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Si la vida es eso que ocurre entre Mundial y Mundial, Sebastián Beccacece tiene muy bien identificado su almanaque futbolero. Nació en el 80, por eso de México apenas recuerda caminar desde su casa en el Pasaje Zavalla hasta Mendoza para ver el río albiceleste que viajaba en trance hacia los festejos en el Monumento a la Bandera. Italia 90 fue el clásico contra Brasil en la tele de la abuela María y la hoja de Alemania arrancada del álbum de figuritas como amarga condena. EE.UU. 94 le dejó el grito de Maradona contra Grecia y el silencio con Rumania. En Francia 98 siguió las gambetas de Ortega, junto con su banda de amigos y las cábalas en el club El Luchador. Sufrió en Japón 2002, como todos, y más por su admirado Bielsa. Luego nació el raid Sampaoli, y Alemania 2006 lo descubrió en Perú y Sudáfrica 2010, en Ecuador. Hasta que él se sintió protagonista de un Mundial: Brasil 2014, con Chile. Lo espera Rusia 2018. Será distinto a todo, otra vez lejos de Rosario. Pero ahora será con sus colores.
Piensa en Messi, todo el tiempo. Y también en Ezequiel Barco, Tomas Chancalay, Carlos Luque, Gonzalo Maroni… Beccacece se entusiasma con el futuro desde su función de entrenador de la selección Sub 20, pero como un obsesivo detective está en cada detalle de la selección mayor. Es el arquitecto, como Sampaoli distingue a su mano derecha. Y encuentra un nexo. “Que Mascherano haya dicho que tuvo miedo de no ir al Mundial fue muy bueno para las generaciones que vienen. Eso nos permite encontrar la libertad, a la que se llega cuando uno no reprime nada por temor a la condena social. Yo celebré mucho que pudieran compartir esas emociones, a los formadores nos sirve un montón para decirles a los chicos ‘si estos cracks tuvieron esas emociones y las contaron, vos también, dale, liberate, animate a hacer de nuevo lo que no te salió antes’. Eso vale oro”.
Que Mascherano haya dicho que tuvo miedo de no ir al Mundial fue muy bueno para las generaciones que vienen. Yo celebré mucho que pudiera compartir sus emociones
Beccacece abre una puerta desconocida de la intimidad de la selección. O de las selecciones. “Quizá, uno estaba más acostumbrado a entrenamientos donde el adulto lo sometía un poco al joven, pero acá hay un respeto… algo así como ‘te acepto a pesar de que estás comenzando’. Hay que verlo en las prácticas: los consagrados contienen a los sparrings. Nunca una queja ni un roce, y mirá que los jóvenes quieren mostrase también... Son un ejemplo, ellos son la acción, que siempre es más fuerte que la palabra. A mí me conmueven. Y me dan una herramienta para transmitirles a los más chicos cuál es el verdadero camino, a pesar de que se habla de las finales perdidas y no de una generación que ha dado todo por esta camiseta”.
Rastrilla, bucea, explora entre las inferiores proyectando el futuro. Pero ya sabe que sentimiento lo invadirá en poco tiempo, en unos meses nomás, después de Rusia 2018. “No tengo dudas, pero ni la menor dudas de que los vamos a extrañar. Esta generación ha dejado muchas enseñanzas. Siempre competitivos, van a ser muy recordados, especialmente por ese sentido de pertenencia, por querer estar siempre y hacerle frente a los peores momentos”.

–Romero, Mercado, Mascherano, Biglia, Banega, Messi, Agüero y Di María son productos de Pekerman/Tocalli, pero ya pasaron más de 10 años y la selección no encontró recambio de su jerarquía...
–Eso es el legado de una organización. Gente con visión, que tenía claro por dónde era el camino a transitar. Ellos sabían formar jugadores de selección. En el futbolista argentino el sentido de pertenecía está muy marcado y ese también ha sido su legado. Ellos se desesperan por venir. Nosotros vamos a intentar volver a insertar eso. En los juveniles hay que enfocarse en tres aspectos del entrenador: el técnico en sí, que le permita al jugador alcanzar su máximo potencial; el conductor, que sepa gestionar un marco colectivo y, lo más importante, el educador. José, Hugo, bajaban ciertos valores que se iban trasladando de generación en generación.
–Es otra sociedad. ¿Los chicos no son más difíciles?
–Pero la esencia del futbolista sigue siendo la misma: sueñan con vestir la camiseta argentina, conseguir un logro y alcanzar el reconocimiento. Acá es clave la cabeza: la AFA y su implicación. En este corto tiempo advierto la intención de apostar por los juveniles, de volver a reinstalar pautas. Y los jóvenes palpan cómo viene la mano; ellos enseguida distinguen si hay espacio para la indisciplina o realmente hay un camino en el que se les propone desarrollarse y crecer. Hay que seducirlos, convencerlos, entusiasmarlos. Con 19 años aparecen en ligas importantes y con cifras que antes no había, por eso es clave acompañarlos desde la conducción. Vamos a invitar a los papás a ver entrenamientos para plantearles objetivos y fijar los valores que se necesitan para llegar a ser un gran profesional. Las emociones juegan un rol fundamental y hay que saber gestionarlas, hay que estar muy bien de la cabeza para soportar los niveles extremos de exposición. Lo vimos con la mayor y el riesgo de no ir a un Mundial.
Hay que repatriar aquel respeto de la era Pekerman, porque por donde iba la Argentina llamaba la atención no sólo por su jerarquía deportiva, sino también por su conducta
–Vos no controlaste tus emociones en un amistoso del Sub 20 en la gira por Rusia. Pedías como un loco la hora…
–Sí, sí, eso ocurrió. No sé si quiero justificarme… Hoy al entrenador no se lo juzga por lo que sabe, sino por ganar o perder. Uno puede saber un montón, o formar, preparar o convencer, pero si no gana, los procesos se rompen. Uno también se va alienando, se va contaminando de esas cosas. Si uno no gana, es probable que mañana ya no esté.
–Pero en este nuevo ecosistema que describías, ¿también gobernarán las mismas reglas?
–Habla desde la autocrítica. Está tan arraigado eso de que si uno no gana es probable que al otro día no continúe, que entra en esa desesperación de querer ganar para seguir desarrollando lo que uno cree importante. Son esos rasgos de extrema locura que hay que ir ajustando.
–Ha ocurrido: un día entrenás a los chicos a la mañana y por la tarde a Messi, ¿sos el mismo?
–Yo vivo todo de la misma manera, sea un amistoso o por los puntos. Todo lo vivo con intensidad. Y eso llama la atención, quizá. En Renato Cesarini, cuando tenía 19 y trabajaba con chicos de 9na división, sentía lo mismo. Mi compromiso es con la profesión. Nadie puede convencer sin sentir; el jugador se da cuenta si vos estás actuado o no, si sos genuino o no. Creo que ser trasparente es el camino. Ahora, sería un error tratar a todos igual. Sí hay normas y pautas iguales, desde el respeto. Pero después a algunos habrá que despertarlo más, a otros habrá que acompañarlos, a otros contenerlos… Es todo muy finito, y eso es lo lindo del arte de entrenar: ver en cada momento qué necesita el grupo de manera colectiva, pero después también detenerse en las necesidades individuales. Con los chicos creo mucho en conocer al entorno porque puede darte un montón de información porque cuatro horas de entrenamiento no alcanzan. Tenemos un cuestionario cuando los chicos llegan para conocerlos más; sus expectativas, los sueños, sus valores más importantes…
–Hace algunos años, en tu lugar, a Humberto Grondona no le importaban los premios Fair Play…
–Creo en los valores para ganar. Soy extremadamente competitivo, soy el primero que quiere ganar. Creo en formar para ganar, pero cómo quiero ganar es lo que nos planteamos. Creemos en la organización, en instalar valores. Repatriar aquel respeto, porque por donde iba la Argentina llamaba la atención no sólo por su jerarquía deportiva, sino también por su conducta… El talento argentino está, es interminable. Sí, se van muy rápido…
–¿Los chicos tienen ganas de aprender?
–Totalmente… Yo soy profesor de educación física, a mí la docencia me apasiona y estos proyectos me entusiasman mucho. Despertar en el otro eso que muchos creen que es desinterés. Es como todo, yo iba al colegio y había profesores que me gustaban y otros que no. Estimular a chicos que cada cinco minutos están cambiando su atención es un lindo reto. Vamos a hablar del juego, algo que se supone que nos apasiona a todos los que estamos acá.

–¿Y qué querés enseñarles?
–Esta sociedad fue creada más en base al esfuerzo que al desarrollo de la creatividad, esa libertad que a veces tanto miedo nos da. Nosotros creemos que hacen falta las dos cosas. Es muy importante el esfuerzo, pero sin dejar de lado el disfrute. Y para disfrutar es importante crear, y para crear hay que genera un clima, porque el ambiente de la exigencia atenta contra la creatividad. Por eso a veces cuesta tanto insertar a un talento, porque el medio, la locura, la selva, termina atentando contra ese potencial.
–¿Cuáles son las claves para la refundación?
–La organización impacta, claro. Es clave poner reglas. En Chile, pero cuando nosotros estábamos en los clubes, teníamos la obligación de brindarnos para la selección. Acá siempre están los roces entre el club y la selección: ‘Que lo tengo yo, que no lo comparto, que tengo muchas competencias entre las copas y el campeonato’… Antes, me cuenta Nico [Diez, su ayudante], Riquelme y Aimar jugaban en sus clubes, pero también venían a entrenarse con la selección. Hace falta tiempo para conocerse, es muy importante para crear un vínculo que me permita a mí mejorar a partir de vos. Eso estaba mejor estructurado, por eso digo que esta clase dirigencial intenta volver a aquello. Y si están pendientes de lo que se necesita abajo es una buena señal. Clubes y selección deben estar unidos por el desarrollo del jugador.
–Una crisis profunda llevó a Alemania a replantear su base. Argentina también toco fondo en el área. ¿Se puede hacer algo similar?
–Se puede, siempre y cuando el plan no se vea afectado por los resultados adversos. Debemos estar convencidos más allá de las derrotas, porque acá la falta de logros rompen los procesos. La diferencia cultural con Alemania es evidente, allá tienen paciencia. Creer en que el trabajo, la disciplina, la organización, la constancia y la capacidad nos va a llevar al lugar que deseamos.
–¿Entienden el juego los chicos?
–Es muy diverso, pero el exceso de información también termina siendo nocivo para su desarrollo. Hay que dejarlos jugar y darles su espacio, incluso a los 20 años. Espacio para poder expresarse libremente, sin ser anárquicos porque perdemos funcionamiento. Encontrar ese equilibrio es lo lindo, porque algunos con la libertad crecen y otros necesitan rigidez porque si no se pierden. Creo que el futbolista llega muy condicionado: se corre muchísimo y se juega poco. Ves el fútbol en España y en la Argentina y son totalmente diferentes. Me gustaría encontrar una mixtura: el deseo de recuperación inmediato que se vive en el fútbol argentino, pero con la tranquilidad y el juego posicional de España. Cuando tengo el balón me quedo un poco más quieto y encuentro los espacios, pero sin perder ese vértigo para recuperar con la participación de todo el mundo. La mixtura del fútbol español y el argentino arrojaría un gran equipo. El nuestro es un juego más revolucionado, de fricción y presión, y en Europa es más posicional, de pases, ubicación y desarrollo de tiempo, espacio, pelota, rival…, como si estuvieran todos relacionados para avanzar líneas de pases. Eso acá no se ha estimulado mucho, aunque ya lo planteaba Bielsa en los 90: el talento argentino con la gambeta como máxima expresión, pero sin descartar la pared para eliminar a un rival.
Al talento hay que liberarlo y no domesticarlo, porque atentamos contra la creatividad
–Todo eso exige generosidad, justo en un ambiente viciado por un espíritu individualista.
–Hay que estar dispuesto a hacer algo en beneficio del colectivo. Vengo acá a dar. Estamos acostumbrados a conquistar, no a dar. Eso hay que trabajarlo también. Cuando uno se lo plantea a los jóvenes, y a los grandes también, y se genera una mística, ya hay un plus. Entonces 2 + 2 no es 4, de golpe es 6, y eso provoca que todo el mundo mejore.
–¿Cuánto condiciona el entorno?
–Pesa. Pero también hay chicos que tienen una llamativa madurez, y esos chicos son más libres y rinden más. Es un jugador que está acostumbrado a tomar decisiones por sí solo, no condicionado por el qué dirán. El futbolista se la pasa tomando decisiones, y el que lo hace en libertad marca la diferencia. La sobreinformación es nociva, y a lo mejor alguno no la necesita porque ya sabe cómo resolver. Hay que ver cómo gestionamos el talento, porque si lo arrinconamos lo asfixiamos. Hay que liberarlo y no domesticarlo, porque atentamos contra la creatividad.
–Pero justo vos y Sampaoli son un manojo de nervios e indicaciones al borde de la cancha…
–Nosotros ya estamos contaminados, hemos mamado todo lo malo. Tal vez… Es más que nada para calmar la propia ansiedad. Uno intenta encontrar justificaciones para su accionar… Yo quiero ganar porque acá el que no gana no es escuchado. Creo que terminamos actuando de esa manera por miedo a no tener el espacio para desarrollar lo que nos gusta, que es esta adicción por la profesión. Insisto: se evalúa al entrenador por ganar o por perder, no por su capacidad. Entonces, ante todas esas cosas que sabemos que existen, cuando algo no sale, vemos amenazada la continuidad y terminamos actuando de esa manera irracional. Sé que parecemos leones enjaulados. Yo me comprometo de cuerpo y alma e intento dar todo, no sé si ayuda o no ayuda, pero soy así. Creo en la evolución, y ojalá dentro de 20 años encuentre la tranquilidad que tiene José Pekerman.
Si Marcelo y Dani Alves fuesen argentinos, Sampaoli confesó que jugaría con línea de 4. Pero cree que no tiene laterales de jerarquía. “Los chicos prefieren ser atacantes, o centrales, o jugar en el medio porque están más en contacto con la pelota... Quizá jugar por afuera demanda el esfuerzo de los recorridos largos y ahí aparece cierto egoísmo. Quizá el entorno influye, porque cree que un lateral no será vendido a Europa. Quizá los chicos no se prueban como laterales porque después las defensas están armadas con centrales… No creo que haya un único factor. O seremos los DT que no logramos enamorarlos de un puesto. Si tuviera un hijo varón le diría ‘por qué no te preparás para un puesto específico’”.


