Para Javier Saviola, Marcelo Gallardo ya está en la cima y defiende a Lionel Scaloni como DT de la selección

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Cichero /AFV
Cristian Grosso
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27 de diciembre de 2018  • 23:59

Siente que desde lejos la mirada pierde valor, pero no se perdonaría hacerse el distraído. "Hace casi 20 años que no estoy en la Argentina y soy el menos indicado para hablar, pero me encantaría que la gente pueda vivir bien, dignamente, venga el gobierno que venga". Javier Saviola se esmera por aclararlo, porque alguna vez sintió que tergiversaron su punto de vista. "No entiendo de política, no me interesa ni tengo preferencias, solo digo que en alguna ocasión quisiera llegar y escuchar a la gente decir ‘estoy bien’, y no digo excelente, digo ‘bien’, al menos".

–¿Ves fútbol argentino?

–Veo mucho a River, pero al fútbol argentino no lo sigo tanto.

–Hablemos de River…

–Estoy feliz de la vida. A los 8 años comencé a conocer cada rincón del club: llegaba a las 7 al colegio y volvía a mi casa a las 8 de la noche. Después de tanto sufrimiento, porque el descenso fue durísimo, esto es la gloria.

–Y de Gallardo…

–Fuimos compañeros en River, también en la selección… y en la última etapa, ya él como técnico, fuimos muy sinceros. Hubo momentos muy lindos, como ganar la Libertadores 2015, pero no terminó como hubiera querido. Me hubiese gustado cerrar la historia de otra manera, retirarme de otra forma, pero solo puedo hablar bien de él. De su respeto y sinceridad. Y cuando vimos que ninguno podía hacer más por el otro, decidimos terminar sin problema ni rencores. Ninguno quería involucrar a River.

–Definilo como técnico.

–Sencillo: gana la Copa Libertadores y al día siguiente ya está pensando cómo hacer para seguir ganando. Por eso le va tan bien: es muy ambicioso.

–En la imaginaria mesa con Ángel Labruna y Ramón Díaz…

–Y sí, él ya es el mejor. Ya está por encima de Labruna y de Ramón. Después de todo lo que ganó, de lo que significa en el club, de cómo lo adoptó la gente... Tiene la sabiduría y cuida las formas. Estará en River el tiempo que quiera, pero también tiene todos los atributos para insertarse en Europa.

Fuente: LA NACION

–Aimar dice que vos fuiste su socio ideal. ¿Qué le respondés?

–En Europa siempre nos buscábamos para jugar juntos. Era difícil. Se dio en Benfica nomás, donde me siento muy querido cada vez que regreso. Con nadie me entendí mejor en una cancha. Con nadie. Cuando Pablo se fue de River, llegué a decir: ‘¿y ahora qué hago?’. Pablo sabía todo, entendía todo. Jugar con él fue como encontrarte en con un hermano gemelo que no sabías que tenías. Fue alucinante. Y pasa lo mismo si nos encontramos en el futsal de Parque Chas, porque vuelven las mismas sensaciones.

–¿Lo imaginabas como técnico?

–Pablo tiene una inteligencia impresionante, piensa mucho. Es callado, pero cuando habla tiene la palabra justa. No sé si me lo hubiese imaginado como técnico, pero con sus conocimientos y sus modos para expresarse, sabía que algo dentro del fútbol iba a hacer. Y me pone muy feliz verlo en la selección, rodeado de chicos.

–¿Está bien Scaloni en la mayor?

–Fue mi compañero y me encanta.

–¿No le falta experiencia?

–No, no creo en esas cosas. Es cierto que es un momento delicado por todo lo que se vivió, y no me refiero solo a Rusia, sino a años de desorganización en los seleccionados argentinos, pero habrá que darle tiempo. Que le tengan paciencia, me gusta que se apueste por gente de selección, como Pablo, como Placente, como Walter.

–Si Messi no fuese argentino, ¿hoy quién sería el mejor argentino?

–Uhhh… Y, el ‘Kun’. Siempre me gustó porque tiene un estilo parecido a como yo jugaba. Me siento representado por él. Él, y tantos más, pertenecieron a una camada increíble. En Europa están mejor vistos que acá, será porque no pudieron coronar con un título su paso por la selección. Creo que hay gente que ni se acuerda que en Brasil jugamos la final del mundo. Sin dudas, en Europa se los respeta más. Y todos comenzaron con José, con una organización. Está a la vista qué es lo que hay que volver a hacer.

–¿Qué te despierta la nueva generación, Lo Celso, Icardi, Lautaro…?

–Sin dudas que hay menos. Antes había una riqueza increíble. Ahora ya no hay dos o tres selecciones.

Del esquiador amateur en los Pirineos a esa selfie con Air Jordan

Todos los días corre una hora, sigue una rutina en el gimnasio, juega al tenis, al paddle, se entusiasmó con el treekking porque está rodeado de montañas y hasta se anima a esquiar. Vivió en Barcelona, Montecarlo, Sevilla, Madrid, Lisboa, Málaga, Atenas y Verona. Ahora está radicado en Andorra la Vieja, entre los Pirineos y a algunas cuadras de la exclusiva avenida Meritxell. Junto con Fernando Redondo y Lionel Scaloni, completó el curso de entrenador en el predio de Las Rozas, en Madrid; juega por el mundo para el equipo de ‘Barça Legends’ y también en el FC Encamp, el campeón de futsal de Andorra. Participa de la nueva FIFA de Gianni Infantino como invitado en los sorteos de las competencias y en los congresos. Javier Saviola tiene 37 años, pero la misma cara aniñada de siempre. Solo la aparición de las canas le recuerda que el tiempo pasa.

Ciudadano del mundo, pasó por Buenos Aires. Esta vez no tuvo que alojarse en un hotel, sino que pudo reinaugurar su casa de siempre, la de la calle Dragones, en el bajo Belgrano, que mantuvo la esencia de aquella infancia pese a que atravesó por profundas reformas.

Para él, viajar es una saludable rutina. Para él y para su familia, porque el fin de año los encuentra en Paraná, la ciudad de Romanela, su señora, junto con los pequeños Julieta, de 5, y Fabricio, de 3.

La madre de Javier, Mary, vive en Madrid. Una ciudad especial, entre tantas, en la vida de Saviola. Allá, prolijamente equipadas en cajas, está guarda su carrera: camisetas, premios, recortes, pelotas y fotos. Y entre las fotos, la preferida: la que le pidió a Michael Jordan en un restaurante de Mónaco. Más temprano que tarde, todo se transformará en un pequeño museo.

–¿Quedaste conforme con tus casi 20 años de carrera?

–Sería un desagradecido si me quejase. He vivido más de lo que soñé. Si me parecía lejanísimo poder llegar a primera entre millones de jugadores..., y además, mi carrera me permitió conocer otras culturas, presidentes, deportistas que nunca imaginé cruzarme.

–¿No te reprochás el paso por Real Madrid?

–No, al contrario. Cuando tomo una decisión, es porque previamente la analicé muy bien y entonces la tomo convencido. Es cierto que tenía una historia muy linda con el Barça, pero ponete un segundo en mi lugar: mi carrera profesional debía continuar, y vino un club como Real Madrid a buscarme, ¿yo le debía decir que no? No podía tener la bola de cristal para saber que iba a jugar poco, pero igual fue increíble estar ahí.

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