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No había opción: para cumplir el objetivo era necesario utilizar la astucia para burlar a la máxima seguridad del planeta, la del presidente Barack Obama. Por protocolo y por seguridad, el presidente de los Estados Unidos no recibe paquetes como regalo. Entonces, en su reciente visita a Brasil, Patricia Amorim, presidenta de Flamengo desde el 7 de diciembre de 2009, consiguió su logro con una mezcla exacta de ingenio y picardía: se acercó al campo de entrenamientos del club que maneja, utilizado como helipuerto por el Marine One en los desplazamientos del mandatario norteamericano por Río de Janeiro, con una remera del equipo más popular de su país puesta, se la sacó y se la dio. La foto de Obama con la casaca con los colores rojo y negro recorrió el mundo la semana pasada...
No es la primera proeza mediática de esta dama que encabeza los destinos de la entidad considerada con más hinchas del planeta, con 32,6 millones de simpatizantes, lo que equivale al 17% de la población de Brasil. El 3 de febrero pasado, Flamengo vivió uno de los días más importantes de su historia: el debut de Ronaldinho. Cuando el brasileño entró en el césped del Engenhão, como es popularmente conocido el Estadio Olímpico João Havelange, inaugurado en 2007 con capacidad para 46.931 personas, los hinchas le regalaron una ovación de varios minutos. El aplauso sólo se detuvo para darle lugar a otro y corear el nombre de una mujer. La gente miró a uno de los palcos y comenzaron a corear: "¡Pa-tri-cia!, ¡Pa-tri-cia! ¡Te amamos!".
Amorim es la primera mujer que conduce Flamengo en sus 115 años de historia. Asumió en momentos delicados para la institución, no sólo por los resultados deportivos, sino por dos hechos que marcaron el comienzo de su mandato: un caso de homicidio (el arquero Bruno Fernandes a una ex pareja) y la acusación a uno de los mejores jugadores del club de tener vínculos con el tráfico de drogas (Adriano). "Esto afectó al equipo y a los aficionados. La gente dejó de asistir a los partidos. Fue una época triste para el Flamengo", rememora hoy la dama de hierro de Flamengo, en un presente mucho más feliz que aquél, cuando en los medios circularon rumores de que algunos miembros del club querían quitarla del cargo.
Pero Patricia, de 42 años, casada con el ex voleibolista Fernando Sihman y madre de cuatro hijos, tiene un perfil netamente competitivo. Sabe lo que es luchar contra las adversidades; sabe lo que es superarse. Cuando tenía tres años, un doctor le recomendó a su madre que inscribiera a su hermana mayor, Paula, en clases de natación para ayudarla con el asma. Patricia quiso imitarla. Dos años después, acompañada por un instructor y un humilde barco de rescate, la pequeña nena de cinco años cruzó nadando la bahía de Guanabara en Río de Janeiro, una distancia de poco más de 1,5 kilómetros. "No estaba ni siquiera un poco asustada", recordó su madre, Tania Amorim.
Pasaron los años y Patricia continuó su historia y se hizo deportista en las piletas de su club, Flamengo. No paró hasta llegar a ser nadadora olímpica. Ya fuera del agua, con 31 años, incursionó en la carrera política y sembró la semilla que luego florecería como presidenta de un club de fútbol. Así, fue elegida concejal en Río de Janeiro, en 2000, y fue reelegida en 2004 y 2008. A pesar de su paso por la política, sus grandes amores fueron siempre el deporte y el Flamengo. La historia estaba escrita y ese sillón de presidenta la estaba esperando.
Con un club resquebrajado, Patricia intentó acomodar las piezas. Para eso se inspiró en sus lecturas de varios líderes de la política mundial, entre ellos Barack Obama. Su libro La audacia de la esperanza es uno de los principales en su biblioteca.
Según Patricia, a partir de la llegada de Ronaldinho, Flamengo se puede convertir en otro Barcelona. El auge de la economía brasileña ayuda a los equipos del país a acercar diferencias con los sueldos que pagan en casa los equipos europeos. "Además, los ingresos del Flamengo se han cuadruplicado desde 2003", según Helio Ferraz, ex titular del club y actual vicepresidente.
Ahora, cuando Ronaldinho ingresa en la cancha, no hay más pedidos a los gritos como "regresá a la cocina" o "andá a cuidar a los niños". "Eso me gritaban el año pasado", confiesa Patricia. Y agrega: "La gente te subestima. Yo logré que no me subestimaran". Otra victoria de la primera dama de Flamengo.
"Ser la primera mujer presidenta del mayor club del mundo es el mayor sueño que cualquier persona puede tener. Me siento una privilegiada". PATRICIA AMORIM
