Con un calendario que lo reclama a cada rato, River dio ausente en la Superliga y Talleres lo golpeó

River cae ante Talleres en Nuñez con gol de Bustos
River cae ante Talleres en Nuñez con gol de Bustos Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Claudio Mauri
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25 de agosto de 2019  • 17:45

En una semana importante, con la Copa Libertadores y el superclásico a la vista, River eligió para este domingo una segunda unidad y el calendario no lo perdonó al ponerle en el camino a un Talleres compacto, intenso y resolutivo, que dio el gran golpe en la Superliga y se quedó con el invicto local.

Entró relajado Gallardo, siempre con los oídos endulzados por las muestras de pleitesía que bajan de las tribunas ni bien asoma por el túnel. Primero le dio un beso a su hijo Matías, el alcanza-pelota que es enganche en las divisiones inferiores. Sin que se le dejara de borrar una sonrisa en su rostro, el Muñeco caminó hasta el banco visitante para abrazarse con Alexander Medina, el técnico de Talleres que era su centro-delantero en el Nacional de Montevideo campeón uruguayo en 2011/12.

No pasaron muchos minutos para que Gallardo cambiara el rictus porque Talleres llegó al Monumental con la misma decisión y valentía que River. Es cierto que la formación del Muñeco era alternativa porque en su agenda tiene dos compromisos inmediatos que le demandarán lo mejor, en apellidos y rendimiento: el desquite del jueves en Asunción ante Cerro Porteño por la Copa Libertadores y el superclásico contra Boca del próximo domingo.

El gol de Bustos

En este contexto, la alineación tuvo de todo un poco: un debut (el zaguero chileno Paulo Díaz), un regreso (el de Pinola tras un mes de recuperación por una lesión), un par de juveniles (el lateral Elías López y el volante Cristian Ferreira) y dos delanteros de peso en busca de ritmo y de la mejor forma futbolística luego de una inactividad (Pratto y Scocco). Y también entre los once se encontraban dos titulares indiscutibles: Armani y Enzo Pérez, que no estará en Asunción por una suspensión.

Del recambio y de lo que tiene un nivel garantizado, nadie más determinante en el primer tiempo que Armani, que con tres atajadas estupendas le puso freno al ímpetu de Talleres. Con reflejos y celeridad para ir abajo en una salida, Armani evitó que el equipo cordobés reflejara en el marcador la mayor cantidad de situaciones que creó en la primera etapa.

River tiene una idea de juego clara, pero en el fútbol se depende de los intérpretes. Y los de este domingo no rendían con cohesión y entendimiento. Pocos movimientos fluían con naturalidad y precisión. El mérito también era de Talleres, que movía mejor la pelota y colectivamente estaba más sincronizado con una línea de tres zagueros. Y complicaba River por las bandas, donde le creaba superioridad numérica con Méndez y Fragapane, por la derecha, y Díaz y Pochettino por la izquierda. River tenía problemas porque Carrascal y Ferreira no ayudaban en el retroceso y los dos laterales se veían desbordados.

La única chance local en el primer tiempo fue con una palomita del chileno Díaz -el cabezazo ofensivo es uno de sus puntos fuertes- que Herrera sacó al córner. Poco de Scocco y Pratto, desabastecidos, tampoco se tiraron atrás para amar juego.

Talleres le dio continuidad a su muy buen primer tiempo, sin que River tomara nota del riesgo de perder tantas pelotas, con Carrascal como el más deficitario en ese rubro. Convencido de su profundidad, Talleres concretó una de sus tantas insinuaciones con una aceleración de Bustos, que esquivó a un lento Pinola y tomó la tapada de Armani para definir con una pisada y toque. Golazo de un Talleres al que nunca le faltó atrevimiento.

Gallardo intentó cambiar el curso de los acontecimientos con un par de cambios: salieron los dos juveniles de muy bajo rendimiento -Elías López, con 21 pérdidas de pelota según Opta, y Ferreira- e ingresaron Álvarez y Palacios. River pasó a defender con una línea de tres la que Pinola y Paulo Díaz vivían en la cornisa. Talleres, con los cambios, se replegó un poco.

River jugó más cerca del área rival, pero sin la claridad ni la pólvora necesarias. La confusión e impotencia tuvieron una última expresión con las amonestaciones en cadena de Enzo Pérez, Borré y la expulsión de Pinola. Con un calendario que lo reclama a cada rato, River dio ausente.

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