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BAHIA BLANCA.- Los puños en alto, la mirada al cielo. Los pulmones, que hasta hace un segundo contenían gran cantidad de oxígeno, liberan en una bocanada furtiva un aire de alivio. La imagen le pertenece al defensor Fernando Crosa, pero no vale por él sino por el símbolo, por el significado que tuvo esa imagen. Porque en el final del encuentro ante Olimpo, River encontró, después de varias semanas de sequía y dudas, una razón para volver a casa tranquilo. La victoria por 3 a 2, que fue sufrida en los últimos instantes por el descuento de Hernán Franco, volvió a poner en carrera al conjunto dirigido por Leonardo Astrada, que, de paso, cortó una nada apreciable serie de tres caídas consecutivas.
No sopló esta vez el típico viento helado en Bahía. El calor se apoderó de las últimas jornadas, incluida la de ayer. El que hizo soplar una brisa de cambio fue el equipo de Núñez, que desde el comienzo, con Marcelo Gallardo encendido, con Luis González como sutil rueda de auxilio en la creación, con el respaldo de Mascherano y la movilidad de los dos delanteros, Gastón Fernández y Maximiliano López, River se hizo dueño del desarrollo y del resultado.
A los cinco minutos, una hermosa combinación le dio la primera ventaja: el reaparec ido Cristian Nasuti rechazó largo, Maxi López se acomodó y le dejó la pelota a Gallardo, mientras la Gata Fernández arrastraba las marcas; el Muñeco esperó el momento preciso para asistir a Lucho González, quien de zurda definió al segundo palo de Gaona.
Con cierto desorden, un Olimpo golpeado por una realidad que lo tiene en el fondo de la tabla intentó defender su orgullo como local, pero River lo esperaba con el cuchillo debajo el poncho. Gallardo manejó un contraataque, abrió a la derecha para Fernández y éste tiró el centro bajo para que Maxi López, con una estirada, pusiera el 2 a 0. ¿Partido definido? De ninguna manera. Iban sólo 15 minutos y el encuentro se hizo eléctrico. Olimpo, pura voluntad; River, tranquilidad agazapada, aunque con un retraso en el terreno que resultó innecesariamente peligroso.
A los 31 minutos Eduardo Tuzzio se equivocó en un rechazo, la pelota le quedó a Diego Galván y Javier Gandolfi le cometió un penal que el propio damnificado ejecutó con éxito un minuto después. Ya el partido no se presentaba tan fácil para River, sobre todo porque Gallardo pareció mermar en su respuesta física. Para colmo de males, Christian Ledesma le cometió un fuerte foul desde atrás a Galván y se fue bien expulsado por el correcto Gustavo Bassi a los 34.
La balanza parecía inclinarse hacia los bahienses. Mascherano volvió a su natural posición de volante central y Lucho González se fue a tratar de pesar por la derecha. Sin embargo, un poco inteligente Marcelo Sarmiento, que estaba amonestado, bajó sobre la izquierda a Mascherano y se ganó la segunda amonestación y la expulsión. Una circunstancia que le bajó un poco las revoluciones a los bahienses.
Otro estiletazo, apenas iniciado el segundo tiempo, puso a River al borde de un triunfo y sirvió para darle un rato larfo de tranquilidad. Gaona se equivocó en un saque rápido, Lucas Mareque, más despierto que nadie, se anticipó a Escudero y definió de forma exquisita sobre el arquero. Ahora sí parecía todo definido, sobre todo porque Olimpo sólo atinaba a tirar un centro tras otro para el poco dúctil lungo Delorte, que era víctima sistemática del off-side.
Pero este River se está acostumbrando a sufrir, como sucedió con el gol de Franco, que puso el resultado 3 a 2 y le imprimió a los segundos finales una desesperación que no había tenido el desarrollo hasta entonces. Por eso, el final fue un alivio. Por eso y porque puede esperar con una sonrisa la gran cita del domingo próximo: el superclásico.


