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Cada vez que es reemplazado por Guillermo Barros Schelotto lo invade una sensación extraña. Se sabe, el ídolo de Rodrigo Palacio es el 7 de Boca. Y justo él, que en la habitación de su casa de Bahía Blanca mantiene impecable un póster del Mellizo, fue quien lo relegó en la delantera xeneize. Pero cuidado, no le resultó fácil a este muchachito de 24 años ganarse un lugar entre los titulares de Boca. A fuerza de goles y actuaciones deslumbrantes, convenció al entrenador Alfio Basile después de no haber podido seducir a Jorge Chino Benítez, quien prefería a Marcelo Delgado o a Guillermo.
Boca ya era campeón cuando Palacio, autor de un gol y figura ayer ante Independiente, fue reemplazado a los 39 minutos del segundo tiempo. Los aplausos y la ovación lo abrigaron en su trote hacia el banco de suplentes. Luego, Barros Schelotto, su sustituto, se adueñó de las loas.
"Siempre fue mi ídolo y es muy lindo ser su compañero. Acá el reconocimiento es para todos. Estoy contento porque la gente siempre me trató bien", dijo al paso Palacio, ante una ametralladora de flashes que lo indicaban como la gran figura del equipo xeneize en esta nueva consagración.
Todavía está latente el recuerdo de su primera práctica en Casa Amarilla, hace casi 18 meses. La trencita que cae de su cabeza flameaba al viento y su timidez asombraba, como sucede ahora. Pero el tiempo en Boca lo hizo madurar –lo reconoce– y le dio sorpresas.
"Cuando llegué de Banfield tenía la esperanza de lograr un título, pero nunca imaginé que iba a conseguir cuatro. Es una alegría enorme por el esfuerzo de todos los días", señala el joven, que convirtió seis goles en este torneo Clausura.
A su lado, eufórico, el DT Basile brindaba su impresión de este plantel, que bajo su dirección obtuvo ya cuatro campeonatos. "Todos los jugadores son bárbaros. Y Palacio es un crack", elogió el técnico.
Y sí, Palacio se convirtió en una pieza fundamental de Boca. Es una afirmación, es la realidad. Veloz como pocos, hábil para encontrar espacios donde no los hay, su picardía y alegría adentro de una cancha lo hicieron un jugador diferente, con características particulares, tal como señala Basile.
Para el delantero xeneize, Boca fue campeón "por ser un grupo unido, lo más importante en un equipo de fútbol", según su consideración.
La llegada a la entidad de la Ribera le abrió el camino a nuevas oportunidades. Su nombre repercute cada vez que el mercado de pases europeo sale a la caza de nuevos talentos. Juventus, de Italia, quiso exportar sus gambetas, pero desde la dirigencia del club decidieron mantener a Palacio hasta que finalice su contrato, en junio del año próximo.
"Yo vivo y disfruto del presente. Pienso cumplir el acuerdo que tengo con Boca hasta el año que viene. No decido sólo yo, aunque si el club quiere que me quede, lo haré porque estoy muy cómodo y feliz acá", señala al ser consultado sobre su futuro. Está claro, Boca es como su casa.
A Palacio lo desvela ser parte del plantel argentino en el mundial de Alemania. A una semana de que el DT José Pekerman defina los 23 jugadores, su nombre repercute fuerte para integrar la lista. El, entusiasmado, se mantiene al margen de las especulaciones, aunque admite: "Tengo la confianza de estar en el Mundial, pero mi caso está difícil. Hay muy buenos delanteros en el seleccionado. Algún día voy a estar, ya me tocará. Ojalá sea ahora; si no voy a alentar desde acá".
En medio de los incontenibles festejos de algunos jugadores, Palacio se mantiene calmo, sin dejarse vencer por la euforia. Cae como lluvia sobre su cabeza papel picado y unas cuantas serpentinas verdes que arrojan divertidos los utileros de Boca en el acceso al vestuario visitante de la cancha de Independiente. Ya dentro del camarín, alejado de las cámaras y de los flashes, canta, salta y acompaña a la sinfonía que vibra con este nuevo título xeneize. Se lo ve feliz, radiante, alegre como nunca. El dice que disfruta el doble por el esfuerzo que significa entrenarse todos los días. Y claro, a puro empeño, por su afán y sacrificio, es una amenaza latente para heredar la idolatría de Guillermo Barros Schelotto.
Abbondanzieri y un festejo muy particular. En lo más alto del alambrado. Allí, rodeado de hinchas de Boca, Abbondanzieri festejó su título catorce en el club. Luego, levantó sus brazos ante la gente de Independiente, lo que provocó cierto malestar. El arquero, que seguiría su carrera en Basel, de Suiza, opinó: “Lamentablemente en la Argentina no se puede dar la vuelta feliz, tranquilo.”



