Cómo hizo Santiago Solari para ganarse a las estrellas del club más poderoso del mundo

Nadie de la directiva ni del vestuario le ha cuestionado a Solari su elección de relegar al histórico Marcelo y al estelar Isco; Florencio Pérez respalda al argentino.
Nadie de la directiva ni del vestuario le ha cuestionado a Solari su elección de relegar al histórico Marcelo y al estelar Isco; Florencio Pérez respalda al argentino. Fuente: Reuters - Crédito: Juan Medina
Juan I. Irigoyen
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5 de febrero de 2019  • 21:00

BARCELONA.– Santiago Solari es un tipo culto –le gustan el cine y la literatura–, carilindo y de verbo fácil, aunque no necesite sacar partido de ninguna de esas condiciones. Nunca se le escapa una palabra de más, dueño de un mensaje meditado y prolijo, más conciliador que altivo. Sorprendió, entonces, cuando en su primera rueda de prensa como entrenador de Real Madrid se sentó en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva y soltó: "La idea es ir a Melilla mañana y jugar con dos cojones", en lo previo a su debut por la Copa del Rey. El mensaje básico, esencialmente burdo, no parecía encajar en un refinado Solari. Pero no fue casual. Al contrario. El rosarino entendía que no estaba como para eufemismos, que la situación no era adecuada como para intentar lucirse como orador en el día de su estreno con el jogging blanco. Procuró dar un golpe en la mesa para despertar a un vestuario tan talentoso como adormecido, tan ganador como difícil de gestionar.

El 31 de mayo pasado, Santiago Solari, por entonces director técnico de Castilla (filial del cuadro blanco), tenía una reunión agendada con Zinedine Zidane en Valdebebas, sede de la ciudad deportiva de Real Madrid. El objetivo era analizar la campaña que había quedado atrás y programar la siguiente. Compañeros en el equipo galáctico, reinaba la buena sintonía entre el francés y el argentino. "Santi, se cancela la reunión. Hay rueda de prensa de Zizou. No sé nada más", advirtió a Solari un empleado del club. Al rosarino lo sorprendió, si bien conoce bien los tejes y manejes del gigante mundial que es el club: jugó cinco temporadas en el Santiago Bernabéu y en 2013 regresó a Madrid para trabajar en La Fábrica, la cantera blanca.

De los 23 partidos en que ha dirigido a la primera de Real Madrid, el equipo ganó 18; el 78% de los puntos supera eficiencias de sus antecesores más cercanos.
De los 23 partidos en que ha dirigido a la primera de Real Madrid, el equipo ganó 18; el 78% de los puntos supera eficiencias de sus antecesores más cercanos. Fuente: Reuters - Crédito: GABRIEL BOUYS

Por lo pasillos de Valdebebas (donde se entrenan todas las categorías de Real Madrid), Solari se cruzaba y charlaba con los jugadores del primer equipo. Conocía de cerca el contexto de un grupo de muchachos, en su mayoría tótems del fútbol mundial (y los que no lo son, creen serlo), que entre sus pasatiempos preferidos tienen el de apostar 10.000 euros a ver quién emboca un bollito de papel en el tacho de basura. "Esta clase de jugadores no quiere entrenadores muy intervencionistas, ni que le toquen mucho los cojones", explican desde Madrid.

Tipos como Vicente del Bosque y Carlo Ancelotti, y por supuesto también Zidane, se ganaron el difícil vestuario blanco. Casos diferentes a los de Rafa Benítez y Julen Lopetegui. "Benítez le decía a Modric que no le pegara con el exterior, que era demasiado riesgo. ‘Luka, controla con la izquierda y sal jugando con la derecha’, le decía. Imagínate la cara de Modric", recuerda un exjugador de Real. "Con Lopetegui pasó algo similar. Quería imponer su estilo en un vestuario en el que muchos no sabían ni quién era. ¿Qué crees que pensaba Kroos cuando Pablo Sanz [segundo entrenador] le corregía algo?", cuentan en el seno del club blanco.

Santiago Solari en el entrenamiento de Real Madrid.
Santiago Solari en el entrenamiento de Real Madrid. Fuente: AFP

Asuntos de gestión con los que no se desayunaba Solari cuando le tocó reemplazar a Lopetegui. Lo primero que hizo el rosarino fue buscar la complicidad de Sergio Ramos y Luka Modric. Un detalle nada menor. Y después se encomendó a la justicia. Nadie en los despachos ni en el vestuario le cuestionó a Solari que borrara del equipo a Marcelo y a Isco. Al lateral, uno de los mejores del mundo con la pelota, le cuesta defender, y mucho más cuando no está en forma. "Está gordo, le sobran bastantes kilos", dicen desde el vestuario. El tema de Isco es diferente. Solari no entiende el comportamiento del futbolista del seleccionado español. "Se entrena y vive como si tuviera dos Balón de Oro en su casa", rematan desde el grupo. El DT argentino apostó por el canterano Reguilón para la defensa y por el habilidoso Vinicius para el ataque. Nadie se lo recriminó. Además, funcionó: ganó 18 de los 23 partidos en los que dirigió. Un 78% de efectividad, por ahora un número mejor que los de sus antecesores.

Se le avecina un problema a Solari: Gareth Bale. Hacer titular al galés y dejar fuera del once al todoterreno Lucas Vázquez, el protegido de Sergio Ramos, no será una misión sencilla. El vestuario estará al acecho. Sabe el entrenador que cuenta con el beneplácito de Florentino Pérez, el presidente del club. Dicen los que lo conocen que al mandamás no le gustan los entrenadores problemáticos (no se entiende muy bien su enamoramiento con José Mourinho).

Solari se ganó al vestuario y a los dirigentes, para recuperar a un Madrid que anda despierto en las tres competencias. Y ahora quiere bajarle los humos a Barcelona en una semifinal por la Copa del Rey. "Somos favoritos. El Madrid siempre es favorito", dice el director técnico, en un nuevo acto de mensajes simples, más de impacto que de reflexión. Echar al cuadro azulgrana de la Copa sería un nuevo golpe en la mesa por parte de Solari. Sin embargo, pase lo que pase en mayo, caigan los títulos que caigan, a nadie extrañaría en Real Madrid que el argentino regresara a la cantera. Es un tipo de club.

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