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Para Pablo Lunati era el partido de sus sueños, pues además de tratarse de un River-Boca, a él le llegó en los últimos momentos de su carrera, pero seguramente pudo disfrutarlo a pleno. Estuvo muy concentrado en los noventa minutos de juego; desde el arranque intentó controlar el partido sobre la base de su experiencia para valorar cada una de las situaciones que se le presentaron; apenas iniciado amonestó correctamente a Sánchez Miño, con lo que marcó claramente cuál sería su límite a la hora de castigar el juego brusco. Amonestó más de lo habitual, pero evidentemente no quería que se le escapara ningún detalle. No toleró las simulaciones y esto no sólo lo llevó a amonestar, como en el caso de Acosta, sino que también le permitió darle continuidad al partido. Expulsó correctamente a Falcioni por ingresar un minuto tarde. Manejó, tal cual es su estilo, el conflicto que se produjo entre Somoza y Mercado tomando rápida intervención y amonestándolos una vez finalizado el incidente. Sancionó correctamente el penal que le cometieron a Viatri, aunque me dio la impresión de que cuando Silva se desprendió del balón, éste se encontraba un paso adelantado. Me pasó después de aquel primer River-Boca lo de llegar a mi casa y disfrutar con mi familia la sensación de haber estado a la altura de uno de los partidos mas importantes en el mundo; creo que Lunati tendrá la misma satisfacción. Más allá de que siempre puede aparecer alguna crítica, tendrá la sensación del deber cumplido y pensará que nunca es tarde para tener este reconocimiento en su carrera.
Cuando González Pirez le cometió el penal a Acosta, el defensor Bottinelli, de River, no estaba en el campo y los auxiliares locales hacían desesperadas señas para que lo dejaran reingresar. ¿Qué corresponde reglamentariamente? Quien sale por lesión puede recibir la orden del juez de volver mientras la pelota está en juego, siempre y cuando la jugada no transite por esa zona; en el caso de cambio de indumentaria, debe esperar una interrupción del partido para volver.
Buenas y malas. Patricio Loustau dirigió San Lorenzo-Quilmes, un partido difícil tanto por las resoluciones técnicas como disciplinarias; entre sus aciertos, entendió como casual la mano de Lema en el área y la sanción del penal por falta de Bufarini a Mansilla. En lo disciplinario, un error fue no expulsar a Migliore, quien aplicó un cabezazo que, aunque leve, es una conducta violenta. Correctamente expulsados Bufarini y Lema al final del partido, aunque hubo otro error, esta vez del asistente Barbieri, quien sancionó posición adelantada en una jugada que terminaba en gol para San Lorenzo. Para repudiar: las agresiones a los árbitros al final. Esperemos que se hayan informado como corresponde y que existan sanciones ejemplificadoras.
Fue decisivo. Era sencillo: tiro libre hacia el área de San Martín de San Juan y dos jugadores adelantados de Rafaela que intentan ir en búsqueda del balón. El asistente Francisco Noguera correctamente levanta su banderín sancionando la posición adelantada. La ubicación de los jugadores era motivo suficiente para invalidar la jugada. El árbitro debe juzgar cuando parte el balón. Landa cabecea y marca un gol en contra y lo convalidó erróneamente. ¿Qué le fue a preguntar Pitana al asistente? No había motivo para recurrir a él. Era un partido sencillo y el grave error del árbitro lo complicó.
Desaciertos. Sergio Pezzotta dirigió Vélez-Racing y no tuvo una buena actuación: en principio, no sancionó una infracción a Ferreyra dentro del área y después lo amonestó por simular; también debió expulsar a Cubero por un codazo a Centurión y se quedó corto con las tarjetas amarillas.

