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Ayer, a los 82 años, falleció Néstor "Pipo" Rossi, ícono de River y símbolo del seleccionado argentino. Sus restos son velados en O Higgins 2842, a pocas cuadras del Monumental. Hoy, tras un homenaje en el estadio de Núñez, a las 9, serán sepultados en el cementerio de San Isidro.
Rossi nació el 10 de mayo de 1925, en Parque de los Patricios, y sus primeros pasos estuvieron acompañados por una pelota de fútbol. De elegante tranco y físico pesado, Pipo Rossi se hizo el dueño de la mitad de la cancha, zona en la que desplegó su oficio, el arte de ser el N° 5 . Se destacó en varias partes, pero sus movimientos dejaron una marca eterna en River.
Sobresalió por su voz de mando ya en sus primeros partidos con los juveniles de Acassuso. La aguda mirada de Carlos Peucelle detectó su talento en la quinta división y su pase al club millonario generó un revuelo: en 1940, la transferencia se hizo por 5000 pesos y marcó un récord por no tratarse de un profesional. Transcurrieron cinco años de espera hasta que llegó el gran salto. En 1945 sobresalió en la Reserva con otros nombres ilustres, como los de Amadeo Carrizo y Alfredo Di Stéfano, y ese mismo año debutó en primera. El 25 de junio reemplazó a Manuel Giúdice en el éxito de River ante Racing por 2 a 0.
Tras un breve período de adaptación, los resultados fueron casi inmediatos. Rossi ganó con River los títulos en 1945 y en 1947. Su aparición fue un gran aporte para la Máquina. Casi todos sus compañeros eran mayores que él, pero Rossi no dudaba en gritarles y ordenarlos. Tanto que, al principio, a muchos les pareció un tanto "irrespetuoso". Aunque esa primera impresión se desvaneció rápidamente ante los ojos de todos. "Era el que ponía las cosas en su lugar", recordaría años después Angel Labruna.
Sus actuaciones le valieron la convocatoria al seleccionado argentino, con el que se consagró en el Sudamericano de Guayaquil, en 1947. Allí, con la camiseta celeste y blanca, se ganó la consideración definitiva y algunos otros motes que lo acompañarían durante el resto de su carrera, como "Patón" o "La Voz".
Su primera etapa en River no le deparó más vueltas olímpicas. Hasta que en 1949 dejó la banda roja y emigró a Millonarios en el recordado éxodo argentino al fútbol colombiano. Fueron años de bonanza deportiva y económica. Junto con Di Stéfano y Adolfo Pedernera lograron el tricampeonato: 1949, 1950 y 1951 y el conjunto fue bautizado como "el Ballet Azul" por su depurada técnica y exquisitas definiciones.
Siempre tuvo en mente un regreso triunfal a River. Y su deseo fue concedido en 1955. Otra vez con Labruna como compañero, más la explosiva aparición de Enrique Omar Sívori, Rossi se consagró tricampeón con los millonarios. La vuelta no pudo haber sido mejor: el éxito también lo abrazó en el seleccionado. En 1957, el conjunto nacional ganó el Sudamericano de Lima con un juego de alto vuelo, en un conjunto integrado por los recordados Carasucias. Entre otros, sus compañeros fueron Omar Oreste Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo, Enrique Sívori y Osvaldo Cruz, una delantera inolvidable que se ganó el respeto eterno en... apenas seis partidos. Rossi no se quedó atrás y la prensa lo llamó "El Patrón de América".
De una gran alegría pasó a una gran decepción, conocida como el desastre de Suecia 58. La Argentina recibió la peor goleada en un Mundial: 1-6 con la vieja Checoslovaquia y quedó afuera en la primera rueda con una victoria ante Irlanda del Norte por 3 a 1 y con otra caída, esta vez ante Alemania, por 3 a 1.
Aquellos más cercanos dicen que era temperamental, pero, al fin, un bonachón . Una anécdota que siempre cuenta José Manuel Ramos Delgado lo describe de manera más cristalina: "En mi primera práctica con la selección le hice un caño a Pipo Rossi. En el vestuario, todos lo cargaban y yo le pedí perdón. El me dijo: No te hagas problema pibe, pero que sea la última vez ".
Dejó River cuando empezó a darse cuenta de que la velocidad del juego comenzaba a ganarle a su claridad mental. Siete goles en 155 partidos fueron su récord en Núñez. En 1959, con la nostalgia a cuestas, llevó su experiencia a Huracán. Se retiró después de dos temporadas, con 54 partidos y un tanto en el equipo de Parque de los Patricios.
La dirección técnica también lo cautivo. Empezó en Huracán no bien se retiró. Enseguida, en 1962, asumió en River, aunque no tuvo el mismo suceso que como futbolista. Paradójicamente, su mayor éxito lo consiguió en Boca, con el que se consagró campeón en 1965. Volvió a la conducción técnica de River en 1974. Como hecho pintoresco, ese año, en un torneo de verano en Mar de Plata, hizo debutar a Daniel Passarella. Como conductor también pasó por Racing, Millonarios (Colombia), Granada (España), Cerro Porteño (Paraguay), Atlanta, Elche (España), All Boys y Colón. También tuvo una breve experiencia en la selección, en 1962.
Aunque su plena identificación con River pudo más. Si hasta algunos todavía escuchan su vozarrón en el medio del Monumental.

