Nicolás Domingo: "Como mínimo tenemos que llegar a la final de la Copa de la Superliga

Nicolás Domingo, uno de los jugadores más queridos por los hinchas de Independiente
Nicolás Domingo, uno de los jugadores más queridos por los hinchas de Independiente Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Rodolfo Chisleanschi
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4 de abril de 2019  • 23:59

"¡¡¡Número 5, Nicoláaas Domingo!!!", dice la voz que anuncia la alineación de Independiente en el Libertadores de América, poniéndole énfasis al nombre y apellido porque sabe de antemano la respuesta. El aplausómetro sube entonces varios decibelios, hasta marcar el punto más alto entre los once que suenan por los altavoces. No hay discusiones, no hay debate. El exigente público de Independiente hace rato que eligió como uno de sus abanderados a este hombre que habla y piensa claro, que irradia pasión en cada pelota disputada, y que el hincha reconoce como uno de los suyos. "La verdad es que estoy feliz en este club, muy comprometido. Disfruto mucho de venir día a día a entrenar, de defender la camiseta. Ojalá pueda quedarme muchos años. No me gusta mirar tan lejos para no descuidar el ahora, pero me encantaría", dice Nicolás Domingo.

-Saliste de River casi por la puerta de atrás hace dos años, ¿daba para vaticinar que ibas a convertirte en referente en tan poco tiempo?

-Yo creía en mí y tuve la suerte de llegar a un equipo que sabía lo que quería, que era intenso, que tenía una línea de juego definida y en la que pude desarrollar dos de mis mayores virtudes: el mano a mano y la presión en campo rival. Fue el combo justo. Encima, a los seis meses ganamos la Sudamericana en el Maracaná, y todo tuvo una notoriedad mucho mayor.

-¿Estás viviendo el mejor momento de tu carrera o solo es que recibís más reconocimiento?

-Estoy en un momento importante y la magnitud del club lo transforma en más importante. He tenido otros momentos buenos, en River, en Banfield... pero lo que se hizo acá, la noche del Maracaná, el título, el partido que hicimos contra Gremio por la Recopa con un hombre menos, le dan otra trascendencia.

-Unos minutos de charla y ya volviste dos veces al 2017. Qué equipazo era aquel, ¿no?

-Síiii... Por ahí los partidos arrancaban parejo, o creábamos situaciones y no las concretábamos, pero sabíamos que a la larga acabábamos demoliendo a los rivales. Era un gran equipo, jugaba con intensidad, presión alta constante, te desgastaba, iba, iba todo el tiempo. Éramos como un boxeador que te va trabajando y en el round 11 o 12 el rival no quiere más.

-¿Y después qué pasó?

-Que nosotros cambiamos. Se modificaron las características de los jugadores y pasamos de ser muy directos a privilegiar más la tenencia; de jugar casi siempre con dos volantes de marca y cuatro delanteros a hacerlo con dos internos de buen pie y con llegada. De todos modos, las cosas te las acaba marcando el resultado final. Aunque el camino no sea parecido, si lográs el mismo resultado termina siendo importante igual.

-Pero no volvieron a lograr los mismos resultados.

-En 2018 tuvimos muy buenos momentos pero nos faltó concretarlos con un éxito más importante. Ganamos la Suruga, pero al lado de pelear el campeonato o la Libertadores parece menos.

-También les faltaron otras cosas. En 2017, Independiente creaba 12-15 chances de gol por partido. Después eso pasó muy pocas veces.

-No logramos conseguir un equilibrio entre aquel equipo vertiginoso que jugaba siempre a un ritmo acelerado y este que es más pausado. Pasamos de la velocidad constante a una tenencia por demás. La tenencia nos vale para controlar el partido, pero necesitamos volver a ser un poco más verticales para crear 5 o 6 situaciones por tiempo.

-¿En qué medida puede influir que Holan varíe permanentemente de equipo y de esquema de juego?

-Mirá, todos somos jugadores de Independiente y la primera competencia tiene que ser con uno mismo, de crecer, de aprender día a día e intentar superarse. Más allá de un once o de un esquema todos entrenamos de la misma manera y cada uno sabe la función que debe cumplir en los dos o tres sistemas que solemos entrenar y jugar. Creo que es un beneficio que el entrenador tenga cada fin de semana la posibilidad de elegir la mejor manera de intentar ganar los partidos.

Los ojos claros de Nico Domingo miran fijo y se encienden cuando el tema es fútbol puro. En cambio, con las cuestiones periféricas el 5 del Rojo prefiere la pisada, la gambeta y la salida hacia zonas más despejadas. Como cuando se le pregunta por las persecuciones arbitrales, políticas o de otro tipo que cada tanto denuncian los dirigentes del club o esboza Ariel Holan -"Los futbolistas estamos muy lejos de eso. En la Sudamericana que ganamos también recuerdo fallos en contra y nos sobrepusimos. Nosotros tenemos que enfocarnos en lo deportivo, levantar el nivel y no enroscarnos con las cosas de afuera", dice-; o si se plantea la marcha de Gigliotti: "Así es el fútbol argentino. Cada semestre se van cinco o seis jugadores. Hay que adaptarse y tirar para adelante con los compañeros que están en el vestuario". En tal caso, nada más saludable que seguir jugando.

-¿Son conscientes de que en torno al equipo, a Holan y a algunos jugadores empieza a levantarse una ola crítica que no existía hace unos meses?

-Por su historia Independiente exige, y no estamos cerrando una buena Superliga. El club está ordenado, crece cada día y se trabaja con tranquilidad. Entonces los jugadores tenemos que hacernos responsables y ser autocríticos para corregir y dar un paso adelante. Cuando se es crítico y realista con uno mismo ni siquiera hace falta la crítica de afuera.

-¿Y qué conclusión sacan de la autocrítica?

-Que tenemos que mejorar en las dos áreas. Esto no significa que el medio campo esté ajeno, pero pongamos el ejemplo de los partidos de este año contra River y Racing, dos de los mejores equipos del país. En la estrategia, la táctica, la intensidad o la posesión por momentos superamos a los dos. Con Racing creamos 6 o 7 chances claras y con River, 4 o 5. Pero esos partidos se ganan o pierden por detalles, y nosotros los perdimos por detalles en la definición o por distracciones atrás.

-¿Fueron solo cuestiones técnicas individuales?

-Hemos cometido fallas tácticas o técnicas, pero todo parte de la concentración. Cuanto más en foco estás más acertadas serán las decisiones que tomes, ya sea sacar la pelota del estadio o definir a un palo. Y después está el tema de las expulsiones. Hemos dado la ventaja de jugar demasiados minutos con uno menos en este torneo.

-El diagnóstico parece estar, ¿y la solución?

-Ahora hay que clasificarnos para la Sudamericana del año que viene y como mínimo tenemos que llegar a la final de la Copa de la Superliga. Para lograrlo necesitamos mostrar nuestra mejor versión. Hay una parte en el proyecto de Independiente en la que nos toca entrar a los jugadores siendo profesionales e inteligentes y asumiendo nuestro compromiso con el club. Ninguno de nosotros está cómodo por no ganar.

Consejos con la madurez de un veterano

Más allá de los 30 años el jugador de fútbol supera una frontera y se supone que comienza una etapa en la que debe recoger los frutos de todo lo aprendido desde que se asomó a Primera División. Abundan los ejemplos para ratificar la sospecha, sobre todo si hablamos de volantes centrales. Ahí están entre nosotros los casos de Leo Ponzio, Pablo Guiñazú, Rodrigo Braña, el Pichi Mercier y varios más. Nicolás Domingo (quien el 8 de abril cumplirá 34 años) también reclama su sitio en la lista.

"Hoy por hoy veo más cosas adentro de la cancha, me ubico mejor, no necesito suplir los errores con el esfuerzo porque estoy mejor parado y corro menos. En mi posición la experiencia y la madurez son fundamentales", explica un futbolista que tuvo tres etapas en River, que fue subcampeón de América con Peñarol -"La perdimos contra el Santos de Neymar", recuerda- y se fue haciendo mayor en Banfield.

"La madurez es un proceso", asegura para quien muchos en el entorno Rojo reclaman la cinta de capitán. "En mi caso empezó en Banfield, cuando estábamos en la B Nacional, y terminé de consolidarla en Independiente, porque acá se da una situación muy particular. El club te exige ser protagonista, pelear campeonatos, ganar copas, pero tenemos que hacerlo con un plantel en el que hay gente muy joven. Eso hace uno deba tomar el rol de hablar con los compañeros más chicos, de tratar de ayudarlos en el día a día para que crezcan lo más rápido posible pero entendiendo en dónde están y lo que significa".

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