¿Qué es "jugar bien"? Lanús

Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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29 de mayo de 2016  • 23:06

Si hoy (y durante los próximos días) se busca en el diccionario el significado de la palabra "Lanús", la misma entregará un mensaje corto, pero efectivo: "jugar bien". En un fútbol donde la polémica está a flor de piel, luego (claro), cada uno tendrá derecho a preguntar: "¿Y qué se entiende por jugar bien? ¿Qué es jugar bien?". Un equipo, para jugar bien, necesita reunir varios argumentos: superar al rival, crear más situaciones de riesgo y acumular merecimientos para imponerse en el resultado, tener solidez defensiva para achicar el margen de error en la última línea. También, que el director técnico tenga una idea definida y que convenza al plantel de ejecutarla, que la mayoría piense que es el mejor camino para alcanzar el éxito. Desde lo táctico, manejar con oficio y convencimiento las cuatro facetas del juego: el ataque, la defensa y las transiciones de ataque-defensa y de defensa-ataque. Y no dejar al azar el plus de las pelotas paradas, ya sea desde la planificación para sorprender al adversario, como el armado de las marcas para contrarrestar el peligro por esa vía.

Arrancando por el final, la movida de Jorge Almirón de ubicar como titular a Junior Benítez en lugar de Pablo Mouche no le varió a Lautaro Acosta su posición de wing izquierdo (terminó, como se preveía, encarando él a Buffarini), pero sí desestabilizó la defensa de San Lorenzo en los córners y tiros libres. ¿Por qué? El 1m83 de un Benítez con buen cabezazo es distinto al 1m77 de un Mouche que no gana de arriba, que ni siquiera es uno de los que van a intentar cabecear en un córner. Eso, sumado a la jugada preparada en la semana, terminó en el 1-0 de Benítez , tras un córner corto y un centro de Velázquez.

El mejor elogio que se le puede dar a Lanús es que juega en equipo. Todos forman parte de un todo, para atacar y para defender. Sin necesidad de tener una posesión por partido mayor al 50%, los dirigidos por Almirón, tiene un porcentaje alto en precisión de las entregas. Y manejan casi a la perfección el arte de la superioridad numérica, tanto para generar ataques respaldados como para cumplir con el retroceso y siempre buscar recuperar 3 vs. 2 (como se observa en la imagen, en una zona central) o 2 vs. 1 sobre las bandas, en donde hacen un sacrificio descomunal Acosta y Benítez (Mouche antes) para colaborar con el lateral de esa banda. Lanús es un equipo que puede estar agrupado en su campo parado 4-4-2 o 4-1-4-1 para defender con casi todos sus futbolistas por detrás de la línea del balón, recupera en superioridad numérica (como lo hizo ayer, infinidad de veces), rompe la primera línea adversaria con una gambeta y enseguida sale disparado hacia adelante.

Ayer sobre todo, con los desbordes de Acosta por la izquierda, fue Angeleri quien salió al respaldo de Buffarini, pero Lanús generaba el 3 vs. 2 ofensivo sumando a Miguel Almirón (el Di María paraguayo) y Maxi Velázquez. Y cuando se cansa de desequilibrar por la izquierda, aparece volando por la derecha la flecha de José Luis Gómez, un lateral con proyección y finalización de jugadas con centros atrás que siempre encuentran un compañero libre.

Lanús, además, cuenta como virtud que puede llegar al gol por distintos caminos. De los 32 que anotó en el campeonato, 10 fueron de jugada colectiva (2 de ellos, de cabeza), 6 de contraataque, 5 de pelota parada (2 de ellos, de cabeza), 5 de penal, 3 con remates desde afuera del área y los 3 restantes en contra, aportados por Nervo (Huracán), Vargas (Argentinos) y Fleita (Unión).

En el plantel, por características, cada uno tiene un rol que cumplir, está claro, pero ese engranaje está pensado en cerrarse para defender y hacerse ancho para avanzar. Por eso salió goleador José Sand , con 14 anotaciones. Si un equipo juega bien, la mayoría de los goles los hace su N° 9. Hasta en eso fue lógico y prolijo Lanús.

cl/jt

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