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José Omar Pastoriza, entrenador de Independiente y ex jugador del conjunto de Avellaneda durante las décadas del 60 y del 70, falleció ayer, a las 4.30, a los 61 años, en su departamento de Puerto Madero como consecuencia de un paro cardíaco. Sus restos fueron velados en la sede del club y hoy, a las 8.30, recibirán sepultura en un cementerio privado de Rosario. Todo el plantel estará en la ceremonia.
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Ninguna descripción, ni siquiera la más minuciosa, suele ser tan exacta, tan cristalina como su pensamiento. "Uno debe ser respetuoso de la profesión, de la amistad... Hay que enseñarles a los jugadores que cuando un amigo te invita a la casa no hay que mirarle el c... a la mujer. Si no, se pierde todo. Y lo que nunca hay que perder es el respeto. La calle y el fútbol me dieron todo: códigos, manejos..." Bohemio y directo, tal como lo pinta la opinión que le dejó a LA NACION hace ya un par de años, así era José Omar Pastoriza.
Había nacido el 23 de mayo de 1943, en Rosario, y toda su vida se rigió según los preceptos del respeto y de la amistad. Siempre: en la bonanza y en la adversidad. Fue un líder. Su inquebrantable personalidad no le habría permitido otro papel. Todos los respetaron. Incluso aquellos que no estaban de acuerdo con su filosofía, esa que sin titubeos trasladó al fútbol; la misma que les legó a sus hijos, Karina y Javier, y a sus nietos. Recto y tierno a la vez, de gesto duro y de corazón noble.
Pastoriza se forjó en las divisiones inferiores de Central. Cosechó experiencia en Colón, en primera C, y tres años después, en 1964, Racing, en una caprichosa elección del destino, se fijó en él por pedido del DT Néstor Rossi. Luego, por una necesidad económica de la Academia, abrazó la camiseta de los Rojos.
En 1966, Racing recibió dinero más el pase de Miguel Angel Mori. A la par, Independiente contrató a Pastoriza y, sin siquiera imaginárselo, selló un pacto con la gloria. La camiseta roja se le impregnó en la piel; fue una marca indeleble. Sus cualidades saltaron a la vista: panorama, voz de mando y capacidad de juego. Una de sus especialidades fueron los tiros libres con chanfle, capaces de burlar al arquero más elástico.
Los primeros pasos en Independiente fueron como volante central. Luego, con movimientos estratégicos, se adaptó a las necesidades. Supo desenvolverse por la derecha y hasta como armador. La precisión lo ayudó y, por momentos, hasta disimuló ese tranco lento. Bajo su guía, el equipo de Avellaneda dio la vuelta olímpica en 1967, 1970 y 1971, y en la Copa Libertadores de 1972. Europa fue otro desafío y en 1972 emigró a Mónaco. El principado no lo amedrentó; exhibió las mismas virtudes; rápidamente se consolidó como uno de los referentes y su recuerdo aún perdura.
En 1976 regresó de Francia y se sacó los botines a los 33 años. Julio Grondona, por entonces presidente de Independiente, lo convocó y le entregó el buzo de director técnico. Y eligió la práctica antes que la teoría. Fue un referente, convencido de que los grandes equipos debían consolidarse en la unidad y en la solidaridad del grupo, en esas concentraciones amenas y de asados interminables.
Sus ideas se expandieron y ofrecieron resultados inmediatos: ganó todo. Se llevó los laureles en los Nacionales de 1977 y 1978, y en las copas Libertadores y Europeo-Sudamericana de 1984. Recorrió el mundo gracias a la dirección técnica. Brasil, España, Colombia, Venezuela, El Salvador... Su huella quedó en cada lugar que visitó.
El fútbol nacional también le reservó un lugar en Boca (en 1988 tuvo un entredicho con Hugo Gatti y le dio la titularidad a Carlos Navarro Montoya), Talleres, Argentinos y Chacarita. Aunque el fútbol no sólo contuvo sus proyectos, el "Pato" también le dedicó una parte importante a la actividad comercial: se dedicó al rubro gastronómico. En 1981 fue involucrado en un caso de adulteración de nafta. Luego, la Justicia lo sobreseyó.
El adiós lo encontró en plena vigencia, con la ilusión siempre aliada a una camiseta roja.
Fecha y lugar de nacimiento: 23 de mayo de 1943, en Rosario.
Trayectoria como jugador: inferiores en Rosario Central; Colón (1961/63, en la C); Racing (1964/65, 53 partidos y dos goles); Independiente (66/72; 184 partidos y 34 goles); Monaco, de Francia (1972/1976), y seleccionado argentino (1970/72; 18 partidos y un gol).
Títulos: campeonatos de 1967, 1970, 1971 y la Copa Libertadores de 1972 (todos con Independiente).
Trayectoria como entrenador: Independiente (1976/79, 1983/84, 1985/87, 1990/91 y 2004); Talleres (1980, 1992/93 y 2003); Racing (1981/82); Millonarios, de Colombia (1982/83); Gremio, de Brasil (1984/85); Fluminense, de Brasil (1985); Boca (1988/89); Atlético de Madrid (1992/93); Bolívar, de Bolivia (1994); Argentinos (1995); El Salvador (1995/96); Venezuela (1998/2002), y Chacarita (2002/03).
Títulos: Nacionales de 1977 y 1978, torneo de 1983, Copa Interamericana 1976, Copa Libertadores y Copa Europeo-Sudamericana, ambas en 1984 (todos con Independiente)
El vínculo de José Pastoriza con el fútbol trascendió las fronteras de un campo de juego. A principios de la década del 70 alternó su carrera con la actividad gremial y se desempeñó como secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados. Y no pasó inadvertido: fue el principal gestor de la huelga de 1971, que reivindicó la lucha de los jugadores en procura del Estatuto del Futbolista Profesional, logrado unos años después. Esa lucha le cerró las puertas en los clubes argentinos y lo obligó a irse a Monaco, en 1972.
Los recuerdos hacia José Pastoriza surgieron espontáneos. El más sentido, quizá, fue el de Futbolistas Argentinos Agremiados, que difundió una emotiva carta abierta: "Te mando esta carta al cielo, donde encontrarás otros viejos entusiastas luchadores, que bregando por el mismo objetivo, me vieron nacer como sindicato en 1994 [...]"
Las muestras de afecto también llegaron desde la Asociación Argentina de Arbitros, desde Colón -donde jugó en la primera C- y desde la Federación Venezolana.


