Recalculando: la Superliga, de la previsibilidad "suiza" a los vicios de los clubes argentinos

Los dirigentes de la máxima categoría, en la última reunión del comité ejecutivo de la Superliga
Los dirigentes de la máxima categoría, en la última reunión del comité ejecutivo de la Superliga Fuente: LA NACION
Alejandro Casar González
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18 de mayo de 2019  • 01:17

"¿Qué Superliga? ¡Estamos en Argentina!", le respondió un presidente de la primera categoría a uno de sus allegados más cercanos cuando el hombre le recordó que ya no se podía firmar cheques a 90 días para pagarles a los jugadores. Aquella vez, el máximo directivo recapacitó, pero muchos ejecutivos del fútbol argentino como él dudaban sobre la aplicación de los reglamentos. Estaban acostumbrados a la fiesta inolvidable de la AFA grondonista, en la que las sanciones propuestas por el tribunal de Cuentas debían ser refrendadas por el comité ejecutivo. En limpio: los clubes decidían si se sancionaban a sí mismos y todo era un descontrol.

"Se pensaban que íbamos a seguir haciendo lo mismo que la AFA", dicen en la Superliga al recordar los fallos en primera instancia contra San Lorenzo y Huracán por incumplimientos al artículo 95 del reglamento de licencias. El veredicto puso a los clubes en estado de alerta y movilización. "Todos tuvimos la sensación que podíamos ser lo próximos", cuenta fuera de micrófono un directivo. Esa inminencia del castigo los llevó a algo infrecuente: en lugar de mirarse el ombligo, se unieron. Armaron un frente de entre 12 y 16 clubes que bien podría ser bautizado como "la clase media del fútbol argentino".

En la última reunión de comité de la Superliga, Mariano Elizondo, el presidente de la rebautizada primera división, los escuchó. "Tenés que hablar con el tribunal de Apelaciones", le pidieron. Elizondo leyó entre líneas: el reclamo era que interviniera para que el veredicto estuviera listo cuanto antes, sin más dilaciones, que se mantengan las actuales sanciones, pero que se analice la flexibilización a futuro. "¿Me tengo que sentar con el tribunal y decirles lo que tienen que firmar? No puedo", les respondió a sus interlocutores. El estatuto de la Superliga garantiza la independencia de los tribunales de Disciplina y de Apelaciones.

El reclamo de los clubes tiene razones atendibles. El tribunal de Apelaciones está fuera de plazo legal para emitir el fallo de San Lorenzo. Podía tomarse 20 días hábiles para deliberar y emitir una resolución. Ni uno menos. Si se tienen en cuenta feriados y paros generales, la fecha tope era el 2 de mayo. El tribunal que preside el fiscal Eduardo Taiano lleva 11 días de demora. Y ni siquiera emitió un comunicado para explicar las razones de esa tardanza, lo que alimenta las mil y una versiones sobre el resultado final.

"Querían un fallo unánime y no se ponen de acuerdo", cuenta una fuente que conoce el trabajo del tribunal de Alzada. El de San Lorenzo es el fallo más manoseado de la joven vida de la Superliga. Hasta hace unos días, el rumor que sobrevolaba las oficinas de Puerto Madero en las que funciona la entidad era que al Ciclón le devolverían los seis puntos y le permitirían incorporar jugadores en el próximo mercado de pases. Los integrantes de la clase media de la Superliga le adjudicaban esa versión a Luis Incera, ex vicepresidente de San Lorenzo durante la gestión de Rafael Savino e integrante suplente del tribunal de Apelaciones. Todos creían que el abogado se excusaría por su vinculación con los colores azulgranas. "Interviene en las reuniones y puede votar e influenciar el fallo. No corresponde", brama un dirigente por lo bajo. Incera no respondió a la consulta de este diario.

"El lunes o el martes", se escucha cada vez que la Superliga responde sobre la fecha de publicación del fallo. Tanto Incera como Taiano, Ricardo Pahlen Acuña y Juan Pablo Mas Vélez, los cuatro integrantes del tribunal, saben que la dilatación en el tiempo es proporcional al descrédito de la Superliga. Más días de manoseo. Más días de rumores. Más días de los vicios argentinos que la liga, en teoría, venía a desterrar de nuestro fútbol. Y aunque jamás lo acepten en público, los principales directivos de la Superliga saben que si el tribunal opta por la devolución de los puntos, las acciones de la entidad cotizarán a la baja por mucho tiempo.

"Esto que estamos haciendo es un cambio cultural", se ufanaban en la Superliga al mostrar el reglamento de licencias. Se extinguía 2017 cuando los clubes resolvieron aprobarlo por unanimidad. Nadie reparó en el neurálgico artículo 95, el único de todos que tiene sanciones tipificadas en caso de incumplimiento. Están en el anexo VII. "Firmamos y no leímos. Tenemos que hacer nuestra autocrítica", asumen los que ahora abogan por modificar esos castigos y hacerlos más "graduales". En rigor, el reglamento no tiene medias tintas: establece penas de tres y seis puntos de acuerdo al grado de incumplimiento del artículo 95. Y en el fútbol -en la Argentina- nada es 100% blanco ni 100% negro. "Es injusto que distintos incumplimientos tengan la misma sanción", dicen algunos por lo bajo. "¿Qué pasa, por ejemplo, si la persona encargada de imputar los pagos en la base de datos online de la Superliga se atrasa un día?", se preguntan. Para el reglamento actual no hay excepciones. Ni una.

"Tenemos un reglamento europeo, pero vivimos en Argentina", dijo Ricardo Carloni, vicepresidente de Rosario Central. Ese reglamento "europeo" se firmó con la anuencia de Futbolistas Argentinos Agremiados y la AFA de Claudio Tapia. Fue, también, en 2017 y está publicado en la página web de la AFA con el título "Boletín Especial número 5359". Se establecía la quita de tres puntos para los clubes que no hubieran presentado las declaraciones juradas con los pagos a los futbolistas. Y una pena de seis puntos para quienes adulteraran la información. El reglamento de licencias de la Superliga incorpora exactamente los mismos castigos. "El espíritu es el mismo que está consagrado en ese acuerdo AFA-Superliga-Agremiados de 2017", se defienden en la Superliga. Es decir, no hay nada nuevo ni europeizado.

En privado, a la AFA de "Chiqui" Tapia nunca le gustó el nacimiento de la Superliga porque implicaba perder poder político y económico. Por eso, por ejemplo, la B Nacional se apartó del plan, que en un primer momento también incluyó a la máxima categoría del ascenso. Hubo quienes avizoraron un futuro con reglas estrictas imposibles de cumplir para clubes acostumbrados a pedirle dinero a Grondona y patear vencimientos. El cambio cultural que se precisaba, en efecto, era inmenso. Los fallos contra San Lorenzo y Huracán les demostraron a los clubes de la Superliga que los encargados de controlar van en serio. La quita burocrática de puntos en la AFA de Grondona hubiera sido impensada. "Los puntos se ganan en la cancha", era la máxima del veterano caudillo de Sarandí, que el tribunal de Disciplina seguía como si fuera un mantra. Las consecuencias estaban a la vista de todos: pasivos rampantes y deudas para todos. Y Futbolistas Argentinos Agremiados amenazaba con un paro antes del comienzo de los torneos porque había futbolistas que no habían recibido sus salarios. La llegada del sistema de licencias (tanto en la AFA como en la Superliga) aclaró aún más las reglas que todos los clubes debían cumplir para poder participar de los campeonatos. Pero nadie contaba con el deterioro de la actividad económica y la devaluación del peso. El "cambio cultural", esa "Superliga a la Suiza", será cuestión de tiempo. Mucho más tiempo del que se pensó cuando el nuevo orden se independizó de la AFA.

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