River no jugó bien, pero es otra vez finalista de la Copa Argentina: venció a Estudiantes y da pelea en todos los frentes

Copa Argentina Semifinales
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River Plate

River Plate

  • Javier Pinola /
  • Exequiel Palacios
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Estudiantes Caseros

Estudiantes Caseros

Juan Patricio Balbi Vignolo
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14 de noviembre de 2019  • 22:03

River siempre parece tener algo más para ofrecer. De la misma manera que para poder derribarlo en los partidos culmines se necesitan varios golpes de knock-out, el equipo de Marcelo Gallardo no se relaja ni da el brazo a torcer ni siquiera en los momentos que podrían llevarlo por ese camino. Hasta cuando su imagen se presenta deslucida, sin la nitidez habitual que suele ofrecer, la sensación es que en algún momento aparecerá alguna pincelada que lo rescate de la nebulosa y le muestre el camino. Tal como ocurrió anoche en Córdoba: el poco habitual recurso de la pelota parada le terminó dando el pie para la clasificación a la final de la Copa Argentina.

Es la 15° final del ciclo de Gallardo en River

El partido ante Estudiantes de Buenos Aires era incómodo, difícil y vital. Incómodo porque era complicado no enfocar todas las energías mentales y físicas en la gran final de la Copa Libertadores del 23 de noviembre frente a Flamengo, el objetivo primordial. Difícil porque no venía mostrando su mejor versión y los equipos de mucho orden defensivo -como prometía y terminó siendo el Pincha de Caseros- lo suelen complicar. Y vital porque un triunfo le permitía alcanzar una nueva final de Copa Argentina y dar un paso más hacia otro objetivo central: conseguir el título y el boleto a la fase de grupos de la Libertadores 2020, al que también puede llegar si se corona en la presente edición del torneo continental.

Tras eliminar a Argentino de Merlo (3-0), Gimnasia y Esgrima de Mendoza (1-1 y 5-4 en penales), Godoy Cruz (1-0) y Almagro (2-0), River afrontó su cuarta semifinal consecutiva con su deseo habitual de ser protagonista y dominar el juego. Pero, aunque manejó la pelota, llevó los hilos del partido y estuvo lejos de sufrir peligro en su área, nunca pudo mostrarse completamente superior para quebrar a un rival que fue más duro de lo pensado.

Le costó mucho entrar en juego al Millonario, con muchas imprecisiones, decisiones erróneas, poca imaginación y escasas conexiones entre líneas. Así, Estudiantes se sintió cómodo y demostró en 45 minutos cómo ejecutar un plan a la perfección: un 5-3-2 con mucho sacrificio, orden y disciplina para ser un equipo corto, con despliegue constante y hasta por momentos los diez jugadores de campo en líneas defensivas para tapar los circuitos del rival.

Crédito: Diego Lima

Enfrente, con el habitual 4-1-3-2, River tuvo muy desconectados a sus delanteros Lucas Pratto y Rafael Borré: la pelota llegó poco a la zona del área con claridad, especialmente por la falta de fluidez de juego en la zona central del campo. Sin el vértigo de un endeble Nicolás De La Cruz y con imprecisiones poco habituales en Ignacio Fernández, Enzo Pérez y Exequiel Palacios, el Millonario no pudo generar su circuito habitual de juego, los laterales no irrumpieron al vacío en ataque y el equipo se tornó muy posicional, sin sorpresas.

Ante esa "falta de frescura", un término que Gallardo suele utilizar en encuentros así, la dinámica de lo impensado del fútbol volvió a jugar su parte. Cuando la primera parte se moría, un gran remate de De La Cruz desde afuera del área forzó un córner que el propio uruguayo ejecutó. Allí, Martínez Quarta ganó de cabeza y Javier Pinola metió de arremetida el 1-0 para destrabar un partido que se le hacía demasiado cuesta arriba. La pelota parada, un arma que no suele ser central en el plan de juego, terminó siendo la pócima justa.

El segundo tiempo fue más de lo mismo. River se adueñó de la posesión, pero no pudo explayar su fútbol, estuvo poco fino y se mostró más desconocido que lo habitual pese a tener la ventaja. Si no sufrió más de la cuenta fue porque Estudiantes no supo cómo avanzar sus líneas, pese a los sucesivos reclamos de su entrenador Diego Martínez, quien les pedía a sus jugadores más presión y atrevimiento en campo rival.

Crédito: Diego Lima

Y en los últimos minutos pasó todo lo que no pasó en el complemento. En el descuento, Diego Figueroa sacó un remate desde afuera del área que disparó la polémica: Franco Armani tapó pero dejó un rebote largo y, cuando controló la pelota, apareció Lautaro Díaz para robar y convertir el empate. Pero el árbitro Mauro Vigliano marcó falta en una discutida acción. Minutos después, en un contragolpe tras un córner rival y con el arco en soledad, Exequiel Palacios marcó el 2-0.

Ahora, River buscará su tercer título en la Copa Argentina, un torneo en el que sabe sentirse cómodo y en el que lleva 22 partidos en fila sin perder en los 90 minutos. Así, el pasado reciente y el presente le hacen un guiño inspirador. Pero hoy hay otro foco más importante. "En la Copa cueste lo que cueste, en la Copa tenemos que ganar", gritaron los hinchas millonarios en Córdoba. Ya no hay nada más que jugar por delante. La gloria vuelve a estar a la vuelta de la esquina. Y River sigue teniendo más para ofrecer.

El gol de Pinola

El gol de Palacios

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