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Nunca jugará en San Lorenzo y hasta lo hizo poner expresamente en un contrato. En 2002, Daniel Grinbank estaba a punto de comprarle su pase a Olympique de Marsella para luego cedérselo a Independiente. Desde Bariloche, de vacaciones con su mujer, llamó con urgencia al empresario para exigirle que incluyera en el acuerdo privado esa cláusula anticiclónica. Sólo así, por escrito, pudo destrabarse esa millonaria negociación.
La anécdota dibuja y pinta a este fanático del Globo. El Huracán Gastón, así lo llaman amigos y familiares, está azotando al campeonato desde la primera fecha del Apertura, con goles, pases gol, gambetas, lujos y remates desde afuera del área. Capitán, conductor, goleador y portador de la 10 del Bocha y de Agüero, está rindiendo como nunca. Junto con Palacio, es el jugador más desequilibrante del fútbol argentino. En este segundo semestre del año, Montenegro es Independiente e Independiente depende de Montenegro.
Colectivamente el CAI funciona cada vez mejor y define su personalidad desde un rol protagónico que quiere imponer en cualquier cancha. Es el equipo con mayor participación de los laterales en ataque (por amplio margen), uno de los tres con mayor posesión de balón durante los partidos y el segundo que más situaciones de gol genera, detrás de Boca (fuente: www.datadistic.com.ar ).
Pero todo tiene sentido si juega él. Hoy por hoy, ningún equipo necesita tanto a un futbolista de mitad de cancha hacia adelante como el Rojo a Rolfi. Hace la diferencia y muchos resultados pueden explicarse sólo por sus acciones. Ayer, firmó todas las jugadas importantes del espectacular triunfo ante Lanús. Tiro libre perfecto, centro-pase a medida para Denis, toque inesperado en el rocambolesco gol del 3 a 2 y cambio de ritmo marca registrada con habilitación a Marín en el último festejo. Tan participativo como resolutivo, es el jugador que mejor pasa la pelota en campo rival, uno de los tres que más remata al arco desde fuera del área y uno de los dos goleadores del Apertura con 6 tantos (4 de penal).
Su pasado está repleto de rachas pero vale destacar la continuidad de su presente: había sido, según LA NACION, el mejor futbolista del Clausura 06 con un promedio de 6.79 en los 14 partidos que jugó para River, que no pudo (o no quiso) retenerlo. Independiente sí acepto sus condiciones y decidió comprar su pase, cuestión fundamental para un jugador acostumbrado al peregrinaje. En apenas seis partidos de este tercer ciclo en Avellaneda, Rolfi ya enterró la desconfianza y el recelo de los hinchas, dolidos por los goles y los besos a la banda roja que supo regalarles jugando con los ex millonarios.
Tiene 27 años y casi diez de profesional. Antes de su irrupción en Huracán, había sido mediocampista central en el Flecha de Oro de Villa Insuperable y defensor en el club Liniers, los clubes de su formación en el baby fútbol. En 1995, llegó al club de sus amores y debutó en Primera en marzo del 97, promovido por Babington. Luego de 97 partidos, 20 goles y un Mundial Juvenil (Nigeria 99), se fue prematuramente a Europa, donde la pasó tan mal como todos aquellos que sacan el pasaporte futbolero antes de tiempo. Ni Olympique de Marsella, ni Zaragoza ni Osasuna disfrutaron de su mejor versión. Incrustado en su primer periplo europeo, está el subcampeonato en el Clausura 2000 con el Independiente de Trossero. Lamentablemente, nunca pudo adaptarse ni al fútbol ni a la vida en el Viejo Continente.
En 2002, Grinbank compró su pase con la famosa cláusula y Rolfi fue pieza fundamental en el campeón dirigido por Tolo Gallego. Usó la 10 de River en la temporada 2003-2004 y volvió a insistir en la conquista europea, pero el breve paso por el Saturn de Rusia lo convenció de que su lugar en el mundo estaba en el campeonato argentino. Regresó a River, vivió el motín de Mar del Plata que volteó a Merlo, llenó de goles y buenos partidos el ciclo Passarella pero nunca quiso ponerse el traje de ídolo: "Soy un empleado más", dijo en enero último luego de una gran actuación.
En junio, el empleado se puso firme y pidió que adquirieran su ficha para terminar con esa inestabilidad que influía en sus rendimientos. El Rojo lo hizo y ahora disfruta de su nivel superlativo. Nunca ha jugado en la selección mayor y quiere que Basile cuente con él el año que viene. En este 2006, Montenegro declaró su independencia y ya piensa en la próxima batalla de San Lorenzo, el equipo en el que nunca jugará.
