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“El día que venda a Riquelme, compro a Ponzio”. Hace tiempo que la idea daba vueltas por la cabeza de Mauricio Macri, pero el interés se fue acentuando con el transcurso de los días. El presidente xeneize, incluso, hizo público su deseo hasta que en la reunión del miércoles último les informó a sus pares de la comisión directiva que el sueño sería realidad. “En enero o junio próximo, Ponzio se pondrá la azul y oro. Sólo es cuestión de tiempo”, notificó Macri. Después, de acuerdo con un pacto de silencio con Eduardo López, titular de Newell’s, quedaron en negar –por ahora– la transferencia.
El pibe flaquito, de pelo largo, desconoce los entretelones del arreglo entre los clubes, que se concretó tres días después del empate entre Newell’s 1 v. Boca 1, en Rosario. “Ojalá que se dé. Sentí orgullo cuando Macri me elogió, pero hoy quiero pensar en Newell’s. Mientras no haya nada oficial...”, aclara Leonardo Ponzio, y agrega: “No es fácil abstraerse de todo lo que se habla. Que Boca se fije en mí me ilusiona”.
Fuera de la cancha se lo ve más tímido que el tenaz volante central que se hizo patrón de un Newell’s muy joven. “Ya de chiquito era fanático del fútbol. A los cuatro años empecé a jugar en William Kemmis, un club en Las Rosas, el pueblo donde nací. Después, a los 15, me vine para Rosario, a la pensión de Newell’s. Todo por pedido de Roberto Puppo, uno de los coordinadores de las inferiores. Lo importante es que mi familia siempre me apoyó”, recuerda Ponzio, que vive con papá Daniel, mamá Isabel (le dicen Chabela) y su hermana Ayelén.
De Ponzio se destacan, entre otras cosas, el poder de recuperación del balón, su juego ordenado y su remate de media distancia. “Hice pocos goles en primera, pero varios fueron pegándole desde afuera del área”, cuenta. ¿Qué más pudo haber visto la gente de Boca para comprarlo? “Yo soy de meter mucho en los partidos, siempre con buena intención, y nunca bajo los brazos. Nunca doy nada por perdido”, dice Ponzio, que nació como hincha de Independiente, pero que después se fue encariñando con Newell’s. “Siento la camiseta y el fútbol de Newell’s, cómo se vive en la ciudad. Soy parte de esto. Por eso, todavía me queda la bronca por el clásico que perdimos con Central en el Parque Independencia. Fue el primero que perdí”.
Un punto importante en la carrera del volante fue el campeonato Mundial Sub 20 que ganó con el seleccionado de José Pekerman en la Argentina, en julio de 2001. “Fue una experiencia única. Yo no tenía tantos partidos en primera como Coloccini, D’Alessandro o Saviola, pero fue un torneo que festejamos mucho, con el condimento especial de estar con nuestra gente en las tribunas. No todos los días se festeja un campeonato del Mundo y eso fue algo que será muy lindo el día de mañana contárselo a mis hijos”.
La selección también aparece en el horizonte, ya que se lo menciona como uno de los candidatos a ser el futuro N° 5 del equipo de Marcelo Bielsa, junto con Sebastián Battaglia y Esteban Cambiasso. “Me fijo mucho en el Cholo Simeone, en Matías Almeyda; también en Sebastián Verón cuando juega en esa posición”, comenta Ponzio, que siempre jugó como mediocampista central o por el sector derecho, aunque una sola vez, en la reserva, se ubicó como líbero.
“Sueño con terminar bien el campeonato con Newell’s y tener un buen futuro...”, son las últimas palabras de Ponzio. Un futuro que lo espera teñido de azul y oro.
En 1996, Macri y López acordaron el pase de Walter Samuel, pero el defensor se sumó en junio del 97. Lo mismo sucederá con Ponzio. Boca pagará por el volante 1.500.000 dólares por el 50 % del pase y sólo una oferta, de aquí en más, superior a los US$ 6.000.000 dejaría a los xeneizes sin el jugador, aunque con US$ 3.000.000 en sus arcas.



