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La noche ya se derramó en el barrio de La Boca. El ensayo del plantel xeneize, en Casa Amarilla, finalizó hace más de una hora y prácticamente ya no hay futbolistas deambulando en el predio. Sólo quedan Claudio Borghi y su cuerpo técnico. El DT, de 45 años, surge en el hall, fresco, recién bañado, vistiendo zapatillas blancas, jean negro y buzo oscuro. Saluda, se acomoda en un sillón, enciende el primero de varios cigarrillos que fumará durante la entrevista con LA NACION y se suelta, sin misterios.
"No tengo fama de ser un tipo obsesivo en lo que hago, pero lo soy y no me gusta demostrarlo. Nosotros (por el cuerpo técnico) tenemos información de todo lo que pasa en el partido. Somos muy hinchabolas, sabemos cuántos pases hicieron bien, cuántos mal, cuántas veces no pasaron al ataque... No lo difundimos para la gente, lo tenemos para nosotros; es más, algunos jugadores nos piden conocer esas estadísticas. Tengo la posibilidad de ver el partido de reserva, el nuestro y la filmación de la defensa. Es mi laburo. Hay cosas que pensás en cómo solucionarlas cuando te levantás y cuando te acostás. No es bueno que lo vaya contando en todos lados, no es mi estilo; hay gente que sí lo expone y dicen: « Uh, este tipo es un obsesivo » . No es un halago para mí. Mi mujer me lo hace notar también. El otro día, con mi hijo, nos quedamos viendo y comentando todo el partido de Argentinos-Independiente; después fuimos a cenar y en el auto seguimos charlando sobre el partido. Entonces, mi mujer nos dijo: « Me gustaría hablar de otra cosa » . Tengo una obsesión con el fútbol y no puedo dejar de pensar en el fútbol cuando dejo de trabajar. Me encantaría sacarme el mameluco de entrenador, colgarlo y listo, pero desgraciadamente no puedo".
-Dijiste que conocías el famoso mundo Boca desde antes de nacer. Pero desde adentro, ¿qué te sorprendió?
-¿Te contesto rápido? Las boludeces que se dicen. Lo que yo pensé que era noticia deja de serlo y lo que pensé que era una pavada es noticia. Por ejemplo..., acá hay perros y el otro día pensé en levantar uno, pero dije: "No lo voy a hacer porque me van a sacar una foto", pero igual salí en todos lados. Esas cosas me llaman la atención. Algunos no se fijan en si trabajás bien, en si trabajás pelota parada, si no lo hacés.
-¿Y en la calle?
-Uno se acostumbra a esto, algo parecido viví en Colo Colo, que también es un club que está en la sociedad más alta y en la más humilde, y en los dos estratos muestran el mismo sentimiento, una cosa muy rara. Yo no podía salir a todos lados. Mi mujer hace 25 años que vive conmigo y cree que sí puedo hacerlo. Pero hay lugares a los que ya no puedo ir, porque si ganamos me rompen las bolas y si perdemos, lo mismo. Pero sí debo agradecer que nadie me faltó el respeto en la calle. Me han dicho "Tenemos que ganar" . Y les he respondido: "Ya lo sé" . En la cancha, el otro día, si bien no escuché a todos, no hubo falta de respeto.
-¿Alguna vez sacaste una idea de alguien que te dijera algo en una peluquería, una pizzería...?
-Sí, sí, hay gente que ve muy bien el fútbol. Ustedes son un ente muy importante en el fútbol. Una persona va a la cancha y cree haber visto jugar bien a Borghi, pero después lee el diario que dice lo contrario y se queda con lo que ustedes dicen. Muy poca gente puede mantener su pensamiento, muchos piensan que los otros saben más que ellos. Yo trato de tener mucha información porque hay gente que ve bien el problema. Desgraciadamente no vemos las mismas cosas en un partido. Hay veces que la pelota está allá y nosotros miramos para allá y alguien que me ve puede decir: " ¿Para dónde mira este bo..?". Y yo estoy mirando cómo quedó parada la defensa, quién marca, quién no.
-En Boca, paciencia es lo que falta...
-Ojalá pudiera hacer como los médicos con las embarazadas, que sacan la tablita y te dicen cuándo nacerá el hijo. Ojalá pudiera decir para tal fecha Boca va a andar bien. Hay rendimientos que tienen que ser inmediatos. Y vos estás compitiendo con la historia de Boca. Las comparaciones son odiosas, pero inmediatas. Compito contra Bianchi, Lorenzo, Ischia, Russo, Basile..., y es lógico que así sea.
-Se habla mucho de la famosa línea de tres defensores, pero en los últimos dos años Boca jugó con línea de cuatro y no pasó la mitad de la tabla de posiciones.
-Exacto. No voy a cambiar de pensamiento por las críticas de la gente. Yo llevo algunos años como entrenador y me ha ido más bien que mal con ese sistema. En Argentinos también utilicé ese esquema, y eso que los primeros resultados no fueron buenos.
-Esta es una época política en Boca y pesa mucho en el día a día. ¿Te advirtieron sobre ello?
-Me tocó en Independiente un momento político, la elección de Julio Comparada contra Noray. No me corresponde meterme en política porque no sé. No puedo hacerme el ignorante y decir que no lo sabía. Sé que hay elecciones, que puede haber varias listas, que dentro de la misma comisión hay gente que piensa distinto..., sí, lo sé. Lo que descarto es que toda la gente que estuvo de acuerdo con que yo viniera, me apoye.
-Otra cosa que no podés ignorar es la división pública entre Palermo y Riquelme, que terminó siendo perjudicial para el equipo.
-Estando adentro puedo decirte que muchas cosas que salen no son verdad. Todos opinan por lo que escuchan y leen; es más, estando yo en Argentinos me llegaba información de lo que pasaba, y cuando esto ocurre vos llegás con los tapones de punta. Acá hay un error. Hagan la cuenta, jugué en 15 clubes, con un promedio de 30 compañeros por club, ¿cuánto da? Casi 500 tipos. Si me preguntás de cuántos soy amigo, te digo que de tres, cuatro, cinco. ¿Ustedes salen a comer juntos? No todos tienen que tener el mismo pensamiento, el mismo color o idea política. Cuando eso empieza a influir en el plantel, algo hay que hacer. No sé si son amigos, pero tampoco veo que se peleen.
-¿Hacía mucho que no festejabas un gol? Contra Racing lo hiciste.
-Hay un jugador que nunca gritaba los goles: Bochini. Yo tampoco gritaba los goles cuando jugaba. Empecé a gritarlos cuando mis compañeros lo festejaban más con la hinchada que conmigo, después de empujarla tras un pase mío. El otro día, el de Viatri, lo grité mucho, porque era el primero en la Bombonera. Tengo sentimientos?, aunque no parezca. A los únicos que les demuestro mis sentimientos son a mis familiares. Soy bastante llorón. El gol es sentimiento puro, es como un orgasmo, se grita..., aunque hay gente que no lo grita (sonríe).
-¿Cuáles fueron las tres decisiones más importantes que tomaste como DT y que más te costaron?
-La principal, echar a un jugador, pero no me refiero al rendimiento, porque vos tenés que tomar decisiones futbolísticas. Me refiero a sacarlo por una inconducta. Es lo más difícil de hacer.
La segunda decisión es dejar un lugar. Estuve en Colo Colo, en Argentinos, yéndome bien de los dos lados. He cumplido etapas. Fundamentalmente es una inversión en tiempo, yo aprendo todos los días. Me imagino que a los 70 años voy a tener menos cosas que aprender que ahora.
Y la tercera, en la vida, es dejar a mi familia y venirme a probar suerte. Yo lo hablaba con mi mujer y decíamos lo difícil que habrá sido para nuestros abuelos inmigrantes tomarse un barco y venir a un país desconocido, pero sin plata, sin dinero, sin nada. Y hoy, con todos los adelantos tecnológicos, a mí me cuesta separarme de mi familia..., es durísimo. Reconozco que ahora cuando se fue mi hija se me cayeron las lágrimas. Acostumbramos hablar todo en familia y coincidimos en que en el caso del matrimonio era imposible seguir viviendo de esa forma, con ella en Chile y yo en Buenos Aires.
Fijate mi carrera, yo nunca pasé muchos años en un lugar y nunca me echaron de ningún lado. Cuando no se cumplen los objetivos uno se va.



