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Ya no hace falta buscar palabras medidas cuando suceden cosas como las que se vivieron anoche en el estadio Libertadores de América. Directamente fue una locura la agresión sobre Martín Silva, que algunos asistentes de Independiente intentasen esconder la piedra que recibió el arquero uruguayo y que el árbitro brasileño Wilson Seneme haya permitido que el partido continuase como si nada hubiese pasado. Es absolutamente inaceptable que un hincha de Independiente haya hecho algo semejante, con el riesgo añadido de que su equipo pudiese perder el partido, aún cuando lo estaba ganando por 3 a 1.
Todo sucedió demasiado rápido. La secuencia fue desesperante, porque el arquero Silva llegaba a su arco cuando recibió el impacto de una piedra que salió desde la tribuna sur baja. Nadie sabía que había pasado, sólo que el guardavalla se tomó la cabeza y salió corriendo desesperadamente hacia su propio banco de suplentes y allí se desplomó. Lo asistieron de inmediato y el médico del plantel charrúa, Pablo Repetto, advirtió del profundo corte que tenía el capitán. Incluso, se preparó la ambulancia por temor a tener que trasladar al arquero hasta un hospital.
La escenografía que acompañó la acción resultó lamentable. Los jugadores de Independiente calentando para distraer la atención, Mohamed cerca del lugar donde asistían a Silva atento a una posible suspensión del juego, un grupo de asistentes de los Rojos corriendo hasta donde recibió la agresión el guardavalla para sacar y esconder los restos del cascote, algunos dirigentes del equipo de Avellaneda dentro del campo por temor a que se decrete el final del partido... Desde lejos, el árbitro brasileño Seneme miraba todo.
Mientras se esperaba la lógica suspensión del encuentro, porque la gravedad de lo sucedido así lo ameritaba, todo se dispuso para continuar con el show. Quizá porque se alcanzó a ver que Silva quería seguir dentro del campo: "Dame otro buzo", dijo el arquero que estaba todo ensangrentado.
Fueron casi 15 minutos de tensión, que para el árbitro del encuentro parecen haber pasado dentro de los parámetros lógicos del un partido de fútbol. Silva regresó a cubrir su arco, con la cabeza envuelta con una venda especial, y la vergüenza fue total. Bajaron aplausos desde todos los sectores que ocupaba la gente de Independiente, incluso, desde el sector desde donde salió la piedra que lastimó al arquero de Defensor. "Lo peleamos hasta el final, pero no nos alcanzó. ¿Cómo tomé los aplausos de los hinchas cuando fui al arco? Son los mismos que aplaudieron cuando me pegaron el piedrazo", dijo Silva, con alta carga de ironía en su mensaje, segundos después de haber quedado eliminado del certamen.
Al menos, ya en los vestuarios, Antonio Mohamed condenó lo ocurrido: "Es lamentable; es sólo cuestión de puntería..., uno de estos días le van a sacar el ojo a alguien". Igual, nada podrá esconder otro capítulo vergonzoso en una cancha argentina.
Los dirigentes de Independiente informaron anoche, tras el encuentro, que utilizarán las filmaciones de las cámaras del estadio para tratar de identificar al agresor del arquero de Defensor. Además, comunicaron que si el agresor es socio del club, será expulsado.


