River campeón. Leonardo Ponzio, de aquel náufrago a capitán del barco que tocó la tierra prometida

River tiene con Ponzio voz de mando dentro de la cancha
River tiene con Ponzio voz de mando dentro de la cancha Fuente: Reuters - Crédito: Javier Barbancho
Claudio Mauri
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10 de diciembre de 2018  • 08:49

Hace un tiempo, Marcelo Gallardo dijo que cuando llegó a River , a mediados de 2014, Leonardo Ponzio le daba el aspecto de alguien perdido en altamar. "Estaba barbudo, demacrado, despeinado, se lo veía mal. Parecía Tom Hanks en la película Náufrago. Y ahora está rejuvenecido, de verdad. Eso provoca el fútbol cuando un jugador toma confianza", expresó el Muñeco. De estar desamparado, Ponzio pasó a ser el capitán del barco que tocó la tierra prometida de otra Copa Libertadores , el que iza las velas y marca el camino por temperamento y compromiso. Es un cabal representante dentro del campo de la filosofía del entrenador, y detrás se encolumna el resto. Por eso ayer, entrenador y capitán, se fundieron en un abrazo en medio de la inmensidad del Bernabéu.

A menos de dos meses para que cumpla 37 años (será el 29 de enero), con el retiro a la vuelta de la esquina, Ponzio ya le puso el mejor broche posible a su carrera en River, el club que lo adoptó como un ídolo sin haberse formado en las inferiores del club. Se ganó el reconocimiento y el afecto eternos de los hinchas a fuerza de sacrificio y del profesionalismo que siempre le salió del corazón y le dictó la cabeza. Alcanzó la estatura de ídolo de estos tiempos. "Soy un hijo adoptivo de River. Estoy en el lugar que quiero, más no puedo pedir", dice quien se formó en las divisiones inferiores de Newell's.

Disputó 12 partidos (923 minutos) en esta Libertadores. En el último tramo, un desgarro y las necesidades tácticas le restaron minutos. Una lesión muscular en Porto Alegre lo dejó afuera de la primera final en la Bombonera. Este domingo en el Bernabéu, estando amonestado y con River 1-0 abajo en el marcador, fue el fusible para una variante ofensiva al ser reemplazado por Juanfer Quintero. Desde dentro o fuera de la cancha, Ponzio grita y ordena, apoya y fomenta espíritu de grupo.

"Tenemos muchos valores para sobrevivir a las adversidades y a los contextos de maldad. Este grupo sabe enfocarse en la vida y el deporte. Demostramos en la cancha que somos superiores. Marcamos una época como grupo, que se resalte eso es muy importante. Ahora a disfrutar, con los nuestros y con la gente que se quedó en la Argentina, que se merecía esto y mucho más", fueron sus primeras palabras sobre el césped del Bernabéu.

Con 12 títulos alcanzó la línea de Leonardo Astrada y queda a cuatro de los más ganadores de la historia: Ángel Labruna, Ricardo Vaghi y Bruno Rodolfi, con 16. El hincha de River no solo ve en este Ponzio a un honorable gladiador veterano en épocas pródigas para el club, sino también al que atendió el llamado en la peor hora, cuando había que sacar inmediatamente a River de la B Nacional. El volante había sido campeón con River en el Clausura 2008 y a fin de año se fue a Zaragoza, donde quedó involucrado junto con otros futbolistas en una causa judicial por un partido sospechado de soborno. A mediados de 2011 aceptó la convocatoria de poner el hombro para conseguir el ascenso. Su entrega por la causa quedó grabada cuando ni una hemorroide que le agrandaba una mancha de sangre en el pantalón lo sacó de la cancha. El pacto sentimental con el hincha estaba sellado.

La fiesta de River

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En más de 100 años de historia, River tiene cinco futbolistas bicampeones de la Libertadores. Uno es Ponzio, junto con Jonatan Maidana, Camilo Mayada, Gonzalo Martínez y Rodrigo Mora.

12 son los títulos de Ponzio con River. Igualó a Leonado Astrada y quedó a cuatro de los 16 de Labruna, Vaghi y Rodolfi, los más ganadores de la historia como jugadores

Cuando Gallardo se refirió a su aspecto de náufrago lo ubicaba en la época en que Ramón Díaz no lo tenía en cuenta porque su volante central era Cristian Ledesma, que se fue de River junto con el Pelado cuando este presentó la renuncia tras ganar el Torneo Final 2014. Con la llegada del Muñeco se le abrió un horizonte. No le faltaron competidores por el puesto. Desde las inferiores empujó Matías Kranevitter, con quien terminó formando un doble pivote cuando Pisculichi fue quedando al margen. También asomaba desde abajo Guido Rodríguez, de buena técnica. Con Matías Almeyda había tenido continuidad Ezequiel Cirigliano. Como refuerzos se incorporaron Iván Rossi, Nicolás Domingo y Joaquín Arzura. Ninguno le pudo quitar el puesto a Ponzio, mientras ahora pide pista el pibe Santiago Sosa (19 años).

Disputó el partido 301 con la camiseta de River. Veinte de ellos contra Boca, al que le convirtió dos goles. El oriundo de Las Rozas (Santa Fe) es protagonista importante en este ciclo de supremacía sobre Boca , acentuada en los cruces internacionales y finales. El primer hito fue en la Copa Sudamericana 2014, cuando Ponzio, de alguna manera, comandó un estilo de pierna fuerte y presión para eliminar al Boca de Arruabarrena, que no se callaría la permisividad que mostraron los árbitros. Un año más tarde, en la serie por la Copa Libertadores, otra vez le haría sentir el rigor a Boca en el Monumental y en la revancha fue uno de los más afectados por el gas pimienta que obligó a la suspensión del partido.

Ponzio es el emblema del River de Gallardo
Ponzio es el emblema del River de Gallardo Fuente: Reuters - Crédito: Juan Medina

Cuando vuelve a su pueblo natal se desconecta de todo, le gusta subirse a un caballo y entremezclarse con los peones en las tareas del campo. Nunca olvidó sus orígenes ni los principios que lo formaron. "Mi ejemplo era mi viejo trabajando, no mi viejo esperándome en una tribuna para ver si llegaba a primera división", expresó hace unos meses en una entrevista con Página 12.

River se nutre de Ponzio y también aprendió a sostenerse sin él en instancias cruciales. Cuando un desgarro lo marginó en el primer tiempo de la segunda semifinal ante Gremio en Porto Alegre, River pudo sentirse más desprotegido. Lo mismo que en la primera final contra Boca. Ese domingo fue uno más acompañando al plantel hasta la Bombonera. Una palabra, una indicación, un consejo suyo también hace a la preparación de un partido. Ejerce como una especie de tercer ayudante de campo de Gallardo, después de Matías Biscay y Hernán Buján. En estas horas insiste con un punto de vista: "Nosotros nunca ofendimos al rival con las declaraciones. Solo éramos rivales dentro de la cancha, no queríamos sacar ninguna otra ventaja", dice, quizá en alusión a los dichos de Benedetto y Tevez a la salida del Monumental,donde irónicamente sugerían que la Conmebol le diera la copa a River sin jugar la revancha.

El retiro está cada vez más cerca, muy probablemente dentro de seis meses, mientras el Mundial de Clubes aparece a la vuelta de la esquina. Por ahora no lo atrae seguir ligado al fútbol como entrenador, pero sí en el seguimiento y detección de jugadores promesas. Hace rato dejó de ser un náufrago, es uno de los timoneles de la felicidad más grande que haya experimentado River en muchísimos años.

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