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Fin de año, época de premios. Se corona a los más destacados en el fútbol mundial. Nada nuevo bajo el sol: otra vez gana un brasileño. Ronaldinho se lleva todo. Es justo, tan justo como doloroso. ¿Porqué nunca un argentino? Ni siquiera cerca. Lo primero que hay que aceptar es que ellos son mejores. Punto. Tampoco hay que perder de vista que los trofeos individuales, por lo general, se los quedan los que, además, fueron campeones colectivamente. Hace mucho que no ganamos algo importante.
Después, pensemos si tenemos algún futbolista que pueda darle pelea. Es difícil, pero no perdamos la autoestima. Hoy por hoy nuestro mejor exponente es Juan Román Riquelme. Un talento diferente. No tiene la explosión, la gambeta ni la velocidad de Ronaldinho. Pero es capaz de encontrar en su mente la mejor solución estratégica para su equipo, Villarreal, que lo tiene como única estrella y le permite hacer lo que quiere. Todos juegan para él. Y él responde, no falla.
Las carreras de Ronaldinho y de Riquelme tuvieron un punto en común. Coincidencias que pueden sorprender. Ambos reaccionaron de maneras distintas y los resultados están a la vista.
Cuando Román llegó a Barcelona se encontró con un DT especial, el holandés Louis van Gaal. Lo mandó a jugar de wing izquierdo (extremo, como dicen los españoles). Riquelme se encontró desorientado. Se dijo que el técnico lo desaprovechó, que no supo comprenderlo y sus aptitudes se fueron extinguiendo como la llama de un fósforo. Abrumado, buscó refugio con un entrenador que supo hacer resurgir su fuego interno.
¿Alguien se preguntó de qué juega Ronaldinho? Veamos. Con Brasil, en el Mundial 2002, alternó la posición de enganche y media punta con Rivaldo, con Ronaldo como único atacante. Pero sus virtudes no tienen posición fija. Frank Rijkaard, con un esquema bien holandés, le pidió que se ubique a la izquierda. Aunque no sería extraño pensar que al brasileño la indicación no le importó demasiado. Tampoco parece importarle eso a Messi, que hace lo mismo, pero por la derecha. No seamos ingenuos: Ronaldinho no es un wing que se pega a la raya, desborda y tira el centro para Eto´o. El hombre arranca desde allí y luego juega al fútbol. Y es generoso para correr hasta la mitad de la cancha. Por esa banda también retrocede, se tira a los pies y recupera pelotas, dándole una utilidad extra a Barcelona.
Seguro que Van Gaal no esperaba que Riquelme jugara como el Loco Houseman. Van Gaal quería que lo entienda y Román pretendía lo mismo de su entrenador. Riquelme tiene con qué ser el mejor y también cuenta con una enorme posibilidad colectiva en Alemania 2006 para lograrlo. Antes de saber que nadie quiere encasillarlo, deberá no encasillarse a si mismo. Fundamentalmente, tendrá que estar dispuesto a ofrecer su talento en el lugar de la cancha en el que su equipo lo necesite.




