San Lorenzo-Huracán, en la Copa de la Superliga, demostraron por qué fueron de los peores en la Superliga

Argentina Copa de la Superliga Fase de grupos
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San Lorenzo

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Huracán

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Claudio Mauri
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14 de abril de 2019  • 19:44

No quedaron dudas: la nueva Copa de la Superliga puso cara a cara a dos de los peores equipos de la vieja Superliga. Hay realidades que no se modifican aunque se inventen formatos de competencia. San Lorenzo solo estuvo un punto por encima del último puesto, sin contemplar la sanción que le descuenta seis unidades y está en etapa de la apelación. Y Huracán terminó 10°, pero fue quizá el más flojo de los 26 conjuntos en lo que va de 2019. Esa foto, triste, opaca, desenfocada, se replicó en el comienzo de esta serie, en la que ni siquiera el sistema de eliminación le agregó emoción, tensión, ritmo. Todo quedó abierto para el desquite del viernes próximo en el Tomás Ducó.

Huracán llegó desfigurado de tantos golpes, el último muy duro: un 0-4 con Cruzeiro por la Copa Libertadores . Antonio Mohamed , en un nuevo intento por encontrar soluciones y rearmar una tropa abatida, presentó una formación muy remozada, entre bajas obligadas ( Damonte y Rossi, suspendidos; Mancinelli, lesionado) y marginados por rendimiento insatisfactorio (el arquero Silva, Chimino, Auzqui, Gamba y Mendoza).

Del otro lado, Almirón , después de haberle dado varias vueltas a la alineación en los últimos meses, iba a repetir los 11 que vencieron a Melgar, pero la molestia física de Blandi lo obligó a incluir a Barrios desde el arranque.

Huracán manejó un poco más la pelota al comienzo, aunque siempre de manera inocua, mientras que San Lorenzo tardaba en meterse en el partido. Entró frío, aplacado. Se activó cuando los laterales, Damián Pérez y Herrera, se proyectaron y le crearon problemas a un Huracán bien agrupado en su campo. Con las subidas de los marcadores, los extremos Barrios y Salazar podían zafarse de las estrictas marcas de Álvarez y Alderete. A los volantes Román Martínez y Castellani les costaba incorporarse a posiciones ofensivas. Faltaba sorpresa, imaginación.

En ofensiva, a Huracán se lo veía más limitado. Avanzaba con muy poca gente, no soltaba laterales ni volantes; el zaguero central Merolla salía con pelotazos cruzados. El Globo dependía de alguna incursión del potente Briasco porque Chávez se complicaba solo. En este contexto, es una obviedad que las ocasiones de gol escasearon en el primer tiempo.

San Lorenzo dio un paso al frente en la segunda etapa y Huracán quedó más perfilado para el contraataque, en la medida que Toranzo encontró los espacios y la pelota. Hubo remates de Roa y Briasco para que Monetti se sacudiera la modorra.

Pasaba poco, y hasta los que rendían correctamente, como el central Merolla (disputó un solo encuentro en la Superliga), se desequilibró con dos amarillas en doce minutos. Almirón ya había agregado más peso ofensivo con los ingresos de Rentería y Blandi por el desaparecido Reniero.

Urgido, Huracán rearmó la línea de cuatro con la entrada de Araujo (Alderete pasó de zaguero central) y se refrescó con Auzqui por el veterano Toranzo y Barrios por un Briasco que había hecho un desgaste tremendo.

San Lorenzo se vio más obligado, por ser local y disponer de un jugador más, pero no le sobraban los recursos, salvo algún incisivo desborde de Barrios. Huracán se cerró bastante bien y aguantó. Mientras los hinchas de San Lorenzo se exasperaban por la ceguera de su equipo, los últimos minutos se consumieron con la expulsión de Mohamed y una duda de Coloccini en el área de Monetti que paralizó los corazones. Cuando se restablecieron, quedó aire para una despedida con silbidos.

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