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La infracción por tocar la pelota con la mano es, a la vez, fácil y compleja de sancionar. Resulta sencilla cuando la mano o brazo va en busca del balón. El mejor ejemplo: Stan al final del partido de River ante Guillermo Brown (era penal para River y no fue sancionado). Es compleja cuando se debe observar la intención. Los árbitros reciben sugerencias. Por ejemplo: la distancia entre el adversario y la mano; si el balón llega en forma inesperada, en ese caso la posición de la mano no presupone infracción. Esta última indicación nos da la posibilidad de valorar si la postura de la mano tiene que ver con un movimiento natural del cuerpo o, por el contrario, se trata de ocupar un espacio mayor con el fin de interceptar el balón. Otro ejemplo: Roncaglia, en el partido de la Libertadores de Boca ante Fluminense, elevó en forma exagerada el brazo e impidió la llegada del balón a la meta tras el cabezazo de Anderson. Más allá de que se encontraba de espaldas, fue clara su intención y el colombiano Buitrago debió sancionar penal.
Los árbitros nos escudamos en que es nuestro criterio el que utilizamos para sancionar esta infracción, pero la FIFA entrega elementos muy claros para sancionarlas.
Alejandro Castro tuvo una buena actuación en River vs. Guillermo Brown. Sin embargo, en el final, en una jugada Stan buscó la pelota con el brazo y él no la pudo observar. Por eso bajó su calificación.
Empiezan a definirse situaciones cruciales y llega la hora de las designaciones para partidos con mucho en juego: el título, la Promoción, el descenso y River, que en la B Nacional generó que esa competencia necesite de árbitros de igual jerarquía y capacidad que los de primera. Quien designa no sólo debe pensar en la fecha que viene sino, como en el ajedrez, varios movimientos adelantados. ¿A qué darle prioridad? De todo un poco: la experiencia, el momento y la personalidad. Un error puede ser importante y la presión que existirá sobre los árbitros será grande. No estaría mal volver a concentrarlos antes de los partidos y respaldarlos en forma pública ante un error.
¡Qué difícil es juzgar a Mauro Vigliano! Tuvo una buena tarea técnica en Tigre vs. Newell’s, pero falló en una jugada de clara expulsión a los 20 minutos del primer tiempo, cuando sólo amonestó a Castaño por una falta a Figueroa. Diez minutos después, el mismo jugador cometió otra falta que era de amarilla seguida de roja, pero el referí se hizo el desentendido. ¿Falló su personalidad? ¿Fue equivocado darle un partido de tamaña responsabilidad a quien está haciendo sus primeras armas? No me sumaré a los que piensan que el partido podría haber cambiado si expulsaba a Castaño, porque es incomprobable. Algo es seguro: tuvo la oportunidad de dejar su marca y la desaprovechó.
Pablo Lunati, de buena tarea en Racing vs. Boca, cumplió con la recomendación de la FIFA de detener el juego cuando se realizan cantos discriminatorios. Esperemos que este tipo de situaciones dejen de suceder.
A Mauro Vigliano le tocó un partido muy complejo. Fue protagonista del error del fin de semana. No alcanzó que fuera correcto en lo técnico, porque falló en lo disciplinario en situaciones muy fáciles de evaluar.
Una de cal y una de arena para Juan Pablo Pompei. El ábitro acertó en las cuestiones técnicas pero dejó pegar sin tomar las decisiones disciplinarias que correspondían.
Germán Delfino demostró que a pesar de su corta carrera en primera está preparado para partidos de gran importancia. Dirigió un encuentro cargado de tensión y no cometió errores.


