juego y mostrarle el camino a sus compañeros, más allá de lo que represente su voz como capitán.

En su primer partido formal de este tercer ciclo en Newell’s, Rodríguez jugó 86 minutos. Poco antes de ser reemplazado tuvo la más clara de sus intervenciones frente al arco, cuando su remate cruzado de derecha salió muy cerca del palo.

El duelo de verano tuvo un condimento extra, con la presencia del otro lado de Gabriel Heinze, otro emblema del conjunto rosarino, hoy en su rol de conductor de Vélez. Entre ellos hubo abrazos, en un par de oportunidades, y alguna broma y sonrisas cuando el delantero fue a saludar a cada uno del cuerpo técnico de El Fortín instantes antes del comienzo del encuentro.

Entre ellos está el recuerdo de otro abrazo, mucho más especial, el del 10 de mayo de 2014, la tarde que Heinze se retiró, con la camiseta de Newell’s, y su compañero Maxi ingresó en el segundo tiempo, y convirtió y le dedicó el último gol, el del 4-2 a All Boys.

El gol de Figueroa

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