Río 2016. De aquellos 11 futbolistas del primer entrenamiento a esta eliminación: la selección olímpica pagó el precio del desamparo

Fuente: Reuters
La Sub 23, armada de apuro entre ausencias y falta de preparación por la crisis de la AFA, quedó eliminada en la primera rueda al empatar 1 a 1 con Honduras; el discurso optimista de Olarticoechea chocó contra una dura realidad
Javier Saúl
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11 de agosto de 2016  • 00:01

BRASILIA.– El lunes 4 de julio tenían que presentarse nueve futbolistas en el predio de Ezeiza, surgidos de una lista que Gerardo Martino había confeccionado durante la Copa América del Centenario. Una semana después de la final ante Chile, Martino tenía pautado el inicio del trabajo olímpico. Fue imposible. El martes 5, después del mediodía, el entrenador rosarino dio el portazo y anunció su renuncia. En medio de la crisis institucional y económica que sacude a la AFA, no había tiempo para encontrar un sucesor. Y ahí surgió la figura de Julio Olarticoechea .

El director técnico de la selección femenina estaba ayudando a la descabezada selección Sub 20 masculina y aparecía como la única opción en la línea sucesoria. El Vasco fue presentado el jueves 7. Y la ya famosa primera práctica se anunció para el lunes 11. Esa tarde, aparecieron 11 jugadores, entre los que había dos arqueros, por lo que ni siquiera se logró parar un equipo. Faltaban 24 días para el debut ante Portugal, en el estadio Olímpico de Río de Janeiro . Con la eliminación consumada en manos de Honduras, la secuencia de tropiezos tuvo un final a tono, con una caída en etapa de grupos que no se producía desde Tokio 1964.

Tras las medallas de oro en Atenas y Pekín, se conformó un plantel que no resistía la comparación. Las bajas de las figuras producto de la negativa de los clubes europeos decantó en una convocatoria con parches. Salvo excepciones, como las de Gerónimo Rulli o Ángel Correa , el resto del equipo empezó a ganarse un lugar producto de los avisos que llegaban desde Europa y que estuvieron cerca de reproducirse en el fútbol doméstico. Situación que se profundizó en los días previos a la presentación de la nómina y que provocó la renuncia de Martino.

“Fue muy difícil porque en Ezeiza éramos ocho o diez entrenando, de a poquito nos fuimos armando, pero no pudimos. En lo personal, tuve que hablar en Atlético de Madrid e insistir para que me dejaran venir porque estaba muy ilusionado”, comentó Correa, tras el empate 1-1 ante Honduras que sentenció la eliminación. La Argentina estaba obligada a ganar, luego de la derrota ante Portugal y el triunfo 2-1 frente a Argelia, pero la selección no pudo hacer pie. Salió todo torcido en el estadio Mané Garrincha.

Jonathan Calleri, peleado con el arco, no logró ajustar la mira y se mostró errático. Correa, con una actuación que fue menor a mayor, falló un penal en el segundo tiempo que podría haber cambiado la historia. Giovani Lo Celso y Cristian Pavón fueron un puñado de buenas acciones. A José Luis Gómez se lo vio atado. La selección olímpica quiso, pero no pudo. En su mejor partido, sufrió en defensa y terminó jugando al golpe por golpe, sin una idea clara. Rulli, recuperado del blooper en el estreno, se volvió a erigir en la figura. Su proyección ilusiona. Le sobran condiciones y personalidad.

El gol de los hondureños, clasificados a cuartos de final junto a Portugal, llegó por intermedio de Anthony Lozano. El delantero de Tenerife convirtió en gol un penal que había cometido Lautaro Gianetti y abrió el marcador. Después, empató Mauricio Martínez, pero ya no había tiempo para más.

El final fue una fiesta no sólo para Honduras. De las tribunas del Garrincha empezó a bajar el apoyo a los hondureños y el grito de “¡Eliminados”, para los argentinos. Brasil, a su manera, disfrutó por un rato de la desgracia albiceleste.

“No me voy a arrepentir de haber agarrado la selección. Cualquier otro técnico también hubiese puesto todo al servicio de la selección”, señaló Olarticoechea. Después, Claudio “Chiqui” Tapia, el único dirigente presente en suelo brasileño, dejó palabras de agradecimiento. “Los jugadores tendrán la revancha que merecen por no haberle dado la espalda a la selección; gracias también Vasco y Caldera [por Pablo Calderón, ayudante del DT]”, escribió en su cuenta de Twitter.

La historia de desencuentros, negativas y problemas organizativos tuvo su final anunciado. Más allá de la ayuda a último momento, no alcanzaron las buenas intenciones. Y la selección expuso otra vez el descalabro interno.

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