Qué tiene que pasar para que Coudet sea el nuevo DT de River y cuándo podría debutar
El Chacho podría despedirse de Alavés este viernes; según dejaron trascender desde Núñez, ya hay acuerdo entre el club y el entrenador
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La escena todavía no ocurrió, pero en los pasillos del Monumental se respira esa mezcla de despedida, nostalgia y vértigo que solo los cambios profundos saben generar. Mientras el segundo ciclo de River con Marcelo Gallardo se apaga con la frustrante sensación de que las cosas estuvieron muy lejos de las soñadas un año y medio atrás, otro nombre empieza a escribirse con tinta gruesa en la pizarra del club: Eduardo Coudet.
En este caso, un actor importante en la resolución de la negociación será Christian Bragarnik, puente necesario para destrabar la salida del entrenador desde Deportivo Alavés. Se trata del representante más influyente del fútbol argentino, con poder de decisión en muchos clubes locales. Más: es uno de los dueños de Elche, de LaLiga. Aquí, su gestión resultará clave para cumplir un paso decisivo: lograr que Coudet, que tiene contrato hasta mitad de este año, acuerde su salida.
La historia se precipitó con la decisión del Muñeco de dar un paso al costado. No fue una determinación impulsiva, sino el desenlace de un proceso en el que el equipo gastó millones de dólares en refuerzos y perdió identidad, frescura y cosechó pésimos resultados. El segundo ciclo del DT que más títulos ganó en la historia riverplatense terminó erosionado por la rutina de la exigencia permanente. La despedida ante Banfield, este jueves, a las 19.30, será emotiva e inevitablemente cargada de simbolismo, pero mientras el homenaje se organiza, la dirigencia ya trabaja con la urgencia que imponen los calendarios.
Coudet fue el favorito desde el primer momento. No por descarte, sino por convicción. El presidente Stefano Di Carlo entendía que el perfil del Chacho encaja con el momento: carisma, carácter fuerte, equipos intensos, vocación ofensiva y una ambición declarada de dirigir al club. En 2019 lo había dicho sin rodeos: su carrera, tarde o temprano, se cruzaría con River.
El Chacho Coudet suena para ser el principal sucesor de Marcelo Gallardo y... ¡no podemos evitar recordar esta perlita de él llegando a la práctica de River en un 147! 🤣
— SportsCenter (@SC_ESPN) February 24, 2026
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Hubo otros nombres sobre la mesa. Pablo Aimar era el sueño romántico, el hijo pródigo que al menos hasta julio seguirá en la selección. Hernán Crespo ofrecía experiencia internacional y un pasado goleador que seduce. Y Ramón Díaz representaba la mística de los regresos improbables. Incluso apareció Gabriel Milito como alternativa por fuera del riñón riverplatense. Pero la decisión política y deportiva apuntó siempre en una misma dirección.
Qué falta para que se concrete
El obstáculo no es menor: Coudet tiene contrato hasta junio y no posee cláusula de salida. En España, Alavés pelea por la permanencia en LaLiga, y desprenderse de su entrenador en plena batalla por no descender no es un movimiento natural. De hecho, este sondeo hizo mucho ruido del otro lado del Atlántico. Sin embargo, los resultados irregulares y la voluntad firme del técnico abren una ventana. En Vitoria saben que retener a un entrenador sin deseo pleno rara vez ofrece buenos dividendos.

El partido de este viernes ante Levante podría convertirse en su despedida europea. No hay confirmación oficial, pero el rumor crece con la misma velocidad que el optimismo en Núñez. Y en el fútbol, cuando las negociaciones avanzan “a paso firme”, como describen cerca del club, suele tener final feliz.
En paralelo, la transición quedará en manos de Marcelo Escudero. Hombre de la casa, conocedor del vestuario y con experiencia reciente en interinatos, él será el puente entre un ciclo que se va y otro que asoma. Su rol será sostener la estabilidad emocional mientras la estructura mayor termina de acomodarse. Será quien dirija al equipo el lunes ante Independiente Rivadavia, en Mendoza.
Los números de Coudet en el Alavés: 54 partidos dirigidos, 17 victorias, 16 empates y 21 derrotas. Un registro irregular, condicionado por el contexto de un plantel diseñado para resistir más que para proponer. No es la estadística lo que seduce a River, sino la identidad que el técnico supo construir en otros lugares. En Racing armó un equipo campeón con presión alta y voracidad ofensiva y en Rosario Central dejó una impronta competitiva que lo proyectó al exterior.
El cuerpo técnico que lo acompaña también es parte del paquete. Hombres de confianza, rutinas consolidadas y una metodología que prioriza intensidad física y agresividad en la recuperación. La duda, en todo caso, no es cómo trabajará, sino cómo encajará su estilo en un plantel que viene de un período de dudas y reconstrucción.
River no puede permitirse una transición larga. El calendario aprieta y la exigencia no concede treguas. El próximo partido como local, el 15 de marzo ante Sarmiento (luego del receso por el paro), asoma como posible escenario de presentación formal. Sería una puesta en escena ideal: Monumental lleno, ilusión y energías renovadas y un entrenador que llegaría para cumplir un sueño personal.
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